Hablamos con la directora Cecilia Gessa

Hablamos con la directora Cecilia Gessa

“Intimidad, silencios y amistad: el mundo de ‘Una conversación pendiente’”

Una conversación pendiente, es un cortometraje dirigido por Cecilia Gessa, una cineasta con una mirada muy personal, sensible y profundamente humana sobre las relaciones y las emociones que muchas veces no nos atrevemos a expresar.

La soledad en compañía

El núcleo temático del cortometraje es la soledad dentro de la amistad. A través de estos dos personajes, la película plantea cómo puede existir cercanía durante años sin que haya verdadera profundidad emocional. La conversación que emerge esa noche no es improvisada: es el resultado de un silencio acumulado durante más de quince años.

El personaje interpretado por Carlos Bardem encarna la vulnerabilidad contenida, alguien que ha guardado durante años una verdad emocional que finalmente necesita salir. Bardem compone un personaje introspectivo, frágil y profundamente humano, alejándose de registros más duros que a menudo ha interpretado en su carrera.

Por su parte, Salva Reina da vida a un personaje más expansivo, seguro de sí mismo, acostumbrado a ocupar el espacio social con naturalidad. Su interpretación evita la caricatura y aporta matices a una figura que podría haber sido simplemente superficial. Reina construye a alguien que no es cruel, sino emocionalmente inmaduro, lo que complejiza el conflicto.

Dramaturgia de la contención

Uno de los mayores aciertos del cortometraje es su negativa a recurrir al estallido dramático. Cuando el espectador anticipa una explosión emocional, Cecilia Gessa opta por la contención. El personaje de Bardem no grita ni rompe; habla desde el amor y la necesidad de autenticidad. Esa decisión narrativa refuerza la coherencia psicológica del personaje y dota al relato de mayor verdad.

La química entre Bardem y Reina es fundamental. Ambos sostienen la tensión a través de miradas, silencios y pequeñas reacciones que enriquecen el subtexto. El resultado es un duelo actoral equilibrado y creíble.

El espacio y la simbología

La habitación de hotel funciona como un espacio neutral, casi abstracto, que concentra toda la atención en los personajes. El tránsito de la noche al amanecer actúa como metáfora visual de la liberación emocional. Cuando finalmente se abre la ventana y entra la luz del día, se sugiere un antes y un después en la vida del personaje que ha decidido hablar.

Masculinidad y vulnerabilidad

El cortometraje propone una reflexión sobre la soledad y la masculinidad contemporánea. A través de estos dos amigos, se evidencian las dificultades que muchos hombres enfrentan para expresar sentimientos profundos. La película no juzga; observa. Y en esa observación encuentra su fuerza.

El cortometraje no busca el impacto estridente, sino la resonancia emocional. Y precisamente por eso, deja huella.

PREGUNTA: ¿Qué intención tenías al crear Una conversación pendiente?

CECILIA GESSA:
 Sí. Me apetecía contar esa sensación de sentirse solo estando en compañía. Son temas muy importantes que pasamos por alto constantemente, pero que están ahí. Quería contarlo de manera sencilla, centrándome solo en ellos dos, en la palabra y en la conversación. El título, Una conversación pendiente, es literal: todo pende de un hilo, todo se sostiene en la palabra y en los silencios.

Por eso no quería ningún tipo de distracción. La habitación de hotel es neutra, ni bonita ni fea, simplemente funcional. Un hotel siempre genera intimidad y es un espacio neutral, que es lo que necesitaban estos dos personajes, dos amigos de más de quince años que realmente no se conocen.

Además, quería contarlo desde una mirada masculina, porque los hombres tienen menos tendencia a profundizar en lo que les duele o en ciertos sentimientos. Las mujeres solemos compartir más nuestras emociones, y por eso me parecía interesante que fueran dos hombres; así el conflicto era aún más complejo.

La soledad y la amistad

P: ¿Desde qué perspectiva querías abordar el tema de la soledad en la historia?

CECILIA GESSA:
 Me interesaba abordar la soledad desde ese prisma: la incapacidad de compartir algo íntimo con alguien cercano, con una amistad de más de quince años. ¿Cómo se puede sostener una relación así si no es profunda ni real?

Lo asemejo a cómo nos comunicamos hoy en día. A veces parece más importante que alguien te dé un “like” que tener una conversación real o tu presencia. Estamos hiperconectados, pero no nos comunicamos como antes.

Fotógrafo – Joan Crisol

En la historia, ambos personajes están en una situación de vulnerabilidad: después de una despedida de soltero, con las defensas bajas. Son muy diferentes entre sí. Santi no es alguien que quiera ser el centro de atención; Raúl sí. Esa diferencia me ayudaba a abordar la soledad de Santi y, sobre todo, su incapacidad para exteriorizar lo que le atormenta.

Por eso era fundamental que estos dos hombres, estos dos amigos, estuvieran en una situación de vulnerabilidad real. Me interesaba mucho esa dinámica de acción–reacción: el momento en que uno de ellos acciona y ya no puede dejar de “vomitar” todo lo que llevaba guardado —el personaje de Carlos Bardem— y, al mismo tiempo, observar las reacciones de Raúl (Salva Reina) ante esa confesión.

Precisamente por eso quería que no hubiera ningún artificio, para que el espectador, desde su propia experiencia, pudiera reflexionar sobre cuántas veces se ha sentido solo estando acompañado: entre amigos, rodeado de gente o incluso en un concierto lleno y, aun así, sentirse profundamente solo.

Creo que la soledad es, en muchos casos, casi una enfermedad, a veces incluso patológica. Sin entrar demasiado en otros temas, muchas situaciones extremas, como algunos suicidios, tienen que ver con personas que se sienten terriblemente solas en una sociedad en la que estamos hiperconectados, pero no necesariamente comunicados. Para mí es un tema enorme, apasionante, y me interesaba especialmente abordarlo desde lo masculino, porque eso lo hacía aún más complejo y, a la vez, más potente.

Es un tema enorme y muy actual.

P: ¿Por qué crees que a veces nos cuesta decir lo que realmente sentimos?

CECILIA GESSA:

 Qué bueno, porque al final hay dos cosas. Por un lado, me encanta que, a partir de su presentación en el Festival de Málaga, la obra pueda “volar” y llegar al público; lo que realmente me interesa es poder compartir con los espectadores —y contigo en este momento— lo que ellos también experimentan al verla.

Es cierto que los hombres pueden hablar durante horas de temas superficiales —fútbol, vacaciones, cosas así— y no hay problema con eso, no le quita valor a la conversación. Pero muchas veces se callan cosas importantes por miedo al juicio, por no romper la tranquilidad o la cordialidad en una relación, o por otros miedos relacionados con la educación y las normas sociales, que afectan tanto a hombres como a mujeres. Eso puede hacer que muchas emociones queden guardadas.

Una de las cosas que yo valoro muchísimo, y que cada día intento aprender a hacer mejor, es poder compartir, exteriorizar y poner sobre la mesa esos temas importantes que normalmente no se dicen. Situaciones en las que piensas: “Es mi amigo y realmente no sabía cómo se sentía” o “Me parecía muy feliz, no entiendo cómo pudo pasarle esto o explotar así”. Todos podemos ser buenos actores en la vida, pero ser sinceros cuesta más porque implica mostrar nuestras vulnerabilidades y aquello de lo que no nos sentimos orgullosos.

Construcción de los personajes

P: ¿Cómo fue el proceso de preparación y trabajo con los actores?

CECILIA GESSA:

Bueno, hay un trabajo de mesa muy intenso, con muchas preguntas y respuestas. En cualquier proceso creativo, especialmente al poner en pie el proyecto con los actores, se realizan varias lecturas, las que hagan falta. A partir de esas lecturas, los actores empiezan a hacer preguntas, y yo debo poder darles todas las respuestas.

En el corto, la conversación permite extraer datos concretos sobre lo que ha sucedido entre los personajes y tener una idea del tipo de amistad que los une. Pero lo que no se ve es que, para afrontar bien sus roles y la situación, los actores necesitan conocer el pasado de los personajes, en qué punto se encuentran y qué podría ocurrir. Ese conocimiento les da las herramientas necesarias para abordar cada frase, reacción o situación de manera natural. Cada palabra es importante en este tipo de proyectos.

Me gusta crear espacios de intimidad donde la energía pueda fluir y aprovechar la complicidad que existe entre los protagonistas. También suelo rescatar rasgos de sus verdaderas personalidades para enriquecer a los personajes. Además, les doy espacio para proponer ideas: si van a favor de la historia, perfecto; si no, lo dejamos pasar.

Para mí, esta es la parte que más disfruto en cualquier proyecto: el momento en que se empieza a construir la obra con los actores y actrices. Es un trabajo minucioso, pero tremendamente gratificante.

Contención y puesta en escena

P:  ¿Por qué decidiste que el conflicto no terminara en un estallido emocional?

CECILIA GESSA:
Hubo momentos en los que, al escribir, me puse a visualizar cómo quería contar la historia y en qué lugar. Pasaron muchas ideas por mi cabeza; incluso pensé en rodarlo en exteriores de Cuenca, que son preciosos, pero eso le habría dado un aire que no favorecía el clímax de intimidad que quería generar. La habitación, aunque visualmente menos impactante, me permitía crear la atmósfera y la tensión que buscaba.

Normalmente, uno esperaría un estallido emocional como punto culminante del corto, pero yo me aferré a la energía del personaje de Santi, interpretado por Carlos Bardem, dejando que fuera su personalidad la que llevara la intensidad real. Raúl, por otro lado, es un personaje extrovertido, que disfruta siendo el centro de atención; todo eso podía ser “ruido” y no lo necesitaba. Ambos personajes estaban preparados para la conversación, pero yo decidí centrarme en quien realmente necesitaba exteriorizar sus sentimientos.

Lo normal hubiera sido que Santi gritara, pero él siente amor, y el amor no grita ni se expresa con exasperación; también está el respeto que siente por su amigo. Todo lo que se construye entre ellos, especialmente en una escena basada en la palabra, los gestos y los silencios, es fundamental. Por eso opté por un manejo más contenido de la escena. Después de rodarla y montarla, lo revisé y pensé si debía cambiar algo, pero comprendí que esto era exactamente lo que quería contar.

Fotografía, luz y música

P: ¿Qué intención simbólica y narrativa hay detrás del final y del uso de la fotografía y la  música en la historia?

CECILIA GESSA:
Desde el principio tenía muy claro cuál sería el inicio y el final del cortometraje, y también la localización. Quería un hotel que no tuviera demasiado protagonismo, pero que ofreciera unas vistas impresionantes. En Cuenca encontré el lugar perfecto: un hotel en el casco antiguo con vistas al prado y al paisaje que necesitaba.

Fotógrafo – Joan Crisol

En cuanto a la fotografía, lo primero que le dije al director de fotografía fue que quería que la escena comenzara de noche y que poco a poco se hiciera de día, justo en el momento exacto en que el personaje alcanza su liberación, sin que el espectador se dé cuenta. Utilizamos la luz azul previa al amanecer para lograr ese cambio sutil. Al principio pensé en usar contraluces o rayos de luz artificiales, pero decidí que no quería falsear nada: el paso del tiempo debía sentirse natural, reflejando la transformación interna del personaje. Abrir la ventana al final simboliza esa apertura al mundo, a una nueva vida, a la libertad absoluta y al reconocimiento de uno mismo.

Hay un antes y un después de esta conversación. Probablemente el personaje de Raúl seguirá igual en algunos aspectos, utilizando lo que sabe de Santi con cierta malicia, pero la relación entre ambos habrá cambiado; Santi, en cambio, sabe que nunca conseguirá completamente lo que busca de Raúl.

Respecto a la música, probé incluirla durante la conversación, pero me di cuenta de que condicionaba demasiado al espectador, llevándolo a un lugar que no quería y convirtiéndolo casi en una telenovela. Por eso la dejé solo al final, con una canción cuya letra refleja exactamente el estado del personaje y cierra la historia de manera simbólica y emocional. Es importante que el espectador escuche la canción hasta el final, porque aporta datos esenciales sobre el cierre y complementa perfectamente el mensaje de la escena.

P: ¿Cómo surgió la colaboración con Aldhara e Ismael Guijarro y qué caracteriza a esta versión de su canción?

CECILIA GESSA:

Aldhara es una chica que muy pronto lanzará su música y es realmente espectacular. Además, es preciosa como persona y como mujer. Estoy convencida de que en breve la escucharemos mucho y se hablará mucho de ella, porque es muy talentosa.

He tenido mucha suerte de contar con Aldhara, gracias a Ismael Guijarro, productor musical que también participa en esta versión de su canción Los que ganan. Esta versión fue grabada especialmente, combinando Nueva York y Madrid, y tiene un toque muy “cool” pensado expresamente para este proyecto.

Trabajo con los actores

P: ¿Por qué era importante contar con energías opuestas entre los actores?

CECILIA GESSA:
Necesitaba dos personajes totalmente antagónicos, con energías muy diferentes. Y, como bien has dicho, son excelentes actores: súper profesionales, muy receptivos, y eso es fundamental. Su simple capacidad de escucha ya aporta muchísimo, porque se nota en cada reacción.

Te voy a contar una novedad: valoré muy seriamente hacer la escena en plano secuencia. Sin embargo, habría sido necesario ensayarlo mucho con todo el equipo técnico, y como no era posible trabajar de la manera que quería, descarté la idea.

En general, yo suelo grabar mucho seguido, sin cortar, para no perder momentos naturales: sonidos, miradas o movimientos que surgen espontáneamente y que se pierden cuando cortas y vuelves a grabar. En el rodaje, una vez todo preparado técnicamente, me concentro únicamente en los actores; incluso si entra un micrófono en plano, apenas me entero.

En este caso, la sensibilidad de Carlos y Salva era clave. Jugamos con eso, y sobre todo con Carlos, que suele interpretar personajes más oscuros, para sacar algo más profundo y auténtico de él.

P: Nuestros hijos, Princesa y Despierta tienen un hilo argumental invisible entre ellas. ¿Te planteas un largometraje?

CECILIA GESSA:
A mí me encantaría unir todos esos proyectos, ¿por qué no? Siempre me tomo muy en serio este tipo de ideas o recomendaciones, venga de donde venga. Por ejemplo, con Nuestros hijos también tenía intención de explorar ciertos temas, pero otros proyectos me han ido adelantando.

Ahora mismo, de hecho, estoy preparando un largometraje del que no puedo contar mucho, pero en el que abordo una gran variedad de temas muy interesantes desde la comedia. He pasado del drama a la “dramedia”, y aunque sea comedia, sigo trabajando con capas y matices: tocando temas profundos y dejando pequeñas pullitas, porque no puedo evitarlo.

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