Seguir la intuición

Cuando abres tu mente y permites que la creatividad entre en tu vida, nunca sabes qué parte de ti puede despertar.

Mi rutina diaria de sacar a mis perros aquel día tenía algo preparado para mí que jamás hubiera imaginado.

En casa, durante mucho tiempo, hubo una pregunta que repetía muchas veces:
“¿En qué soy buena, mamá?”

Y sinceramente, durante años no fui capaz de responderme.

Hasta que un día, tras una parada obligatoria de mi rutina, algo despertó dentro de mí. Desde el silencio apareció la creatividad, y descubrí algo que jamás habría imaginado: se me daba bien plasmar emociones. Así fue como empecé a escribir.

Cuando creía que ya había encontrado una razón para decirme a mí misma “esto se te da bien” o al menos “no se te da del todo mal”, la vida volvió a sorprenderme.

En uno de esos paseos diarios con mis perros, Noa y Blue, mis beagles, pasé por un lugar que siempre había llamado mi atención, aunque nunca lo encontraba abierto. Pero aquel día sí lo estaba.

Seguí caminando unos pasos, pero algo dentro de mí me hizo detenerme. Di la vuelta y entré.

Así conocí a Ana Pareja Calvo, una pintora rebosante de creatividad y luz. Casualmente iba a realizar un taller de pintura y, sin pensarlo demasiado, me apunté.

Debo reconocer que jamás aprobé dibujo en el colegio, así que todo aquello me parecía bastante improbable.

Empecé el taller sin ninguna expectativa, precisamente por mi relación con el dibujo durante años. El inicio fue extraño, una mezcla entre tensión, emoción e inseguridad.

Supongo que cuando entras en un mundo que no conoces y todo es nuevo, aparece esa sensación de no saber muy bien qué haces ahí.

Pero seguí adelante.

Poco a poco los colores fueron encontrando su lugar y las mezclas me fueron encontrando a mí.

Y entonces ocurrió algo curioso. Desde el lugar donde estaba pintando no era capaz de ver realmente lo que estaba haciendo. Hasta que decidí levantarme y mirarlo desde otro ángulo.

Y todo cambió.

Recuerdo perfectamente aquel “madre mía” gigante dentro de mí. Porque por primera vez no estaba viendo solo un dibujo.
Estaba viendo mi primera creación.
Mi primer contacto real con los pinceles.

Y acabé pintando un limón. Algo que nunca imaginé que sería capaz de hacer.

Creo que ahí entendí algo importante: muchas veces la vida cambia precisamente cuando nos atrevemos a mirar desde otra perspectiva aquello que creíamos imposible para nosotros.

La vida tiene algo maravilloso: cuando una puerta se abre y decides entrar, nunca sabes qué más puedes encontrar al otro lado.

No quiero decir que mi camino sea la pintura. Pero, sinceramente, tampoco pensé nunca que lo sería la escritura.

Y quizá por eso hay un consejo que hoy me repito muchas veces a mí misma:

“Sonia, sigue tu intuición.”

Autor

Facebook
Twitter
LinkedIn

Deja un comentario


El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.