Queer As Cinema +, «Pluribus»

Serie creada por Vince Gilligan 

“La utopía posible ante la disolución del paradigma del Uno”

Un Viaje desde la Mente Colmena hacia la Humanidad Integral

Vince Gilligan, el arquitecto narrativo que nos regaló la desconstrucción moral de Walter White en *Breaking Bad* y contribuyó a la paranoia existencial de *The X Files*, regresa con una propuesta radicalmente diferente en “Pluribus”. Esta serie de ciencia ficción no se construye sobre la degradación del protagonista ni sobre conspiraciones que erosionan la confianza, sino sobre una pregunta fundamental: 

¿Cómo sería una sociedad que realmente funcionara? 

La respuesta de Gilligan es tan inquietante como esperanzadora, presentando un mundo donde la utopía no es un eslogan vacío, sino una práctica cotidiana que desafía cada uno de nuestros prejuicios contemporáneos.

La Normalización Radical: Identidad sin Manifiestos

Uno de los logros más sutiles y poderosos de “Pluribus” reside en su tratamiento de la protagonista. Que sea lesbiana no constituye su arco dramático, no genera conflicto, no requiere explicación ni justificación. Simplemente *es*. En un paisaje mediático donde la representación LGBTIQ+ todavía se debate entre la sobreexposición pedagógica y la invisibilización, Gilligan opta por un tercer camino: la naturalización absoluta. Su sexualidad se integra en la narrativa con la misma cotidianidad que el color de sus ojos o su preferencia por el café matutino.

Esta decisión creativa no es casual en el universo conceptual de Gilligan. El creador que nos mostró cómo los prejuicios y las estructuras sociales corrompen (*Breaking Bad*) y cómo la verdad puede ser manipulada hasta lo irreconocible (*The X Files*), ahora nos presenta un mundo donde esos mecanismos de exclusión simplemente no operan. No hay «episodio especial» sobre su orientación sexual, no hay villano homofóbico que vencer, no hay momento de «salir del armario». La protagonista existe en un contexto social donde la diversidad sexual es tan poco notable como la diversidad de estaturas. Esta ausencia de conflicto “es” el conflicto con nuestra realidad.

E Pluribus Unum: De Muchos, Una Conciencia

El título de la serie invoca directamente el lema fundacional de Estados Unidos, «E Pluribus Unum» (De muchos, uno), pero lo lleva a un terreno literal y metafísico que Gilligan explora con fascinación y horror a partes iguales. La «mente colmena» que estructura esta sociedad no es la distopía orwelliana que el término evoca en nuestra cultura popular. No hay un Gran Hermano controlador, ni uniformidad robótica. En cambio, Gilligan imagina una integración consciente y voluntaria donde lo individual y lo colectivo coexisten en tensión permanente.

Esta dialéctica entre persona y comunidad constituye el verdadero motor dramático de la serie. Los personajes no han perdido su singularidad al conectarse a la red colectiva; más bien, experimentan una amplificación de su humanidad que incluye la empatía directa con millones de otras conciencias. Pueden desconectarse, mantener pensamientos privados, sentir celos, ambición personal, deseo romántico individual. La mente colmena no anula la búsqueda de «ese ser especial» que caracteriza la experiencia amorosa humana; la complica exponencialmente.

Aquí emerge el genio narrativo de Gilligan: usar la ciencia ficción para explorar dilemas profundamente humanos. 

¿Cómo se enamora uno cuando puede sentir las emociones de millones? 

¿Cómo se mantiene la intimidad cuando la privacidad es opcional? 

¿Qué significa la soledad cuando nunca estás verdaderamente solo? 

Estas preguntas transforman lo que podría ser un ejercicio frío de especulación tecnológica en un drama visceral sobre la condición humana.

La Filosofía del Bien sin Performatividad

En contraste absoluto con el descenso moral de Walter White, “Pluribus” presenta personajes que hacen el bien porque el bien tiene sentido, no porque busquen redención, reconocimiento o recompensa divina. Esta filosofía moral desvinculada de la religión, el karma o la expectativa social representa uno de los gestos más radicales de la serie. Los personajes de Gilligan actúan éticamente no por imperativo categórico kantiano ni por utilitarismo calculador, sino por una comprensión integrada de que el bienestar colectivo incluye necesariamente el propio.

Esta ética se manifiesta concretamente en la distribución de recursos. La serie imagina una economía post-escasez donde la alimentación, la vivienda y el bienestar no se compiten sino que se comparten. No hay moralización sobre «ganarse» la supervivencia, no hay pruebas de merecimiento. La abundancia no genera decadencia sino liberación: liberación para crear, explorar, amar, pensar. Gilligan nos confronta con la pregunta incómoda: 

¿Cuánto de nuestro «carácter» actual es virtud genuina y cuánto es simplemente estrategia de supervivencia en un sistema de escasez artificial?

La alimentación misma trasciende los prejuicios contemporáneos. Sin explicitar si la sociedad es vegana, vegetariana o ha desarrollado alternativas biotecnológicas, la serie simplemente presenta un mundo donde nadie daña seres vivos para alimentarse. No hay sermones, no hay conversiones dramáticas, no hay carnívoros convertidos que testifiquen. Simplemente, una sociedad que evolucionó más allá de esa necesidad, dejando que los espectadores extrapolen las implicaciones éticas sin que se nos aleccione directamente.

El Mosaico Humano: Diversidad como Estado Natural

Si algo define visualmente “Pluribus” es su presentación de la humanidad como un tapiz infinitamente variado donde esa variación no genera comentario. Etnias, razas, nacionalidades, idiomas coexisten sin que la narrativa señale esto como excepcional. Un personaje puede hablar español en una escena, mandarín en otra, inglés en la siguiente, y ningún otro personaje pregunta «¿de dónde eres?» o requiere traducción. La conectividad colectiva parece incluir alguna forma de comprensión lingüística universal, pero Gilligan no la explica tecnológicamente; simplemente la normaliza.

Las culturas no se exotizan ni se homogeneizan. Un personaje celebra Diwali, otro Hanukkah, otro el solsticio de invierno, y estas prácticas se muestran con la misma naturalidad documental con que se filmará a alguien tomando café. No hay el «episodio multicultural» donde aprendemos sobre «la cultura de X»; hay simplemente humanos siendo humanos, con todas sus particularidades heredadas y elegidas. Esta representación rechaza tanto la asimilación forzada como el esencialismo cultural, sugiriendo que la verdadera integración permite que cada individuo exprese su herencia sin que esta lo define completamente.

La Ironía Gilligan: Conocimiento, Apps y el Sarcasmo ante la Omnisciencia

Si “Breaking Bad” destacó por su comedia negra emergiendo de situaciones moralmente atroces, “Pluribus” recupera ese tono sardónico para satirizar nuestra relación contemporánea con el conocimiento digital. En un mundo donde la información instantánea nos ha vuelto simultáneamente omniscientes e ignorantes, Gilligan imagina una sociedad con acceso genuino a conocimiento colectivo y se burla gentilmente de cómo lo usarían.

Los personajes consultan la mente colmena para recordar recetas, verificar datos históricos, encontrar objetos perdidos, con la misma dependencia casual que nosotros consultamos Google. Pero Gilligan introduce fallas hilarantes: la red está sobrecargada, alguien tiene un recuerdo erróneo que contamina el consenso, la información más solicitada no es sabiduría filosófica sino chismes de relaciones interpersonales. La inteligencia colectiva, resulta, es tan propensa a la trivialidad y el error como cualquier motor de búsqueda, sólo que más personal y vergonzosa.

Esta sátira nunca se vuelve amarga. Gilligan parece genuinamente encantado con la tontería humana, incluso (o especialmente) cuando tenemos todas las herramientas para trascenderla. Hay una escena memorable donde un personaje intenta acceder a la sabiduría colectiva sobre el sentido de la vida y recibe miles de respuestas contradictorias simultáneas, provocando un dolor de cabeza metafísico. La moraleja no es “ludita” (la tecnología no es el enemigo) sino humorísticamente humana: más información no garantiza más sabiduría.

Sociedad sin Violencia Institucional: La Ausencia Revolucionaria

Quizás el elemento más radical de “Pluribus” es lo que no aparece: policía, ejército, sistemas penitenciarios. Gilligan, quien construyó carreras televisivas explorando el crimen y sus consecuencias, ahora imagina una sociedad donde esas instituciones son innecesarias. No porque los humanos se hayan vuelto perfectos—la serie muestra conflictos, egoísmos, crueldades interpersonales—sino porque la estructura social no genera las condiciones que requieren control violento.

Sin escasez artificial, sin jerarquías coercitivas, sin propiedad privada de recursos esenciales, los crímenes de supervivencia desaparecen. Los conflictos interpersonales se resuelven mediante mediación comunitaria donde la mente colmena permite que ambas partes comprendan literalmente la perspectiva del otro. No hay prisiones porque el objetivo no es castigo sino restauración de la armonía social. Un personaje que daña a otro experimenta directamente ese daño a través de la conexión empática, creando una forma de justicia restaurativa automática que no requiere celdas.

Esta visión desafía frontalmente nuestras narrativas sobre la naturaleza humana. Gilligan sugiere que mucho de lo que consideramos «inevitable» en el comportamiento humano (violencia, avaricia, crueldad) son respuestas adaptativas a sistemas disfuncionales, no esencias inmutables. Elimina las condiciones, implica la serie, y los síntomas desaparecen. Es una tesis optimista de un creador conocido por sus exploraciones del pesimismo moral, y esa contradicción enriquece la serie.

El Espejo Incómodo

“Pluribus” funciona como ciencia ficción utópica, drama romántico, comedia de costumbres y, fundamentalmente, como crítica social por contraste. Cada elemento normalizado en su universo (La diversidad sin conflicto, la ética sin recompensa, el conocimiento sin acaparamiento, la seguridad sin violencia) ilumina dolorosamente las elecciones de nuestro mundo actual. Gilligan no nos sermones sobre cómo deberíamos vivir; simplemente nos muestra un mundo funcionando bajo principios diferentes y nos deja con la incómoda pregunta: 

¿Por qué no?

La serie no es ingenua. Muestra los costos de la utopía: la pérdida de cierta privacidad mental, la complejidad de mantener la identidad individual en consciencia colectiva, las nuevas formas de dolor emocional que emergen cuando se eliminan las antiguas. Pero incluso estos costos parecen preferibles a nuestras disfunciones sistémicas actuales. El genio de Gilligan reside en hacernos desear un mundo que simultáneamente reconocemos como imposible, creando una tensión productiva entre lo real y lo posible.

En última instancia, “Pluribus” es el trabajo más esperanzador de Gilligan porque sugiere que la naturaleza humana es más maleable de lo que pensamos, que nuestras peores características emergen de circunstancias específicas, no de esencias fijas. Si Walter White nos enseñó cómo la persona común puede volverse monstruosa bajo presión, “Pluribus” nos enseña cómo la humanidad colectiva puede volverse funcional bajo estructuras adecuadas. Es ciencia ficción no como escape, sino como mapa hacia territorios que nos negamos a explorar por miedo, pereza o falta de imaginación. Y ese, quizás, es el mayor acto de subversión que un artista puede ofrecer.

Dialoguemos, debatamos, compartamos.

QUEER AS CINEMA +:  

«Donde cada película cuenta una revolución.»

Miquel Claudí-López

Comunicador Audiovisual  

Periodista  

@miquelclaudilopez  

@enlaaceradeenfrente  

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