Más placer, menos mito

Si hay un terreno donde se acumulan ideas heredadas, medias verdades y expectativas que nadie revisa con calma, es el del placer femenino. Lo curioso es que muchas de esas ideas siguen actuando como si fueran verdades absolutas, influyendo en cómo nos miramos, en cómo nos relacionamos y en cómo vivimos la intimidad, incluso cuando la experiencia del cuerpo, si una se detiene a escucharla de verdad, cuenta otra historia completamente distinta.

Durante años se ha sostenido la idea de que el placer debería seguir un recorrido bastante lineal, casi automático, como si existiera una especie de secuencia universal que todas tendríamos que poder reproducir sin dificultad. Claro, cuando una se compara con ese modelo, lo fácil es pensar que algo se está haciendo mal o que algo falta, cuando en realidad lo que falla muchas veces es el propio modelo, no el cuerpo.

Hay investigaciones serias en el ámbito de la sexualidad femenina que llevan años observando esto y que coinciden en algo bastante revelador y que desmonta muchas expectativas: una gran parte de las mujeres no alcanza el orgasmo únicamente con penetración y las cifras suelen situarse entre el 70 y el 80 por ciento según los estudios y las muestras. Esto, más allá del número, abre una pregunta y es ¿por qué durante tanto tiempo se ha sostenido como referencia algo que no describe la experiencia de la mayoría de los cuerpos femeninos?.

Ahí es donde empieza una de las confusiones más habituales, porque cuando la experiencia no coincide con lo que se ha aprendido, muchas mujeres no ponen en duda la idea, sino que empiezan a dudar de sí mismas, como si su forma de sentir estuviera incompleta y eso, con los años, pesa más de lo que parece.

Otra de las ideas muy instaladas tiene que ver con el ritmo, como si hubiera una velocidad correcta para empezar, otra para continuar y otra para llegar a cierto punto; pero en la vida real nuestro cuerpo no funciona así. Hay días en los que la sensibilidad aparece casi sin aviso y otros en los que necesita más tiempo para sentirse disponible. Hay momentos en los que un contacto suave o directo resulta agradable y otros en los que ese mismo gesto no apetece en absoluto, incluso puede generar rechazo o desconexión. No se trata de una incoherencia, el cuerpo femenino no responde de forma mecánica ni estable; sino variable y, forma parte de cómo responde un sistema vivo. Es nuestra forma natural de funcionar.

El sistema nervioso femenino, además, está muy influido por el contexto emocional, por la sensación de seguridad, por el nivel de carga mental o estrés acumulado y por la calidad del vínculo con la otra persona. Esto hace que un mismo estímulo pueda vivirse de formas muy distintas según el momento vital o incluso según cómo haya sido el día. Por eso, cuando se intenta mantener siempre el mismo patrón, lo que suele aparecer no es más placer, sino más esfuerzo, como si una parte de ti tuviera que adaptarse constantemente a algo que no termina de acompañarte.

Entonces aparece esa sensación tan conocida de moverse entre dos lugares internos: lo que “debería estar pasando” según lo aprendido y lo que realmente está pasando en el cuerpo en ese momento, que a veces no coincide en absoluto.

También ocurre algo bastante habitual en la pareja. Cuando el encuentro íntimo se organiza alrededor de un guion más o menos fijo, el margen para ajustar lo que se siente en el momento se va reduciendo y lo que al principio era más espontáneo, con los años puede ir convirtiéndose en algo que se repite casi por inercia, aunque siga habiendo cariño, respeto o conexión emocional.

No se trata de culpabilizar nada de esto, sino de verlo con más claridad; porque cuando una empieza a reconocer su propio mapa de placer, no en teoría sino en la experiencia concreta de su cuerpo, algo se recoloca por dentro, como cuando de pronto una pieza que estaba fuera de lugar encaja y todo lo demás descansa un poco más. ¡Cuidado! No estoy hablando de que entonces todo sea perfecto, sino de que habrá más honestidad con lo que está ocurriendo en cada momento.

Michel de Montaigne decía que “la cosa más importante del mundo es saber estar en uno mismo” y llevado a este terreno significa en realidad conocer cómo responde tu cuerpo sin estar comparándolo continuamente con una idea externa de cómo debería responder.

Lo que te propongo este mes no es aprender más cosas, sino aflojar algunas ideas que quizá ya no describen bien tu experiencia actual. Ideas sobre cómo empieza el deseo, sobre cómo debería desarrollarse un encuentro, sobre cuánto tiempo “debería” durar algo o sobre qué tipo de respuesta tendría que aparecer en cada fase.

Podrás comprobar que cuando esas referencias se relajan un poco, suele pasar que dejas de estar tan pendiente de si lo que ocurre es correcto o incorrecto y empiezas a poder sentirlo con más presencia, sin tanto ruido alrededor.

Cuídate bien y si este mes te lo permites, observa tu manera de sentir sin pedirle permiso a ninguna idea antigua.

Abhaya Fdez. de Castro


@laviadeltantra.abhaya

Autor

Facebook
Twitter
LinkedIn

Deja un comentario


El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.