Queer As Cinema + «JIM QUEEN»

“JIM QUEEN» Dir: Marco Nguyen y Nicolas Athané

Estrenada en la sección Midnight Screenings del Festival de Cannes 2026, donde compitió por la Cámara de Oro y la Queer Palm y aun esta en el cine.

Jim Parfait, influencer musculado y orgulloso, ídolo indiscutible de la escena gay parisina, contrae la Heterosis, un misterioso virus que convierte a los hombres homosexuales en heterosexuales; abandonado por sus seguidores en cuestión de días, solo cuenta con la ayuda de Lucien, un twink todavía en el armario, para recorrer el Marais en busca de la cura

Sátira de la reivindicación de la cultura gay

Lo primero que distingue a «Jim Queen» de buena parte del cine reivindicativo LGTBIQ+ reciente es su negativa a tratarse a sí misma con solemnidad. La película «legítima la mamarrachada festiva como una arma arrojadiza contra la intolerancia y la homofobia», funcionando como una sátira que no perdona a nadie, ni a los homófobos más o menos disfrazados ni a los propios gais que retrata. Es una elección de tono arriesgada: reivindicar la cultura gay no mediante el discurso solemne de la dignidad ofendida, sino mediante la carcajada más grosera posible, incluso a costa de la propia comunidad que defiende. El debut de Athané y Nguyen parte de una premisa tan absurda como provocadora para construir una sátira gamberra dirigida al público gay, que machaca las ideas tradicionales, aunque también lanza puyas contra la obsesión de gran parte de la comunidad por su propia imagen.

Ese doble filo —reivindicar hacia fuera, autocriticar hacia dentro— es lo que impide que la película caiga en el panfleto. La reivindicación no consiste en mostrar una comunidad idealizada y sin fisuras que merece respeto por su sola existencia, sino en mostrarla exactamente como es, con sus contradicciones, su vanidad y su crueldad interna, y defender de todos modos su derecho a existir así, imperfecta, frente a quienes querrían borrarla directamente del mapa. Es una estrategia de humor que exige mucha más confianza en la propia comunidad que el discurso victimista: solo se puede reír uno tan a fondo de algo que quiere de verdad.

El modelo de masculinidad tóxica expandido por redes sociales: culto al cuerpo como discriminación heredada del machismo heterosexual

Jim Parfait es, antes que nada, un producto de las redes: reina en la comunidad LGTBI+ por su físico impecable, su estilo de vida glamuroso y una imagen cuidadosamente construida a través de las redes sociales, con unos abdominales perfectos que son la base de su estatus. La premisa del virus funciona, en este sentido, como un experimento narrativo perfecto: el protagonista va perdiendo los abdominales a causa de la Heterosis, y esa pérdida física precipita de inmediato su caída social. El mensaje es tan crudo como certero: el capital social de Jim nunca dependió de su orientación sexual en abstracto, sino de un cuerpo concreto, hipermusculado y normativo, que su comunidad ha aprendido a valorar exactamente con los mismos parámetros con los que el machismo heterosexual valora la masculinidad tradicional “fuerza, dureza, ausencia de vulnerabilidad visible”.

Esa es, precisamente, la tesis más incómoda que plantea la película: la «homonormatividad» no es solo una imitación superficial del modelo heterosexual dominante, sino una importación casi literal de su jerarquía corporal, con el añadido perverso de que dentro del propio colectivo ese estándar se vuelve aún más exigente, porque se ejerce entre iguales que ya no tienen la excusa de la heterosexualidad para relajar la vigilancia mutua sobre el cuerpo del otro. La película retrata sin concesiones el culto al cuerpo del mundo queer, su clasismo y su edadismo, dejando claro que la discriminación por apariencia física dentro del colectivo no es un efecto colateral menor, sino un mecanismo de exclusión tan activo como cualquier otro, con la paradoja añadida de que quienes lo sufren y lo ejercen simultáneamente son personas que en otros ámbitos de su vida han sido, a su vez, víctimas de la misma lógica de jerarquía y norma corporal.

Las diferentes tribus que habitan la cultura gay

La película construye buena parte de su comedia sobre el catálogo interno de identidades que conviven —y a veces chocan— dentro del mundo gay contemporáneo. A través de referencias internas al cruising, a las «musculocas», a la cultura del gimnasio, a los osos, las drags y el fetichismo, «Jim Queen» retrata el tribalismo queer en toda su extensión, un mapa social que rara vez llega al gran público con este nivel de detalle y honestidad. El propio director reconoce que la película retrata «las distancias, algunas irreconciliables aún, entre los diferentes grupos, entre osos, nutrias» y otras identidades del espectro gay, dejando claro que el colectivo LGTBIQ+ no es, ni de lejos, el bloque homogéneo que a veces se presupone desde fuera.

Ese tribalismo no se retrata como una simple curiosidad antropológica, sino como una fuente real de fricción social: cada tribu tiene sus propios códigos estéticos, sus jerarquías internas de deseabilidad y, en no pocos casos, su propio desdén hacia las tribus vecinas. Al construir el viaje de Jim y Lucien como un recorrido literal por el Marais (el barrio gay parisino) y por sus distintos enclaves y escenas, la película convierte la geografía urbana en mapa sociológico: cada bar, cada esquina, representa un microcosmos con sus propias reglas de pertenencia. Mostrar esa fragmentación con humor, en lugar de negarla en nombre de una unidad política de cara a la galería, es otra forma de la misma honestidad autocrítica que atraviesa el primer eje de este análisis.

La homofobia de ciertos sectores políticos: la diversidad sexual tratada como patología

El antagonismo político de la película no es sutil ni pretende serlo. Lucien, el compañero de viaje de Jim, es un joven que intenta ocultar su propia identidad sexual, incapaz de confesarle la verdad a su madre, Christine Bayer, influyente política conservadora, y esa misma ministra de Sanidad es quien intenta provocar deliberadamente una infección masiva de Heterosis entre la población gay, en un panorama que la crítica no duda en relacionar con lo que «seguro que les encantaría» a los sectores ultraderechistas actuales de medio mundo. La cinta construye, en este sentido, una caricatura explícita de la Francia ultraconservadora cimentada por el ideario de Marine Le Pen, convirtiendo la fantasía médica del virus en una metáfora transparente de cualquier política pública que trate la homosexualidad como una anomalía corregible, curable o, en el límite, erradicable por vía farmacológica.

Ese planteamiento conecta directamente con un fenómeno muy real: la persistencia, en sectores políticos conservadores y religiosos, del marco patologizante sobre la orientación sexual, del que las terapias de conversión son la expresión más literal. Detrás del exceso, los chistes y la provocación, la cinta articula un ataque directo contra los mecanismos que buscan corregir o reprimir la homosexualidad, en un contexto marcado por la represión y el auge de la ultraderecha. Que el arma elegida sea precisamente un virus —y no una ley, una terapia o un discurso— no es casualidad: al convertir la cura de la homosexualidad en enfermedad literal contagiosa, la película toma al pie de la letra la lógica patologizante del discurso ultraconservador y la lleva hasta sus últimas consecuencias absurdas, exponiendo así su incoherencia interna mejor que cualquier argumento discursivo directo.

La normalización de las ETS y el chemsex sin juicio moral

Bajo la fachada de comedia disparatada, la propia estructura del virus de la Heterosis funciona como alegoría directa de una herida histórica muy concreta del colectivo. Además de la parodia de los códigos internos del mundo gay, la película construye una alegoría más profunda en torno al sida, al estigma y a la intolerancia. La elección no es inocente: un virus que se transmite entre hombres, que diezma a la comunidad, que provoca el abandono social inmediato de quien lo contrae y que enfrenta la indiferencia o el interés directo de instituciones que preferirían no encontrar cura, evoca de manera casi transparente la historia del VIH/sida y el abandono institucional que sufrió el colectivo durante los años más duros de la epidemia.

Lo relevante, desde el punto de vista que se plantea, es que la película no convierte esa alegoría en sermón ni en tragedia moralizante: la sostiene dentro del registro de la comedia gamberra, sin que el tono cambie hacia el reproche o la lección de salud pública. Al tratar el contagio, el estigma y el rechazo social como material de humor negro en lugar de como advertencia moralizante, «Jim Queen» logra algo poco frecuente en la representación audiovisual de estos temas: hablar de transmisión, de cuerpos enfermos y de comunidad afectada sin la solemnidad punitiva que históricamente ha acompañado cualquier ficción sobre sida, ETS o prácticas sexuales de riesgo dentro del colectivo. La ausencia de juicio moral no es indiferencia hacia el tema, sino una forma deliberada de arrebatarle al estigma su arma más eficaz: el tono de condena.

La ironía sobre los cuerpos y lo básico que resultan muchos heterosexuales, hasta en la música

El espejo que «Jim Queen» pone frente al colectivo gay tiene, deliberadamente, su reverso apuntando hacia la cultura heterosexual dominante. La película es descrita como una sátira sin filtro tanto del ecosistema gay como del universo heteronormativo, y esa doble dirección de la burla se concreta, entre otras cosas, en el propio destino que le espera a Jim al perder su orientación: «Jim Queen» reniega abiertamente del modelo «impuesto de un papá, una mamá, niños, casa, coche»como ideal de vida que la Heterosis le ofrece a cambio de su identidad. Convertirse en heterosexual no se presenta en ningún momento como un ascenso, una cura o una mejora, sino como una caída hacia la vida más gris y previsible imaginable: la comedia extrae buena parte de su combustible de mostrar la heterosexualidad normativa —con su decoración, su música de fiesta de guardería, su previsibilidad festiva de weddings planner— como el auténtico chiste, invirtiendo por completo la mirada que históricamente ha situado al colectivo gay como lo «raro» digno de estudio o burla.

Esa ironía sobre lo básico que resulta el imaginario heterosexual convencional —sus rituales de celebración, sus canciones de fondo en cualquier boda o cumpleaños de barrio, la coreografía colectiva de la conga como síntesis perfecta de una fiesta sin riesgo ni singularidad— funciona como contrapeso necesario de los cinco ejes anteriores: si la película se permite reírse sin piedad del culto al cuerpo, del tribalismo y de la vanidad dentro de la cultura gay, se gana ese derecho precisamente porque aplica la misma vara de medir, sin ninguna condescendencia, al otro lado del espejo. Nadie sale indemne del chiste, y esa simetría es, en última instancia, lo que impide que la sátira se lea como un ajuste de cuentas unidireccional.

«Jim Queen» logra algo poco habitual dentro de la ficción sobre diversidad sexual contemporánea: reivindicar sin ser solemne, denunciar la homofobia institucional sin renunciar al humor más bruto, y criticar desde dentro los propios vicios del colectivo “el culto al cuerpo, el tribalismo, el edadismo, el clasismo” sin que esa autocrítica alimente el discurso de quienes querrían ver desaparecer a la comunidad entera. Su virus imposible funciona, a la vez, como parodia disparatada y como alegoría seria del sida, del estigma y de las terapias de conversión, sosteniendo ese doble registro sin que ninguno de los dos anule al otro. Y su ironía final, apuntada tanto hacia dentro como hacia fuera, deja claro que ni la cultura gay ni la heterosexual salen indemnes de su mirada: la película se ríe de todos, pero solo porque, en el fondo, decide no rendirse ante ninguno.

Dialoguemos, debatamos, compartamos.

QUEER AS CINEMA +

«Donde cada película o serie cuenta una Revolución o Evolución Social.»

Miquel Claudí-López

Comunicador Audiovisual 

Periodista 

@miquelclaudilopez 

@enlaaceradeenfrente 

@queerascinema

Facebook
Twitter
LinkedIn

Deja un comentario


El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.