Cumbres Borrascosas (Wuthering Heights) 2026
la Reinterpretación cinematográfica de Emerald Fennell
El Desafío de Reinventar un Clásico
Desde su publicación en 1847, Cumbres Borrascosas de Emily Brontë ha cautivado a lectores y cineastas por igual, generando más de 35 adaptaciones para el cine y la televisión. Entre las versiones más celebradas se encuentran la icónica adaptación de 1939 con Laurence Olivier, la de 1970, la memorable interpretación de Ralph Fiennes en 1992 y la versión de 2011 dirigida por Andrea Arnold. En 2026, la cineasta británica Emerald Fennell (ya conocida por sus trabajos provocadores, Promising Young Woman (2020) y Saltburn (2023)) presenta su propia visión de esta novela gótica, protagonizada por Margot Robbie como Catherine Earnshaw y Jacob Elordi como Heathcliff. Estrenada el 13 de febrero de 2026 en vísperas del Día de San Valentín, la película de Fennell se posiciona como una reinterpretación audaz y polémica que privilegia la experiencia visual y sensorial sobre la fidelidad narrativa al texto fuente.
La Pintura en Movimiento: Referencias Visuales y Artísticas
Quizás el aspecto más aclamado de esta Cumbres Borrascosas sea su extraordinaria cinematografía. Linus Sandgren, colaborador frecuente de Damien Chazelle, captura los páramos de Yorkshire con una paleta visual que evoca deliberadamente a los grandes maestros de la pintura. La crítica ha destacado que cada fotograma parece diseñado como una obra de arte independiente, creando lo que algunos críticos han descrito como «una experiencia de museo» más que una narrativa cinematográfica convencional.
El romanticismo alemán encuentra su máxima expresión en las escenas de los páramos, con claras alusiones a “El caminante sobre el mar de nubes” de Caspar David Friedrich. Esta referencia no es meramente decorativa: representa la soledad existencial de los protagonistas y su relación con la naturaleza sublime e indomable. Los personajes aparecen frecuentemente enmarcados contra horizontes infinitos, reducidos a siluetas contemplativas que dialogan con el paisaje romántico del siglo XIX. Sin embargo, Fennell no se limita a un solo período artístico. En la segunda parte de la película, una escena que recuerda vívidamente “Los Amantes” de René Magritte, donde los rostros cubiertos sugieren la imposibilidad de una verdadera conexión entre Catherine y Heathcliff. Esta referencia surrealista introduce una dimensión onírica y perturbadora que rompe con el realismo romántico inicial.

El diseño de producción de Suzie Davies incorpora elementos que remiten a Gustav Klimt, con sus ornamentaciones doradas y patrones decorativos exuberantes; a Salvador Dalí, en escenas que desafían la lógica espacial; a Roy Lichtenstein, con su estética pop y contrastes cromáticos atrevidos; y a Tamara de Lempicka, cuyo art déco y sensualidad estilizada se reflejan en la representación de Cathy. Esta fusión anacrónica de estilos visuales (Desde el romanticismo del siglo XIX hasta el pop art del XX) subraya la intención de Fennell de crear no una adaptación fiel, sino una interpretación emocional y subjetiva de la obra de Brontë.
El vestuario diseñado por Jacqueline Durran (con más de 50 trajes solo para el personaje de Cathy) mezcla la extravagancia de mediados del siglo XX con elementos victorianos y eduardianos. Como señaló Fennell en una sesión de preguntas y respuestas en el Victoria and Albert Museum de Londres, la precisión histórica no es un concepto en el que ella crea: «Todos pensamos que estamos haciendo un drama de época hasta cierto punto, y luego simplemente parece de los años 90 o de cuando se hizo. Estamos haciendo disfraces. Estamos haciendo una película». Esta declaración resume la filosofía estética de la película: una suspensión consciente de la fidelidad histórica en favor de la expresión emocional y visual.
La Banda Sonora: De Schubert a Charli XCX
La música constituye otro elemento de fusión temporal que define esta adaptación. Anthony Willis compone una partitura base que evoca el romanticismo musical de Schubert y Chopin, con melodías melancólicas y arreglos para piano que establecen el tono emocional de las escenas más íntimas y contemplativas. Los ecos de compositores románticos crean una atmósfera que remite directamente al período literario de la novela original.
Sin embargo, la contribución más controvertida proviene de la cantante británica Charli XCX, quien creó un álbum completo de canciones originales para la película. El sencillo principal, «House», cuenta con la colaboración del músico galés John Cale (miembro fundador de The Velvet Underground), fusionando elementos de música celta con electrónica contemporánea. La voz de Charli XCX recuerda ocasionalmente a Loreena McKennitt, evocando tradiciones musicales celtas que conectan con el paisaje de Yorkshire.

Esta yuxtaposición de música clásica romántica con pop contemporáneo y rock gótico ha dividido a críticos y audiencias. Para algunos, representa un anacronismo disruptivo que saca al espectador de la inmersión histórica; para otros, es precisamente esta dislocación temporal la que permite a la película hablar al público contemporáneo sobre pasiones atemporales. Como señaló la revista Variety, «el anacronismo es la forma de Fennell de decir que la historia de amor de Catherine y Heathcliff es tan poderosa que trasciende su configuración de época».
La asociación de Charli XCX con el proyecto resultó particularmente adecuada dada su capacidad para combinar elementos retro con producción hipermoderna. Canciones como «Chains of Love» y «Wall of Sound» funcionan como comentarios emocionales externos sobre la acción, similar a cómo funciona un coro griego, pero con una sensibilidad del siglo XXI. Esta decisión musical refuerza la intención de Fennell de crear una experiencia cinematográfica que sea simultáneamente histórica y contemporánea.
El Eterno Retorno: Romeo y Julieta dentro de Cumbres Borrascosas
Una de las decisiones narrativas más intrigantes de Fennell es la incorporación explícita de
“Romeo y Julieta” dentro de la trama. En la película, Isabella Linton (interpretada por Alison Oliver) aparece caracterizada como una joven obsesionada con la obra de Shakespeare. Esta mise en abyme (una obra dentro de otra obra) no es gratuita: establece un diálogo intertextual sobre la naturaleza de las historias de amor trágicas y cómo estas se replican a través de generaciones y culturas.Tanto “Romeo y Julieta” como “Cumbres Borrascosas” tratan sobre amores imposibles destruidos por circunstancias sociales. Sin embargo, mientras Shakespeare presenta una tragedia de malentendidos y mala fortuna, Brontë construye una narrativa sobre pasión obsesiva, venganza y autodestrucción deliberada. Al yuxtaponer estas dos obras, Fennell invita al espectador a reflexionar sobre las diferentes formas que puede adoptar el amor trágico y cómo la literatura ha codificado estas narrativas en el imaginario cultural occidental. La referencia shakespeariana también cumple una función meta-cinematográfica. Fennell parece preguntarse:

¿Por qué seguimos contando y recontando estas historias?
La respuesta se encuentra en la universalidad de las emociones representadas. Aunque el contexto social cambie (De la Verona renacentista a los páramos victorianos, del Londres del siglo XIX al cine del siglo XXI), las pasiones humanas permanecen constantes. Esta es, quizás, la justificación más sólida para la multiplicidad de referencias temporales en la película: todas las épocas han experimentado el amor obsesivo, la imposibilidad del deseo y la autodestrucción emocional.
Fennell declaró en entrevistas que, antes de rodar, revisó algunas de sus «historias de amor favoritas, aquellas que desafiaron, subvirtieron e incluso obliteraron las convenciones del género». Entre ellas citó “Romeo + Julieta” de Baz Luhrmann (1996), una versión que también fusionó deliberadamente anacronismos temporales para crear una experiencia visual y emocional única. Para muchos un spot publicitario de Calvin Klein. Esta influencia es evidente: ambos directores comparten la creencia de que las grandes historias literarias deben ser reinterpretadas para cada generación, no meramente reproducidas.
Provocación y Polarización
No me interesa juzgar si esta película es buena o mala. Prefiero explorar un fenómeno más intrigante:
¿Por qué algunos textos literarios reclaman ser filmados una y otra vez?
“Cumbres borrascosas” acumula 35 adaptaciones; “Grandes esperanzas” y “Drácula” (en todas sus encarnaciones) también son víctimas de esta compulsión.
¿Qué tienen estas historias que cada época necesita recontarlas?

La Adaptación como Acto de Amor y Violencia
Fennell tituló su película con comillas —»Wuthering Heights»— en un gesto que es tanto homenaje al diseño de pósters cinematográficos de mediados del siglo XX como una declaración de intenciones. Como ella misma explicó: «No puedes adaptar un libro tan denso, complicado y difícil como este. No puedo decir que estoy haciendo “Cumbres Borrascosas”. No es posible. Lo que puedo decir es que estoy haciendo una versión de él”. Esta honestidad intelectual es refrescante en una era saturada de adaptaciones que proclaman fidelidad mientras inevitablemente traicionan sus fuentes. Fennell reconoce abiertamente que su película es una interpretación, una respuesta emocional subjetiva al texto de Brontë filtrada a través de su propia sensibilidad estética y las preocupaciones culturales del siglo XXI.
La película logra su objetivo declarado: hacer que el espectador sienta en lugar de simplemente comprender. A través de su cinematografía deslumbrante que recorre siglos de historia del arte, su banda sonora ecléctica que fusiona romanticismo clásico con pop contemporáneo, y sus referencias intertextuales que conectan a Brontë con Shakespeare y más allá, Fennell crea una experiencia visceral que prioriza la emoción sobre la narrativa lineal.
¿Es esta la mejor adaptación de Cumbres Borrascosas?
La pregunta misma es problemática, pues asume que existe un estándar único contra el cual todas las adaptaciones deben ser medidas. Lo que Fennell ofrece es una visión singular y profundamente personal de una novela que ha obsesionado a lectores durante casi dos siglos. Al igual que Catherine y Heathcliff, cuyo amor destruye todo lo que toca, esta película es tanto un acto de devoción como de violencia hacia su texto fuente.
La verdadera pregunta no es si la película es «fiel» a Brontë, sino si logra capturar algo esencial sobre la naturaleza de la pasión obsesiva, la imposibilidad del deseo y el poder destructivo del amor no correspondido. En este sentido, la película de Fennell cumple admirablemente. Puede que no sea la Cumbres Borrascosas que muchos esperaban o deseaban, pero es indudablemente una Cumbres Borrascosas para el siglo XXI: audaz, problemática, visualmente deslumbrante y emocionalmente compleja.
“Porque el mejor cine siempre es una conversación tras los créditos, una copa de vino o un café… ¿Con qué pecado sigues el diálogo?”
Miquel Claudì-Lopez
Comunicador Audiovisual
Periodista
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