Blanca esperaba ese día con gran ilusión.

Hacia casi un año que practicaba horas y horas para cuando llegara el momento de la fiesta, poder estar a la altura de ese gran acontecimiento.

Los días se presentaban luminosos, la primavera ya se escuchaba, los plátanos se notaban a cada paso, invadía el aroma a azares, en breve, la gran fiesta llegaría. 

Monona e Irene estaban tan, pero tan concentradas en el trabajo y sus costuras, que no daban la ida por la venida, dejando el poco tiempo extra que les quedaba, para poder amasar el pan con chicharrones que vendían entre sus vecinos. 

El baile de primavera era esperado por las muchachas todo el año. Algunas, tenían que pedir permiso a sus padres o padrinos que se mostraban reacios a grandes reuniones, pero al final lo lograban porque siempre había alguna tía o vecina que empujaba y llevaba tranquilidad para conseguirlo. 

En ésta oportunidad, Ramona y Silvita salieron a poner todo de sí para asegurar que iba a estar precioso, cuidado, que los vigilantes del barrio estarían atentos y que » El rosedal» estaría bien custodiado para que esa fiesta fuera un éxito. 

Claro, no era fácil conseguir las telas para los vestidos, pero se ingeniaron para pedir ayuda a esas patronas que las valoraban y las apoyaban en sus festejos comunitarios, ya que las reuniones contribuían al encuentro y a socializar con otras mujeres que allí iban desde varios puntos de la ciudad, inclusive algunas que recién habían llegado a nuestras orillas.

Monona había conseguido bastante material, Irene había pedido permiso para faltar algunos sábados a la fábrica, y por suerte los panes los entregaban todos los viernes, así que todo encaminado para que a nadie le faltara un buen atuendo para esa fecha.

Blanca era una persona muy sensible y la música la llevaba a un lugar de armonía que no tenía en su vida cotidiana, su íntimo escape a esos recuerdos de niña que habían quedado en ese océano que la separaba de sus abuelos. Era muy tímida y tenía algunos complejos que la hacían adusta y algo malhumorada, se irritaba con facilidad y eso servía para que muchas personas la hicieran enojar a propósito, no era cosa del humor, era algo más profundo que a ella le dolía. 

Los días se iban sucediendo y algo tremendo le pasó a Blanca, su instrumento, el bandoneon tuvo un problema, varios de sus botones de galatita, se soltaron impidiendo se pudiera tocar, eso hizo que los ensayos tuvieran que demorarse unos días, pero… se sospechaba que alguien le había estropeado el instrumento para irritarla y sacarla de sus casillas y así, hacerle una broma que no era tal. Se dice, que fue Josecito que siempre andaba haciendo travesuras.

Mientras tanto, las muchachas se reunieron y pensaron que era necesario para que este año la fiesta fuera más populosa, contactar a alguien que pudiera dar difusión al baile de primavera, entonces Monona recordó que la comadre de su amiga Amalia, era María de los Ángeles Barrios, gran luchadora y entusiasta periodista. 

Irís dijo que ella podía pasar a visitarla, y pedirle el favor de publicar en la gacetilla mensual, la fecha y horario de la fiesta. 

Mientras tanto, Irene seguía a todo ritmo con sus costuras. Las faldas, blusas, tocados, iban tomando forma y su alegre colorido daría un marco pictórico a ese grupo de mujeres que hacían cada día un poquito de nuestra patria, las de antes y las que darían el nuevo paso, uniéndose a un grupo de pertenencia, que seguiría luchando por sus derechos en esta tierra. 

El día venía llegando, la ansiedad iba creciendo, emoción en todas esas mujeres alborotadas por lo que representaba ese baile. Era un espacio para ellas muy importante, charlas, consultas de recomendación, intercambio de costumbres y habladurías de sus patronas burguesas que muchas veces las denigraban, otras las protegían y acompañaban en ese duro destierro que la vida les puso delante.

Blanca, por suerte, ya tenía su instrumento acomodado y empezaba a ensayar nuevamente y así tener la tranquilidad que todo iba a salir bien, tenía un gran desafío!!

El domingo, la tarde transcurría con mucha tranquilidad entre pasteles, chocolate con churros y mate, cuando de repente… Ramona se da cuenta que tienen que pensar como van a llegar hasta «El rosedal».

Su esposo Jesús, le da tranquilidad y le cuenta que escuchó en el bar, que el gobernador va a poner a disposición un tranvía de caballos que irá desde Plaza Matriz hasta «El Rosedal» ida y vuelta. 

Todo venía tomando forma, qué alegría tenían, toda la pensión y el barrio revolucionado.

Por su lado Iris pasó por la casa de Maria de los Ángeles, le contó de la necesidad de difundir más el evento y ella amablemente quedó en hacerse cargo y volver a comunicar los datos del baile en la gacetilla y comercios de los barrios.

La gobernación también se preparaba, ya estaba poniendo sus hombres para verificar que los faroles estuvieran todos en condiciones de estar encendidos a toda luz. Para eso los faroleros también esperaban con ansias, ya que era un día de gran movimiento en las calles principales de la ciudad, y había que estar presentes y muy atentos. 

Los días ya se alargaban, las flores empezaban a explotar sus capullos, todo en la ciudad empezaba a oler bonito, mezcla de violetas, jacintos y rositas pitiminí.

Por suerte, los domingos después de la misa en la catedral, se ponen en la plaza algunos vendedores ambulantes donde se podía conseguir zapatos y algunos accesorios que llegaban de los barcos anclados en el puerto, uff!!, había que ahorrar mucho para poder tenerlos. 

Y el día llegó!!

A las 18 hs todas prontas esperando el tranvía que las levantaba por la plaza.

Tenían gran expectativa porque Blanca había preparado un repertorio nuevo donde la copla y el folclore se fusionaba con otro rítmo y el desafío era, el nuevo paso.

Qué alboroto!!

Todas entusiasmadas, una tardecita de primavera con un vientecito suave que acariciaba perfumado. Allá partieron disfrutando el camino, saludando a los faroleros y cuidando a las chiquilinas que iban a cargo de las más grandes, sobretodo Ramona, que fue la más comprometida para que todas pudieran ir. 

Cuando llegaron vieron que todo estaba listo, en el lugar había un techo donde se había puesto un pequeño escenario y todo daba para pensar, que Blanca se luciría.  

La mesa estaba tendida con un mantel bordado a mano llevado por la propia Maria de los Ángeles que quería todo se viera espectacular. 

Allí se colocaban preparaciones que las compañeras compartían junto con chocolate caliente, jugos de frutas y para las más osadas, sangría. 

Algunas conversaban animadamente, otras simplemente observaban y Blanca, nerviosa pero luminosa, aparece abrazada a su bandonión. 

Comienza la actuación, sonaban coplas, algunos valsecitos y villancicos pero ya finalizando su cancionero, la gran presentación!! se venía lo mas ensayado, era algo insólito para ese tipo de reuniones, era una creación presentada por un jóven estudiante de arquitectura llamado Gerardo Matos Rodriguez, de nombre «La Cumparsita» (referido a la comparsa) pero en modo de baile de a dos, un nuevo paso, complejo y sensual. 

Se podría decir que con esa pieza no sólo Blanca se luce, sino que se hace fuerte un nuevo movimiento musical y social,

«EL TANGO».

Las muchachas se sorprendieron, algunas bailaban y otras miraban con atención y una pizca de deseo, pero no se animaban. 

Al finalizar el tan esperado baile de primavera, todo había salido tal cual lo planeado, el lugar estaba hermoso, los faroles daban una luz interesante y el aroma a rosas que abrazaban la estructura del rosedal, era intenso!!

Volver a casa…

Ahora lo mejor para la sobremesa familiar del otro día, los cuentos y anécdotas, y sobretodo, las felicitaciones a Blanca por su presentación maravillosa que le acarició el alma y le dio fuerzas para seguir soñando con llevar su música y vivencias a sus abuelos, allá lejos en Galicia, esa tierra de la que nunca quiso salir, pero que ahora le divide el alma, ya que el río de la plata baña su corazón para siempre, al ritmo de «La Cumparsita»

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