Cambiando la moneda
La próxima vez que te pregunten cómo transformar tu barrio…
¡no tengas miedo de responder: cambiando la moneda!
Si cada día las personas de donde vives compran, trabajan y generan riqueza, ¿por qué las calles principales siguen llenas de carteles de alquiler y las tiendas de toda la vida luchan por sobrevivir? ¿Dónde se diluye toda esta energía como si fuera el agua que desaparece por un colador invisible?
Estas no son preguntas de economía abstracta. Son reflexiones que se cuecen a fuego lento en cada ayuntamiento, en cada reunión de vecinos, en el corazón de cada barrio, pueblo y ciudad que ve cómo su vitalidad se marchita. Y no, no quiero hablar de complejidad, ni de algoritmos, sino de una historia tan antigua como el comercio y tan revolucionaria como el futuro: la fuerza del dinero.
Imagínate un pastel gigante, un pastel que es toda la riqueza que se genera en tu comunidad: las horas de trabajo, las ventas de la panadería, el trabajo del fontanero; cuando alguien compra en la tienda de al lado, se consume un trozo del pastel, pero aquí viene el dilema:
Si yo compro una manzana en tu tienda, tú utilizarás una parte de ese dinero para pagar el alquiler al propietario local, para llevar a los niños a la academia de música o para comprarle material de oficina a otro comercio del barrio. A partir de la manzana, este dinero dará una vuelta entera por otras tiendas y habrá multiplicado su impacto.
Pero, ¿qué pasa si la manzana la compro en una plataforma virtual o en una gran superficie? El dinero cambiará de manos, sí, pero rápidamente se evaporará. Marchará a una central a centenares o miles de kilómetros de distancia. Y no pagará el alquiler de tu vecino, no dará trabajo a la academia de la esquina, no aportará vitalidad al barrio.

Los economistas lo llaman «la fuga del dinero», y es un drenaje silencioso e implacable.
Es como si para calentar el comedor de tu casa enciendes algo de fuego en medio de la calle. Un derroche de energía y de ilusión.
Entonces, ¿cómo podemos tapar estas fugas?
¿Cómo podríamos hacer que el dinero, en lugar de huir, actuara como un boomerang para volver siempre al lugar de donde saliera?
La respuesta es simple en su esencia, aunque compleja en su implementación: utilizando una moneda propia.
Lo han hecho en sitios como Santa Coloma de Gramenet (Barcelona). A partir del análisis que hizo el ayuntamiento sobre dónde iba a parar el dinero que concedía en subvenciones, descubrieron algo alarmante: cada año, gran parte de los fondos destinados a mejorar la vida de las entidades de la ciudad y sus ciudadanos acababan en grandes superficies o en operadores globales, afectando justamente el tejido comercial que se quería proteger.
Cuando los responsables políticos empezaron a utilizar una moneda local para conceder ayudas, subvenciones y pagos a proveedores, sintieron que no solo gestionaban el dinero responsablemente, sino que lo optimizaban el triple para el bienestar local.
Y es que una moneda propia complementa al euro a partir de una única regla mágica y crucial: solamente se puede gastar en el barrio, el pueblo o la ciudad. Para entender su «magia» sin tecnicismos, imaginemos el efecto multiplicador:

- Un Ayuntamiento decide hacer un pago de 100 «Islas» (la moneda Isla es un ejemplo real) a una familia en situación vulnerable o a un proveedor local con esta moneda.
- El proveedor (o la familia) no puede guardar las «Islas» para gastarlas en París. Debe gastarlas en la panadería, en la librería o en el taller de reparación de bicicletas del barrio.
- El panadero, con aquellas «Islas» pagará la cuota de su asociación de comerciantes, a su asesor fiscal o simplemente se tomará un café en el bar de enfrente.
El mismo billete habrá hecho tres o cuatro viajes cortos y rápidos antes de que el euro tradicional hubiera realizado ni el primero. Habrá aumentado la venta del panadero, generado liquidez a su asesor, reforzado el tejido asociativo y apoyado al sector de la restauración. Esto es el efecto multiplicador: hacer que 1 euro se comporte como 3 o 4.
Ahora bien, para que este boomerang funcione, además de crear una nueva moneda, hay que diseñar un ecosistema que la utilice. Porque cuando el entorno está bien alineado, la moneda deja de ser una herramienta y se convierte en un proyecto de transformación real. Y la revolución no se mide únicamente en cifras. El mayor impacto
y más inspirador se encuentra en las historias que crea y en la emoción que devuelve a las personas.
Aquí te presento cinco razones por las que la moneda local transforma una comunidad de verdad:
- Una vez que circula se generan conversaciones e historias inesperadas. Se convierte en un pretexto. Un tema de conversación. Cuando un joven de 20 años entra en la tienda de toda la vida y la utiliza, tiene una excusa para hablar con el dueño de 70 años. Una simple transacción se convierte en un pequeño encuentro entre personas, conectando realidades que, de lo contrario, no interactuarían. La moneda local es la llama que enciende el motor de la cohesión social.

- Denominar a esta moneda con el nombre de la ciudad o barrio (el Canal, la Turuta, la Isla…), crea una identidad compartida y refuerza el orgullo de pertenecer a la comunidad.
- En el caso de la moneda «Isla», diseñada para ayudar a personas con riesgo dexclusión social, cambió radicalmente la vida de los beneficiarios. Antes, las ayudas se hacían en forma de vales o tarjetas que estigmatizaban a las personas. Todo el mundo sabía quién estaba pagando con ayudas. Ahora, con la moneda local, el pago se hace de igual a igual, sin diferencias visibles, ya que quienes reciben ayudas pueden comprar con autonomía, anonimato y
autoconfianza, como cualquier otro vecino. Dignifica a las personas. - La regla de no poder gastar este tipo de monedas fuera del perímetro actúa como un pequeño empuje. Sin obligar a nadie, favorece de forma natural la compra de proximidad, el consumo responsable, los pequeños comercios y un
modelo económico social y ecológico más sostenible.
Así pues, ante la evidencia de la fuga del dinero, si existe una solución elegante y con un potencial económico capaz de cuadruplicar el impacto de cada euro público, ¿por qué no hay más ayuntamientos que se atrevan a dar el paso?
La verdad es impactante y simple: Porque políticos y gestores de lo público se pierden en tecnicismos. Es como si, antes de disfrutar de la magia de leer la hora, se obstinaran en querer entender el funcionamiento interno de todos y cada uno de los engranajes de un reloj.
Para profundizar en este tema, el libro «Reinventar el valor del dinero para impulsar la economía local» es una lectura imprescindible. Escrito por Henk van Arkel, Juliette Alenda-Demoutiez y Lluís Muns, y publicado por la editorial Tu voz en mi pluma es una lectura obligada para transformar el territorio con impacto real.
Y recuerda, la herramienta más potente para el cambio se encuentra en tu cartera. - Lluís Muns
lluismuns.substack.com