La segunda primavera del deseo

A ver, hablemos con confianza, como cuando se alarga una sobremesa y ya no hace falta quedar bien. Durante años hemos dado por hecho algo casi sin cuestionarlo: que el deseo fuerte pertenece a la juventud y que, a partir de ahí, toca ir bajando. Como si fuera una especie de ley natural. Sin embargo, cuando te paras a mirar con un poco más de calma (y no solo lo que se dice por ahí, sino lo que cuentan las propias mujeres cuando tienen más recorrido) la cosa se vuelve bastante más interesante.

Hay investigaciones en sexualidad femenina, que hacen referencia a que con los años no siempre hay más ganas, pero sí suele haber más claridad. Esta diferencia es clave, porque no tiene el mismo efecto vivir el deseo desde la confusión que desde el criterio.

En los veinte muchas veces una va probando, midiendo reacciones, comparándose, dejándose llevar por lo que se espera o por lo que toca. Ya sé que eso forma parte del camino, claro; pero con el tiempo empiezas a reconocer mejor tu propio lenguaje interno. Con los años sabes cuándo algo te interesa de verdad y cuándo simplemente encaja en el guion que alguna vez aprendiste.

Por eso hablo de “segunda primavera”. No tiene que ver con que de repente todo se dispare sin más, sino con ese momento en el que te das cuenta de que puedes elegir de otra manera y ahí empiezan a suceder cosas.

Notas que cambia tu manera de desear, por ejemplo, en ese momento en el que tu pareja inicia como tantas veces y tú ya no entras igual de rápido, necesitas un poco más de contexto, de conversación o simplemente de tiempo para que te apetezca. O al revés, te das cuenta de que ciertos encuentros que antes aceptabas por inercia ahora se te hacen cortos o poco interesantes, como si te quedaras a medias, aunque “todo haya ido bien”. Además, dejas de fingir que algo te gusta para no cortar el ambiente, empiezas a guiar más, a parar en medio para cambiar el ritmo o a decir “así no” sin tanta explicación.

A veces, la otra persona se queda un poco descolocada porque está acostumbrada a una versión tuya más previsible. Esto no siempre es cómodo y pueden aparecer roces, inseguridades, conversaciones que se han ido posponiendo durante años, la sensación de “esto ya no funciona exactamente igual”. El guion que teníais aprendido deja de servir tal cual y, muchas parejas se tensan un poco. Al final, algunas parejas crecen mucho ahí y otras descubren que estaban funcionando más por costumbre que por conexión real.


No vemos las cosas como son, las vemos como somos.” Anaïs Nin


Con el deseo sucede algo parecido. Según cambias tú, cambia también la forma en que lo vives. ¿Conoce tu pareja esta versión actualizada de ti o seguís funcionando con el manual antiguo?

El deseo femenino responde muy bien cuando hay sensación de espacio propio. Cuando no hay prisa ni exigencia constante ni esa presión sutil de “debería apetecerme”. En cambio, cuando sientes que puedes elegir, que puedes acercarte o no, que no tienes que cumplir un papel, el cuerpo suele reaccionar de forma mucho más abierta. No hace falta teorizar mucho, pues seguramente casi todas puedes recordar alguna etapa en la que te sentías más libre… y cómo eso se notaba.

Y aquí es donde, para mí, cobra sentido de verdad eso de la segunda primavera. No tiene que ver con tener más encuentros ni con recuperar una intensidad perdida, sino con empezar a habitar el deseo desde otro lugar más propio, más afinado y menos condicionado por lo que antes marcaba el ritmo.

Es una etapa en la que ya no te sirve cualquier forma de intimidad. Olvídate de etiquetas sobre que te has vuelto más exigente sin más. Lo que ocurre es que, por fin, reconoces mejor qué te deja a medias y qué realmente te involucra. Cuando eso se ve claro, sostener ciertas dinámicas tal como eran antes empieza a pesar…y mucho.

Así que este mes de abril puede ser un buen momento para observarte ahí. Esa es al menos mi invitación. Por supuesto, sobra decir que no es para cambiar nada de golpe, sino para ver si tu forma de vivir el deseo hoy está alineada con quién eres ahora o si sigue anclada en una versión anterior. También para notar si en tu relación hay espacio para esta nueva etapa o si, de alguna manera, sigues adaptándote a un formato que ya se te queda pequeño o simplemente no te define.

Con los años hay una especie de ajuste interno que es muy claro y muy importante. Vas dejando de encajar por inercia y empiezas a elegir con más precisión. A mí esta parte me gusta mirarla desde Abhaya, lo que significa ni nombre, que habla de vivir con menos miedo y más en coherencia con lo que una siente de verdad. Por supuesto sin perder el enfoque del tantra en algo muy simple: no empujar, no fingir, no ir por delante de ti misma, no sostener lo que ya no está vivo, no desconectarte para que todo encaje. Ir sintiendo y ver qué es verdad en cada momento.

La segunda primavera no tiene tanto que ver con empezar algo nuevo; sino con dejar de seguir igual donde ya no estás.

Cuídate bien… y no te traiciones en lo pequeño, que ahí es donde empieza todo.
Abhaya Fdez. de Castro


@laviadeltantra.abhaya

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