La importancia de pertenecer a un grupo
Últimamente estamos viendo casos de jóvenes a los que les cuesta encontrar su identidad, reconocerse como personas e incluso sentir que forman parte de algún grupo, de algún colectivo o de algún lugar. Y es que cada vez tenemos mucha más información y muchas más opciones para “definirnos” y esto no es malo, todo lo contrario si sabemos como manejar tantas opciones. Pero se necesita mucha más autoestima, confianza y seguridad en uno mismo y esto, cada vez es más difícil.
Con el tiempo, las personas nos hemos ido abriendo más a nuestros sentimientos, a dejarnos llevar por nuestras sensaciones, a satisfacer nuestros deseos y sin embargo cada vez nos mostramos más vulnerables ante una sociedad más disgregada, más egoísta, menos empática y más acosadora. ¿Qué nos está pasando?
Nuestros cimientos tiemblan y nuestros pilares, referentes, se tambalean. Hace un tiempo, relativamente poco, las cosas en general eran más claras, quizás había solo dos extremos: blanco o negro en según qué temas y los extremos nunca son buenos. Pero ahora hay tantos matices de grises que es mucho más fácil perderse entre tanta diversidad. Las personas necesitamos sentir que pertenecemos, somos seres sociales por naturaleza, tenemos la necesidad real de interaccionar y relacionarnos. El vínculo con los demás no solo es necesario, sino que define nuestra identidad, afecta a nuestro concepto y autoestima y nos influye en nuestro comportamiento.
El primer vínculo que establecemos como personas, y el más importante, es la familia. En ella se forjan los lazos más fuertes, más reales y más sinceros desde el amor incondicional. Ahí, si todo está bien, tendremos siempre nuestro refugio, nuestro lugar seguro en el mundo, nuestras raíces y nuestras alas, el lugar en el que se nos quiere y se nos valora por encima de todo, sencillamente por ser hija o hijo (y también nietos). Ahí es donde se forma la personalidad, donde se expresan emociones y se gestionan reacciones y donde podemos ser nosotros mismos sin miedo a fallar. Aquí no hace falta encajar, no hay que demostrar ni ganarte la atención ni el amor de nadie.

Más tarde aparecen las primeras relaciones, amistades, los grupos de pertenencia, fundamentales en nuestra vida. Personas con las que interactuamos y podemos compartir espacios, momentos, experiencias, intereses y afinidades. Aquí sí que hay que adaptarnos, buscar nuestro lugar, encajar como si de piezas de puzle se tratara. Nos ayudan a sentirnos parte de algo mayor y eso nos da una tranquilidad y un bienestar emocional no solo necesarios sino imprescindibles. A medida que crecemos estos vínculos se hacen más fuertes y estas relaciones más necesarias para desarrollarnos como personas. Esta necesidad de sentirnos aceptados, valorados y reconocidos es especialmente importante en la adolescencia.
La adolescencia es una etapa muy bonita y a la vez muy dura, donde suceden una serie de cambios difíciles de entender y gestionar. Los adolescentes sienten sus emociones a flor de piel, todo lo viven mucho más intensamente, son más intransigentes y sobre todo muy autoexigentes consigo mismos y ahí, ¡cuidado! Aún habiéndose formado una personalidad fuerte, sana emocionalmente, con una buena red familiar y social que les respalde, les acompañe y les guíe en sus acciones, su remolino interno de sentimientos encontrados y esa lucha por enfrentarse al duelo de dejar la infancia y entrar en la adolescencia y más tarde la adultez, no es nada fácil. Ahí es donde necesitan más que nunca sus referentes familiares a pesar de que parezca que rompen incluso el vínculo con ellos. Se identifican y se reconocen entre sus iguales, confían en ellos, buscan referentes y sus relaciones son intensas.

Si no hemos conseguido que tengan una fuerte autoestima, unos buenos y sólidos valores, un acompañamiento emocional seguro o una educación demasiado permisiva o demasiado autoritaria, o basada en pantallas y redes sociales, se dejarán llevar por la influencia de sus iguales, aunque las relaciones no sean positivas. En ocasiones, llegarán a hacer cosas en contra de su voluntad, de sus valores con tal de ser aceptado o cuanto menos, no ser excluido. Porque sentirse diferente, fuera de lugar les provoca una inseguridad y un vacío que no pueden sostener. En ocasiones, son situaciones puntuales, momentos transitorios, que con un buen acompañamiento es suficiente. A veces, después de un tiempo de inseguridad y sufrimiento se abren a quién les da confianza y con ayuda, se podrán reconducir y recuperar su autoestima y confianza. Pero, tristemente, habrá situaciones tan complicadas, delicadas y duras, que incluso querrán desaparecer.
¿Qué podemos hacer ante todo esto? Como siempre, la teoría es mucho más fácil que la práctica y como guías nuestro papel es complicado, ¡Hay que estar alerta a cualquier señal y aun así se nos pueden escapar tantas cosas! Es esencial hablar siempre con ellos y ellas, demostrarles con palabras y hechos que estamos ahí siempre que nos necesiten, que cualquier problema nunca es tan grave y siempre tiene solución. Si les hacemos fuertes emocionalmente y con mirada crítica serán más capaces de decir No si es necesario, buscar ayuda, retirarse a tiempo y sobre todo, respetarse y respetar a los demás.