NO ES NECESARIO SABER PARA SENTIR
Vuelvo a estar aquí, en el mismo hotel donde vinimos con Chicho un fin de semana hace ya un montón de años. Desde el viejo balcón que va de una punta a otra, rodeando todo el piso del edificio, un gran tronco retorcido de parra se entrecruza por toda la barandilla, me acompaña y me habla suavemente de paciencia, de tiempo pasado, de camino recorrido, de sostener frío y calor, lluvia y tempestades… Oidor pasivo de los murmurios, las conversaciones, los suspiros, las emociones, los cantos y los lamentos de las personas anónimas que se han sentado en esta misma silla en la que ahora estoy sentada yo… solos o acompañados, cargados de ilusión o de dolor, llenos de esperanza o de temor, de risas o de llantos, o de todo a la vez.
No importan sus nombres y sus identidades, todos han sido y son vida que descansa por unos instantes, vida que se observa a sí misma, vida que va creciendo, aunque aparentemente parezca estancada… Y cada una de estas vidas está forjando la sabiduría de este tronco de parra que ahora contemplo y me habla.

Más tarde he subido a la biblioteca del mismo hotel, donde subí también antes para escribir en paz, y la he visto y sentido igual, como si el tiempo no hubiera pasado. Entonces hacia poco que tú, Ernest, habías traspasado el plano terrenal y escribir era mi mejor manera de estar contigo. Ahora tengo más maneras de conectar contigo, ya no estoy en aquella necesidad de agarrarme al ancla que sentía que me mantenía a flote cuando toda yo me sentía tan vulnerable… Pero confiaba, siempre confiaba en ti, en tu amor y en mi amor. Me sentía segura de mi sentir y de tu sentir, sabía que estábamos viviendo lo que teníamos que vivir y que, a pesar de todas las olas que me lanzaban de un lado a otro, saldría adelante contigo, saldríamos adelante con Chicho, los tres juntos, como siempre.
Todo servía, todo lo que vivimos servía, todo lo que habíamos vivido juntos me daba cuerpo y volumen, sangre en las venas y fuerza en el corazón, y en la mente, al mismo tiempo que mis entrañas lloraban de dolor y de añoranza pronunciando tu nombre y contemplando tus ojos profundos y limpios que me sonreían.

¡Han pasado tantas cosas en estos 14 años que se cumplirán este próximo agosto que viene, hijo mío! ¡Hemos descubierto tantas cosas que nos han hecho vivir y enfocar la vida tan diferente, tan hermosa, pero, al final, el verdadero aprendizaje es el de admitir que no sabemos nada, que aquí en la Tierra no tenemos ni idea de nuestra verdadera existencia, de nuestra verdadera realidad!
Cuánto más avanzo, más pequeña me hago, porque no hay palabras ni entendimiento humano que puedan describir lo que mi alma murmura en mi corazón, el aliento invisible que me muestra un instante fugaz de lo que somos en realidad.
Y después descubro que no es preciso, no es preciso saberlo todo, no es necesario poder explicarlo todo, solo el ego se ampliaría en esta carrera hacía el querer saber. No, solamente hace falta vivir, solamente hace falta abrir los brazos a la oportunidad de cada momento para llenarlo con luz, con tu luz que aviva la mía.
¿Qué necesidad tengo de saber, cuando el ahora me está llenando de paz, de silencio, de certeza? ¿Cuándo mi alma, que es la tuya, Ernest precioso, cuándo tu alma que es la mía, hijo de mi corazón, me está llenando de serenidad y de belleza?

“Mama, todo está bien, estás aquí ahora, conmigo, sumergida en mí, en este mar de conexión que te abraza y nos abraza. Llénate de este momento, llénate de nuestro amor, de este estar bien, porque todo es así.
Más allá… ¿Te acuerdas mama? Siempre más allá, visibles e invisibles, silencioso e invencibles. ¿Lo recuerdas, mamu? Más allá, no estancarnos en ninguna parte, no agarrarnos a ningún lugar, solamente al Amor que somos y que siempre viaja. No tengas miedo de nada, no dejes que nada te haga volar la cabeza. Sé este vientecito sutil que casi pasa inadvertido y que cuando abraza te llena y llena todo lo que pasa a tu lado, sea persona, sea animal, sea naturaleza.
Todo, mamá, eres tú, y tú eres todo, siente la conexión y permítete ser lo que llegue. No te perderás nunca, no errarás nunca, nadie erra nunca cuando sigue su corazón. No hay error posible, todo sirve, todo es válido, todo es el material que nos enseña y con el que construimos nuestro edificio sin fronteras.”
NO NECESITAMOS SABER. NECESITAMOS SENTIR.
NOS HACE FALTA PARAR, RESPIRAR Y CERRAR LOS OJOS.
ES PRECISO AMARNOS, CONFIAR Y AGRADECER.
Maria Dolors Beltran Boixadera
1 comentario en «NO ES NECESARIO SABER PARA SENTIR»
Siempre agradecida querida Dolors!!
Tus reflexiones me transmiten esa PAZ que me devuelve al presente, ese presente maravilloso lleno de un AMOR inconmensurable…
Gracias por compartir estas reflexiones que en mi caso y en mi casa, son tan de agradecer para continuar mi/nuestro Camino!