Quien pensó en un futuro compartido

fue lo bastante valiente para creer en él.

Pero los corazones compartidos no siempre echan raíces,

y arrancar una flor para plantar otra

nunca es tan fácil como parece.

A menudo resulta más sencillo conservar lo conocido

que atreverse a cultivar un nuevo jardín.

El miedo a salir de la zona de confort

termina pesando más que la ilusión.

Es en los momentos más difíciles

cuando las máscaras caen

y las personas se revelan tal como son.

Increíble cómo algunos vínculos se desvanecen

cuando llega el momento de demostrar su fortaleza.

Y, aun así, resulta inevitable darse cuenta

de cómo se evita un encuentro,

de cómo unos pasos cambian de dirección

para no tener que enfrentarse a una mirada.

Quizás haya miedo.

Miedo a descubrir lo que se perdió.

Miedo a recordar lo que pudo haber sido.

Porque algunas oportunidades solo pasan una vez,

y dejarlas escapar también es una elección.

Mientras tanto, la flor sigue viva,

más fuerte, más consciente, más libre.

Y cuando alguien mira atrás preguntándose qué habría pasado,

la vida sigue abriendo nuevos caminos

para quien ha aprendido que su valor

nunca ha dependido de nadie, sinó de uno mismo. 

Facebook
Twitter
LinkedIn

Deja un comentario


El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.