El poder del «like» de las redes sociales

El poder del «like» de las redes sociales

En la actualidad, el término «red social» se encuentra en constante crecimiento. Este fue denominado principalmente por los antropólogos ingleses John Barnes y Elizabeth Bott, al proponer que resultaba imprescindible en las relaciones humanas, considerar lazos externos con los familiares u otras personas pertenecientes a diversos grupos sociales.

El desarrollo de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TICs) ha permitido el auge de este tipo de agrupación en los espacios virtuales. En este contexto, las redes sociales  constituyen un grupo de aplicaciones basadas en Internet que han sido definidas como plataformas con una doble perspectiva mediática y auto-comunicativa que conforman estructuras tecno-sociales y generan un amplio sistema de relaciones.

Su penetración en todo en todo el mundo es cada vez mayor: más de 3.000 millones de personas, lo que representa el 42% de la población mundial, usan redes sociales con Facebook y YouTube a la cabeza, de acuerdo con las más recientes estadísticas. En la última década, las redes sociales han adquirido un papel dominante en la vida de las personas, influyendo en sus relaciones, comunicación y bienestar emocional. Diversos estudios han explorado cómo estas plataformas afectan el comportamiento social y psicológico, destacando la creciente dependencia al reconocimiento social expresado a través de “likes” y comentarios.

El fenómeno del “like” ha evolucionado desde ser un simple gesto de aprobación hasta convertirse en una necesidad para muchos usuarios, quienes asocian su autoestima y validación personal con la cantidad de interacciones recibidas.

Algunos autores señalan que el uso excesivo de redes sociales está correlacionado con síntomas de adicción, y que el refuerzo positivo que proporcionan los “likes” actúa como un estímulo que perpetúa el comportamiento compulsivo. Asimismo, estudios de neurociencia muestran que la activación de centros de recompensa en el cerebro al recibir aprobación social contribuye a este patrón. Además, las redes sociales modifican la percepción del individuo sobre sí mismo y su entorno, fomentando comparaciones constantes que pueden derivar en sentimientos de insatisfacción y competencia. El impacto de estos mecanismos es especialmente notable en adolescentes y jóvenes, quienes están en una etapa crítica de desarrollo emocional.

Las redes sociales nos han permitido estar más cerca los unos de los otros, estar a la última en cuanto a moda o noticias e incluso, poder tanto crear como ver historias, imágenes y vídeos. Sin embargo, estar siempre conectado en las redes sociales plantea un gran problema que afecta sobre todo a la población más joven. Por lo tanto, se crea así un sistema de aprobación y validación social en base al número de “likes”. Para las personas afectadas por este fenómeno, los “me gustas” son la medición de su éxito, afectando negativamente a su felicidad y bienestar cuando no alcanzan el número de “likes” que desean.

Por consiguiente, deberíamos entender cuáles son las consecuencias de vivir en una sociedad del vacío, que busca en todo lo virtual esa falsa felicidad que está basada en el consumo. En este punto deberíamos plantearnos cuál es el daño que las redes están provocando en la sociedad. La velocidad en la que vivimos, en un mundo lleno de barridos de imagen y dónde lo efímero forma parte de la cabecera de las redes.

¿Pero realmente dónde nos lleva esta urgencia de vivir tan rápidamente?

Ansiedades, depresiones y vacíos existenciales llenan esa tela de araña que nos envuelve al ser humano, regido por un gran ego y un absorbido individualismo. Así de esta manera, anestesiados por un mundo falso liderado por las redes, vaciamos  nuestro verdadero sentido de la vida, y apagamos nuestro mundo interno. Nos llenamos de una indiferencia que nos anula la capacidad de sentir el verdadero mundo que nos rodea. Y aquí, en este momento, es cuando deberíamos reflexionar y apretar el botón rojo, que no nos arrastre a la destrucción de la verdadera esencia del ser humano.

Esa esencia que no es más que nuestra identidad construida y esa dimensión invariable de cuerpo y espíritu, y que si somos capaces de retirar la armadura podremos descubrir, porque como decía Antoine De Sanit- Exupéry en su Principito “lo esencial es invisible a los ojos”. Y eso “esencial” çomo el amor, la paz interior o la amistad no tiene flitro ni hashtag. No se publica y reconecta verdaderamente con lo invisible que, paradójicamente, es lo más real.

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