El duelo y la culpa

Después de la muerte de una persona querida, el dolor no siempre llega solo. A menudo se le suma una emoción persistente y difícil de explicar como es la culpa. Una culpa que puede adoptar muchas formas y que aparece, a veces, cuando menos la esperamos. “¿Y si hubiera hecho algo diferente?, ¿y si hubiera dicho aquello que me guardé?, ¿y si hubiera estado más presente?…” Estas preguntas son habituales en el duelo y pueden llegar a pesar tanto como la propia ausencia.

La culpa en el duelo es mucho más habitual de lo que a menudo se reconoce. Puede aparecer después de una muerte repentina, de una enfermedad larga, de una relación compleja o incluso cuando, racionalmente, sabemos que no había nada más que hacer. No siempre tiene que ver con hechos objetivos, sino con la necesidad humana de encontrar explicaciones ante una pérdida que nos impacta profundamente.

Las formas que puede adoptar la culpa

La culpa puede aparecer de muchas maneras a lo largo del duelo. A veces tiene que ver con la sensación de no haber estado lo suficientemente cerca; otras, con el alivio que puede llegar tras una muerte larga y dolorosa, un sentimiento que a menudo genera confusión y vergüenza. También puede surgir al recordar conversaciones pendientes, palabras que no se dijeron a tiempo o decisiones tomadas, o no tomadas, durante una enfermedad. En algunos casos, la culpa aparece simplemente por el hecho de seguir viviendo, de volver a reír o de disfrutar de momentos que parecen incompatibles con la ausencia de la otra persona.

Estos sentimientos son habituales en el duelo. La culpa no habla de falta de amor, sino del impacto que tiene perder a alguien importante y de aprender a vivir sin su presencia.

En algunos casos, la culpa va disminuyendo con el tiempo a medida que el duelo avanza. En otros, sin embargo, puede quedarse instalada, generando sufrimiento y dificultando la integración de la pérdida. Cuando la culpa se cronifica, puede impedir recordar con calma, puede bloquear el recuerdo amoroso y puede convertir el duelo en un espacio de castigo constante hacia uno mismo.

El acompañamiento en el duelo

Hablar de la culpa no siempre es fácil. A menudo se vive con vergüenza o con miedo a ser juzgados. Pero ponerle palabras es un paso fundamental para empezar a transformarla.

En Agraïments, ofrecemos un servicio de acompañamiento en el duelo pensado para acompañar a personas que viven este tipo de emociones complejas. Te acompañamos desde una escucha profunda y sin juicios, ayudando a poner palabras a lo que pesa, a ordenar emociones y a encontrar una manera más amable de relacionarse con el recuerdo.

El acompañamiento no tiene como objetivo borrar el dolor ni eliminar la culpa, sino entenderla, sostenerla y transformarla, para que deje de hacer daño y permita reconectar con el vínculo desde un lugar más sereno.

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