Amar sin encogerse
Febrero llega con escaparates llenos de corazones, cenas a la luz de las velas y mensajes que hablan de amor como si fuera siempre fácil, luminoso y recíproco.
Y sí, el amor puede ser hermoso; pero también puede convertirse en un lugar donde, sin darnos cuenta, empezamos a ocupar menos espacio del que merecemos.
A lo largo de los años he visto algo que se repite muchísimo entre mujeres de todas las edades: sabemos amar con una entrega enorme, pero a veces esa entrega viene acompañada de pequeños recortes invisibles. Bajamos el volumen de lo que sentimos, suavizamos lo que necesitamos, tragamos palabras para evitar tensiones.
Todo esto no ocurre de un día para otro, es un ajuste lento, casi imperceptible; sin embargo, un día te descubres siendo más correcta que auténtica.
El problema es que el cuerpo nunca firma esos acuerdos ( que rara vez vemos o escuchamos). Puede que la relación siga, que haya cariño, proyectos en común, rutinas compartidas; pero por dentro lo que aparece es cansancio emocional, irritabilidad que no sabes explicar, falta de ganas de intimidad, una sensación rara de estar acompañada y, a la vez, sola contigo misma.

Amar debería sentirse como un lugar donde puedes respirar con amplitud, donde no tienes que vigilar cada gesto ni medir cada palabra, donde puedes decir “esto me gusta” y también “esto no me hace bien” sin miedo a que el vínculo se tambalee. Cuando eso no está, muchas mujeres empiezan a adaptarse tanto que se pierden de vista.
Lo que te cuento, no solo pasa en la pareja. También sucede en amistades largas, en relaciones donde una siempre escucha, sostiene, comprende; pero rara vez se siente sostenida. Febrero es el mes de los enamorados y también el de la amistad y, vale la pena mirar ahí: ¿te sientes tú misma con tus amigas o también hay un personaje que sostener?
“El amor nunca muere de muerte natural. Muere porque no sabemos cómo reponer su fuente.” Anaïs Nin
A veces esa fuente se seca cuando dejamos de ser honestas con nosotras dentro del vínculo y por mantener la armonía externa, rompemos la coherencia interna.
Hay mujeres que llegan a consulta convencidas de que su problema es la falta de deseo. De hecho, cada vez más; pero al profundizar un poco, aparece otra realidad: llevan meses o años viviendo relaciones donde están presentes, pero no realmente incluidas. Ellas cumplen, cuidan, acompañan; pero no sé sienten elegidas en su totalidad.
Amar sin encogerse implica algo muy concreto y muy adulto que es el poder seguir siendo tú cuando estás con otro. Sí, ser tú con tus cambios de humor, tus ciclos, tus momentos de cercanía y también tus momentos de distancia sin tener que estar todo el tiempo “bien”, “disponible” o “comprensiva”.
Cuando una mujer empieza a ocupar su lugar completo en una relación, algo se recoloca y puede notar como el vínculo crece y se vuelve más profundo, otras veces lo que se revela es que esa conexión solo funcionaba mientras ella se hacía pequeña. Esta última opción, se que duele; no obstante, también libera.
Este mes, más allá de celebrar el amor como idea, puede ser una buena oportunidad para observar cómo te sientes tú dentro de tus vínculos. Por favor, obsérvalo desde el cuerpo que percibe y no desde la cabeza que justifica. Cosas que puedes indagar son:

¿Te relajas cuando estás con esa persona?
¿Tu risa sale fácil?
¿Puedes mostrar también tu cansancio, tu enfado, tus límites?
El amor sano no exige que te reduzcas para que el otro se sienta cómodo. Tampoco te pide que te estires hasta agotarte para sostener lo que no se sostiene solo. El amor que nutre tiene espacio para dos personas completas, no para una que se adapta y otra que ocupa.
Este mes puede ser un buen momento para hacer un pequeño giro interno: empezar a incluirte de verdad en la forma en que amas, escucharte cuando algo te aprieta ( igual que haces con un zapato), expresarte un poco antes de que el malestar se acumule.
Recuerda que tu presencia en una relación no es un detalle secundario, es parte central del vínculo. Si tú, mujer, te permites amar sin achicarte, el amor cambia de calidad y se vuelve más honesto, más vivo y, sobre todo, deja de sentirse como un lugar donde hay que sobrevivir.
Con cariño,
Abhaya Fdez. de Castro
@laviadeltantra.abhaya