Lo orgánico atravesado por los avances de la modernidad
El cuerpo optimizado
La frase tan inspiradora ¨ser tu mejor versión¨ encierra una paradoja.
Si siempre hay una mejor versión posible…Cuando alcanza?
Porque la optimización es por definición infinita, nunca alcanza, nunca es suficiente
Y en ese perpetuo movimiento el yo puede convertirse en un proyecto agotador. Continuamente en proceso, incompleto. No por defecto sino por diseño.
Siempre es posible un poco más; más energía, más foco, más años de vida saludable, más calma, menos pensamientos que aturden, menos ansiedad.
El malestar ya no es un mensaje sino un error a corregir rápidamente. Con ayuda de apps, aparatos y químicos.
El apuro no abre pregunta, activa diagnóstico y protocolos. El dolor por un duelo no se procesa, se amortigua con químicos (inevitablemente no sólo se aplica la angustia)
El deseo compulsivo por hidratos se aplaca (arrastrando otros deseos) con medicación.
Así el yo se convierte en un sistema a calibrar y lo humano con sus ambivalencias e irregularidades comienza a parecer una falla.
Pulseras que miden el sueño, dispositivos que acompañan tu soledad, aparatos anti ronquidos, aplicaciones que monitorean el estrés, medidores de pasos, métricas que cuantifican cada aspecto de la vida humana.
Medicamentos que ayudan a moldear emociones y cuerpos.
Bobina que genera pulsos magnéticos breves y mejora patologías resistentes a otros tratamientos.
Pareciera que el cuerpo ya no se habita sino que se observa y en esa observación constante algo se desplaza. La experiencia interna cede lugar al dato.
Dormí bien…porque la app lo dice. ¡Funciona el somnífero!
La autoridad se externaliza. Y el vínculo con el propio cuerpo se vuelve sutilmente ¨una relación mediada¨.

Estoy cansada … .pero el gráfico no lo refleja. Y eso que anduve corriendo todo el día.
No me angustio…desde que me recetaron. También ¨planchó¨ otras emociones.
No deseo comer tanto…También barrió otros deseos.
Quizás a futuro cuando estas herramientas se perfeccionen y cuando esta vorágine frene nos demos cuenta que lo valioso no estaba solamente en la mejora constante sino en la capacidad de habitar aquello que es.
Lo irregular, lo incompleto, lo que cambia. El cuerpo cansado también tenía sentido. La distracción también abría espacio. El paso del tiempo no era un enemigo a combatir sino una “textura” a integrar.
La optimización, en cambio, propone una estética distinta. La de la eficiencia sostenida, la del cuerpo afinado, la de un yo bajo total control.
No es necesariamente negativa, sí profundamente distinta.
Cuidarse es prioritario. Optimizarse a veces también.
Pero cuando cada aspecto de la vida se vuelve mejorable sin trabajo personal, aparece un riesgo que el descanso se perciba como malo, que el límite se viva como debilidad y que lo humano se convierta en un problema.
En ese punto el yo optimizado deja de ser elección y se vuelve mandato silencioso.
Quizás no todo en nosotros necesite ser mejorado desde afuera.
Tal vez haya zonas que no están esperando intervención sino permiso.
En la obsesión por convertirnos en una versión más clara, más longeva, podríamos estar perdiendo algo esencial. La capacidad de habitar sin corrección constante esa persona valiosa que ya somos.

Siempre doy la bienvenida a mi vida a los nuevos métodos de salud y bienestar. Este no es un relato enjuiciador sino disparador de reflexiones.
No estamos perdiendo el cuerpo sino reescribiendo su lenguaje creo yo.
Pero toda ¨traducción¨ implica una pérdida.
Y en el intento de volverlo más eficiente, más predecible, más dócil quizás estemos borrando sin querer aquello que lo hacía profundamente humano.
Su capacidad de desbordar de vez en cuando, errar, desear sin medida. Sentir profundamente.
Intervenir el cuerpo no es un problema técnico. Es una decisión ontológica.
Y esta es la clave para analizar cualquier tratamiento antes de comenzar en mi visión. También elegir combinarlos con terapia, meditación , movimiento consciente y cuanto pueda ayudar poniendo esfuerzo personal.
Quizás la pregunta definitiva frente al espejo sigue siendo la misma: ¨Quien quiero ser no solo en mi cuerpo, sino en mi alma¨.
Porque la belleza que ilumina de verdad se despierta desde quien soy yo. ¡A brillar! . Nos encontramos el próximo mes para repensarnos. Este artículo continuará