Las mejores películas y series de 2025
NARRAR DESPUÉS DEL AGOTAMIENTO
2025 quedará marcado como un punto de inflexión en el audiovisual contemporáneo, no tanto por la aparición de una obra hegemónica como por la evidencia de un sistema en plena reconfiguración. En un ecosistema saturado de fórmulas agotadas, el cine volvió a incomodar, sorprender y arriesgar. El terror emergió como el género más permeable a la experimentación formal y temática, mientras que las series consolidaron una madurez narrativa basada en la autoría y en la progresiva desaparición del producto industrial indiferenciado. Menos títulos, más identidad. Menos estruendo, más resonancia.
Fue, en muchos sentidos, un año de transición. No existió una película totalizadora capaz de ordenar el relato colectivo del año, aunque Una batalla tras otra y la oscarizada The Brutalist funcionaron como síntomas de una búsqueda de prestigio y densidad estética. La ausencia de un fenómeno comparable a Dune o Barbenheimer no fue casual, sino reveladora: el cine mainstream parece haber agotado su capacidad para generar eventos culturales sostenidos. Las grandes productoras se refugiaron en la continuidad —Jurassic World, Misión Imposible— y en la explotación de nuevas propiedades intelectuales de bajo riesgo, como las adaptaciones de videojuegos, con Minecraft liderando la taquilla junto a la inevitable excepción de Avatar.
El desgaste del modelo quedó especialmente visible en el cine de superhéroes. Durante más de una década motor económico del sistema, el género perdió su centralidad simbólica y financiera. Solo Superman y Los Cuatro Fantásticos lograron una recuperación parcial tras fracasos como Thunderbolts o Capitán América: Brand New World. Sin embargo, incluso en el éxito, el problema persiste: presupuestos inflados que convierten cualquier desviación en un riesgo estructural. El espectáculo sigue generando cifras millonarias, pero ya no garantiza rentabilidad.

En paralelo, 2025 certificó un cambio irreversible en la arquitectura industrial. La adquisición de Warner por parte de Netflix, aunque aún provisional, simbolizó la absorción definitiva del viejo sistema de estudios por las plataformas de streaming. Más que una operación empresarial, fue una declaración de época. Netflix, consciente de la necesidad de legitimación cultural, reforzó su apuesta por el cine de calidad con Frankenstein, mantuvo viva la franquicia Puñales por la espalda y produjo uno de los fenómenos globales más reveladores del año, Las Guerreras del K-Pop, síntesis perfecta entre cultura popular, algoritmo y alcance transnacional.
La animación ofreció, una vez más, una lectura paralela y más saludable del estado del medio. Disney recuperó su hegemonía comercial con Zootrópolis 2, acompañada por Tipos Malos 2, mientras el anime confirmó su creciente influencia con propuestas como Guardianes, capaz de consolidar audiencia en pocas semanas. Los live action, Lilo & Stitch, Cómo entrenar a tu dragón, evidenciaron tanto el potencial nostálgico del formato como sus límites creativos, especialmente visibles en el fracaso de Blancanieves. Frente a ello, la animación europea vivió un momento de afirmación artística: el Oscar para Flow y la consolidación de Decorado señalaron que el cine de animación para adultos en España ha dejado de ser una anomalía para convertirse en una línea de continuidad.
Si un género funcionó como verdadero termómetro del año, ese fue el terror. Su flexibilidad presupuestaria, su apertura a la autoría y su conexión directa con las ansiedades contemporáneas lo convirtieron en el espacio privilegiado para el riesgo. Títulos como Weapons o Los Pecadores articularon el centro del calendario, mientras propuestas de autor como Heretic, Presence o Keeper convivieron sin fricción con franquicias altamente rentables (Expediente Warren: El último rito, Destino Final: Lazos de sangre, Black Phone 2, 28 años después, M3GAN 2.0). El terror ya no es un género marginal: es el laboratorio del cine industrial.

En este contexto, el renovado protagonismo de Stephen King resulta paradigmático. Autor inagotable de adaptaciones, 2025 lo convirtió en eje central del calendario con cuatro estrenos de notable calidad (La larga marcha, The Running Man, The Monkey, La vida de Chuck) y una de las series más relevantes del año, It. No se trata solo de cantidad, sino de la capacidad de su obra para dialogar con distintas escalas de producción sin perder densidad temática.
El cine independiente, por su parte, reforzó su papel como espacio de resistencia estética y política. Valor sentimental de Joachim Trier, Bugonia de Yorgos Lanthimos, Un simple accidente de Jafar Panahi y la devastadora La voz de Hind, probablemente el retrato más perturbador sobre Gaza visto este año, demostraron que el cine sigue siendo una herramienta crítica capaz de interpelar al espectador más allá del consumo inmediato.
Incluso el biopic musical, uno de los formatos más explotados de la última década, reflejó las tensiones del momento. A Complete Unknown, sobre Bob Dylan, destacó por la solidez autoral de James Mangold, mientras que Springsteen: Deliver Me from Nowhere evidenció el agotamiento de un modelo que confunde proceso creativo con inercia.

2025 será recordado como un año de ajuste de cuentas. El cine comercial expuso sus límites, las franquicias su fatiga y los superhéroes su fragilidad económica. Frente a ello, el terror, la animación y el cine de autor confirmaron que todavía existe un público dispuesto a dejarse incomodar. No fue un año de grandes iconos, sino de diagnósticos claros: el modelo ha cambiado, y el audiovisual ya opera bajo nuevas reglas de sentido, riesgo y legitimidad cultural.
CINE | 2025
Cuando el terror marcó el camino
El terror no fue solo un género dominante en 2025: se convirtió en el lenguaje a través del cual el cine articuló el trauma, la culpa, la violencia y el miedo colectivo. Incluso aquellas películas que no pertenecían estrictamente al género asumieron su atmósfera opresiva, su intensidad emocional y su clara voluntad de incomodar al espectador. El resultado fue un año marcado por propuestas audaces, radicales y, en muchos casos, memorables. Estas son nuestras películas del año 2025.
1. Weapons
Dirección: Zach Cregger
La película más perturbadora y comentada del año. Zach Cregger consolida su estatus como una de las voces más interesantes del terror contemporáneo con una obra coral que convierte la tragedia en un rompecabezas emocional.

Weapons funciona porque nunca explica más de lo necesario. El horror nace de lo cotidiano, de lo inexplicable y de la culpa compartida. Es una experiencia incómoda, devastadora y profundamente humana. Terror adulto en estado puro.
2. F1
Dirección: Joseph Kosinski
Joseph Kosinski eleva el cine deportivo a una experiencia sensorial total. F1 no se limita a mostrar carreras: las hace sentir. El sonido, la velocidad y el riesgo convierten cada secuencia en un ejercicio de tensión constante.
Rodada con un realismo extremo, la película transmite la presión psicológica de un deporte donde el error se paga caro. Un espectáculo técnico que no olvida el factor humano.
3. Warfare: Tiempo de Guerra
Dirección: Alex Garland y Ray Mendoza.
Alex Garland firma una de las películas más duras del año. Warfare no busca explicar la guerra, sino hacerla vivir. La cámara se mueve con nerviosismo, el sonido abruma y la narrativa no concede respiro.
Sin épica ni glorificación, la película se convierte en una experiencia agotadora y brutal, más cercana al terror que al cine bélico tradicional. Garland demuestra que la incomodidad también es una forma de verdad.
4. La larga marcha
Dirección: Francis Lawrence
Francis Lawrence adapta a Stephen King entendiendo que el verdadero horror está en la resistencia prolongada. La larga marcha convierte una premisa sencilla en una reflexión devastadora sobre el sacrificio y la obediencia.
Cada paso pesa, cada decisión duele. La tensión no explota: se acumula. Una distopía sobria, opresiva y profundamente crítica.

5. Los pecadores
Dirección: Ryan Coogler
Ryan Coogler cierra el top con una película íntima y emocionalmente contundente. Los pecadores explora la culpa y la redención desde una mirada humana y contenida.
Con una dirección sensible y actuaciones intensas, Coogler demuestra que el impacto no siempre necesita ruido. Cine adulto, reflexivo y elegante.
SERIES | 2025
La televisión encontró su voz
En 2025, la ficción televisiva dejó de imitar al cine para sustituirlo en uno de sus espacios históricamente más relevantes: el del relato adulto, incómodo y comprometido. La reducción del número de episodios no fue una decisión estética aislada, sino una declaración de intenciones. Menos duración, más densidad. Menos concesiones, más autoría. Los showrunners recuperaron el control creativo y con ello devolvieron a la televisión una ambición narrativa que el cine industrial, atrapado entre franquicias y presupuestos desmesurados, parece haber abandonado.
Las series asumieron aquello que durante décadas definió al cine más exigente: el análisis del poder, la memoria, la culpa, la violencia estructural y las fracturas íntimas del presente. No se trató únicamente de una renovación temática, sino de una transformación profunda del lenguaje. La puesta en escena se volvió más arriesgada, menos funcional y más expresiva, llevando al espectador hacia zonas de incomodidad y ambigüedad que el cine medio, no blockbuster, pero tampoco independiente, ya no se atreve a explorar.
Esta libertad creativa propició un fenómeno significativo: el regreso del director artesano. Cineastas formados en el sistema de estudios, antaño ejecutores de encargos, encontraron en la ficción seriada un espacio donde poner su oficio al servicio de una visión autoral fuerte. Al trabajar bajo el paraguas del showrunner, estos directores aportaron rigor formal, coherencia estética y una mirada clásica reinterpretada desde el presente. El resultado fue una ficción televisiva que, en numerosos casos, superó en ambición y solidez a buena parte del cine contemporáneo situado fuera del circuito del gran espectáculo.

Ese espacio intermedio, antaño ocupado por el cine adulto de prestigio, pertenece hoy claramente a las series. Producciones como Tuck, The Pitt, Separación, La Diplomática, Paradise, It, Anatomía de un instante o Poquita fe no sólo destacaron por su calidad individual, sino por lo que representan colectivamente: un cambio de hegemonía cultural. 2025 no fue simplemente un gran año para la ficción.
Estas son nuestras series:
1. Tierra de mafiosos
Creadores: Ronan Bennett & Guy Ritchie
La serie más adictiva del año combina el estilo visual de Guy Ritchie con un retrato crudo del crimen organizado. Elegante, violenta y llena de personajes carismáticos, Tierra de mafiosos muestra el poder como una trampa inevitable.
Cada episodio equilibra espectáculo y tragedia con precisión.
2. The Studio
Creadores: Seth Rogen & Evan Goldberg
La gran sátira televisiva del año. The Studio se ríe de Hollywood desde dentro, exponiendo egos, hipocresías y decisiones creativas dictadas por el miedo.
Su mayor virtud es la honestidad: detrás de cada chiste hay una verdad incómoda. Divertida, ácida y sorprendentemente lúcida.
3. Pluribus
Creador: Vince Gilligan

Vince Gilligan (Breaking Bad) regresa con una serie que exige atención y recompensa. Pluribus combina ciencia ficción con dilemas morales, desarrollando su historia de forma lenta y precisa.
El suspense no está en los giros, sino en las decisiones. Televisión de autor en estado puro.
4. Adolescencia
Creador: Jack Thorne
Una de las series más valientes del año. Adolescencia retrata la juventud contemporánea con una crudeza poco habitual, abordando identidad, violencia y salud mental sin sensacionalismo.
Dura, honesta y necesaria.
5. El Eternauta
Dirección: Bruno Stagnaro
La adaptación del cómic del mismo nombre, El Eternauta se convierte en un hito para la ficción en español. Bruno Stagnaro respeta el espíritu del clásico, apostando por una atmósfera opresiva y un fuerte sentido de comunidad.
Ciencia ficción con identidad, mensaje y alma.