Cumpleaños del alma renaciendo en tu propio cuerpo
Enero es mi mes. No solo porque sea mi cumpleaños, sino porque para mí siempre ha sido una especie de hoja en blanco. La oportunidad de mirarmeen el espejo y preguntarme:
“¿Quién soy ahora… y quién quiero ser?”.
Y este año, más que nunca, en el que ya cumplo los 60, siento que esa pregunta no se responde con planes ni con propósitos, sino con cómo me habito y si lo hago con la suficiente conciencia y madurez.
Cuando cumplimos años, solemos pensar en el tiempo que pasa, en lo que hemos hecho o dejado de hacer. Rara vez pensamos en cómo hemos habitado nuestro cuerpo durante esos 365 días.
¿Lo hemos tratado como un aliado, como un amante o como una máquina que debe rendir?
¿Lo hemos escuchado cuando pedía descanso o placer o por el contrario, lo hemos empujado más allá de sus límites sin darle nada a cambio?
Cada cumpleaños no solo es un número: es un nuevo ciclo de energía. Ese ciclo puede empezar como una copia del anterior… o como un renacimiento. Y renacer, para una mujer, a menudo significa volver a descubrir su cuerpo como territorio sagrado, no como una lista de inseguridades o una herramienta para dar gusto a otros.
Recuerdo que hace unos años, al soplar las velas, me prometí algo muy simple… y era no volver a tener relaciones que me dejaran más vacía que llena. Puede parecer obvio, pero no lo es.

Me explico, el vacío no siempre viene de los demás; a veces viene de nosotras mismas, cuando estamos desconectadas.
Ese año decidí que cada encuentro íntimo sería un acto de celebración, no de resignación. A partir de entonces, la diferencia fue abismal, ya que empecé a atraer experiencias más auténticas, y sobre todo, a disfrutar más de mi propia compañía.
Es cierto que a veces, ese compromiso con una misma supone también el estar sin pareja o rechazar relaciones.
Enero, con su aire de reinicio, es perfecto para hacer un pacto contigo misma. No un pacto rígido ni cargado de culpa, sino un compromiso suave pero firme: dar a tu cuerpo lo que necesita para sentirse vivo. Puede ser más descanso, más caricias, más movimiento, más pausas… o todo a la vez.
Te propongo un ritual para empezar el año:
La noche de tu cumpleaños (o cualquier día de enero que elijas), enciende una vela, ponte frente a un espejo y mírate a los ojos. Pregúntate:
“¿Qué quiere mi cuerpo este año?”.
No pienses demasiado; escucha la primera respuesta que surja. Puede ser “quiero bailar”, “quiero que me toquen más
despacio”, “quiero sentirme ligera”, “quiero decir que no”. Esa respuesta es tu brújula para el nuevo ciclo.
A veces creemos que el renacer requiere grandes transformaciones, pero la verdad es que empieza con gestos simples. Ya sabes, un gran viaje empieza con un primer paso. En este caso puede ser cambiar la forma en que te duchas, la manera en que te tocas, los silencios que te regalas, la ropa que eliges porque acaricia tu piel. Esos detalles son semillas de placer y poder.

En mi cumpleaños de este año, más que soplar velas, quiero encender fuegos: los de mi deseo, mi curiosidad y mi ternura. ¿Sabes? si algo he aprendido es que la vida no se mide en años, sino en momentos en los que nos sentimos realmente vivas.
Este mes brindo por mi nueva década y porque este enero sea tu propio cumpleaños del alma, aunque no coincida con el calendario. Ojalá renazcas en tu cuerpo una y otra vez; y que cada vez que lo hagas, te encuentres más dueña de ti misma y más enamorada de tu piel.
Sintámonos vivas, hermanas, porque lo estamos y empieza otra hoja en blanco para llenar de momentos y experiencias felices.
Abhaya Fdez. de Castro
@laviadeltantra.abhaya