“Un altre home” de David Moragas
El peso de lo inacabado: forma sin fondo, más bien superficial
La estética como sustituto
Un altre home arranca con una promesa que luego no cumple: la de habitar con honestidad los bordes del deseo y del vínculo contemporáneo. David Moragas construye un universo de superficies pulidas (cocinas de madera clara, tardes en terrazas Snob, conversaciones suspendidas entre silencios cuidadosamente estudiados), pero esa arquitectura visual termina funcionando como escudo, no como ventana. Lo que vemos es la apariencia de una película sobre emociones, no una que las atraviese.
El problema no es la ambición, que existe, sino la ejecución de un cine que confunde la sensibilidad con la profundidad. Moragas domina el lenguaje del indie europeo contemporáneo , sus texturas, su ritmo, su paleta emocional, pero ese dominio se convierte en trampa cuando la forma no lleva a ningún lugar que el espectador no haya ya visitado.
En el film hay un gesto que resulta especialmente revelador: el de querer rendir homenaje, o al menos aproximarse, al universo de The Square de Ruben Östlund. La influencia se percibe en la voluntad de retratar una clase creativa urbana atrapada en sus propias contradicciones, en el uso del entorno como comentario sobre el vacío de ciertas actitudes, en la pose intelectual que recorre los ambientes y los personajes. Pero donde Östlund construía una sátira quirúrgica. incómoda, precisa, dispuesta a desnudar la hipocresía de sus protagonistas hasta el hueso. Un altro home Nos mantenemos en la superficie del gesto. El homenaje no se convierte en diálogo, sino en imitación, sin el filo que la imitación requiere para justificarse.

El resultado produce una extraña disonancia tonal. Las actitudes snob, el postureo cultural, la autocomplacencia de los personajes en su propio mundo de referencias refinadas: todo eso está ahí, visible, pero tratado con una seriedad que le sienta mal. Porque esos mismos elementos, esa Barcelona de terrazas de especialidad y conversaciones sobre arte en pisos de techo alto, son exactamente el material que la serie Por H o por B (XHOXB), de Manuela Burló Moreno, disecciona con inteligencia y humor desde Malasaña (Madrid). Lo que en manos de Burló se convierte en sátira eficaz sobre el pensamiento vacío y el postureo de cierta clase urbana, en Un altre home se presenta sin distancia crítica, sin ironía, casi como aspiración. La película no se ríe de sus personajes. Los envidia.
Esto es quizás lo más paradójico del film: sus materiales serían más honestos (y más interesantes) en clave de comedia. El mundo que retrata pide ser pinchado, no reverenciado.
«La Barcelona que retrata Un altre home no es la ciudad que existe, sino la que ciertos productores imaginan cuando sueñan con festivales internacionales.”
Una Barcelona de escaparate
El entorno urbano en el que transcurre la película merece una lectura crítica aparte. El film presenta una Barcelona radicalmente estilizada: el Raval como pasarela fotográfica, Sant Antoni como telón de fondo de una clase creativa sin conflictos materiales (Claramente llamar a El Raval Sant Antoni, es un profundo clasismo de un “Quiero y no puedo”) Es una ciudad que huele a café de especialidad y suena a playlist de Spotify cuidadosamente curada.
Esta elección no es neutral. Al filtrar Barcelona a través de una mirada aspiracional y clasista, la película borra precisamente lo que hace a esa ciudad interesante: sus tensiones. La crisis de acceso a la vivienda (Que ha transformado radicalmente la vida de los barceloneses en la última década), la gentrificación que ha expulsado a familias enteras de barrios como el Poblenou, Gràcia, Sants o el propio Raval, o la dependencia cotidiana de un transporte público sobrecargado (Es cosa de subirse a la Linea 1 o 5 del metro o si eres de deportes extremos al Rodalies) son realidades que atraviesan la vida de la clase media urbana que supuestamente protagoniza el film. No aparecen ni en el horizonte.
La diversidad etnográfica de Barcelona (una de las ciudades con mayor porcentaje de población inmigrante de Europa) queda completamente ausente. Los personajes que habitan este mundo son homogéneamente blancos, económicamente desahogados y culturalmente indistinguibles de los protagonistas de cualquier producción del circuito Berlinale. Esto no es solo una omisión realista: es una declaración ideológica, aunque probablemente involuntaria, sobre quién importa y quién no cabe en la pantalla.

El catálogo de “Clichés”
El repertorio narrativo y visual de Un altre home resulta preocupantemente familiar. La película acumula con generosidad los elementos consagrados del cine indie de autor europeo: la pareja en crisis que no se mira en la cocina, el paseo nocturno que sirve de metáfora emocional, la cena con amigos donde una frase ambigua lo cambia todo, el plano cenital de dos cuerpos en una cama que ya no se tocan o cuando se toca es forzado, el constante miedo al desnudo que la hace hasta cínica.
Cada uno de estos recursos tiene una historia y puede funcionar si está al servicio de algo. El problema es que aquí funcionan de manera autorreferencial: no son herramientas que construyen un significado propio, sino citas de un lenguaje cinematográfico que el director ha absorbido y reproduce con fluidez pero sin transformar. La película parece más interesada en parecerse a un tipo de cine que en ser ella misma.
Temas que se abordan sin desarrollarse
Un altre home introduce varios temas de considerable relevancia contemporánea que terminan siendo tratados con una superficialidad que resulta frustrante precisamente porque el potencial está ahí, visible, esperando ser excavado.
La apertura de la pareja y el deseo hacia un tercero, ese «otro hombre» del título, quedan apenas esbozados. El film sugiere la posibilidad de una redefinición del vínculo sin atreverse a habitarla. Los personajes rozan la pregunta pero nunca la formulan del todo, y la película los acompaña en esa evasión en lugar de empujarlos hacia la incomodidad necesaria.
Más significativa aún es la manera en que se trata la salud sexual. Uno de los amigos del protagonista se somete a pruebas de ETS, y el resultado, con su carga de ansiedad, de posible transmisión, de conversación pendiente con la pareja, es introducido en la narrativa y luego diluido hasta casi desaparecer. Esta secuencia podría haber sido el núcleo dramático del film: en ella se condensan el estigma social que todavía rodea a las ITS en contextos homosexuales, la negociación de la honestidad dentro de una pareja en apertura, y la fragilidad del cuerpo como realidad que interrumpe las construcciones sentimentales. Moragas lo roza y lo abandona.
La monotonía de la pareja, que podría haberse convertido en un análisis lúcido del agotamiento del modelo de vida en común, incluso dentro de relaciones no normativas, se presenta plana, sin generar evolución ni lectura crítica. La película muestra el síntoma pero no tiene interés en diagnosticarlo y la historia podría ser tanto heterosexual como LGTBIQ+, ya que en ningún instante se moja como si ser algo reivindicativo le molestara.
La paradoja del Gay heteropatriarcal
Quizás el aspecto más revelador (y más desperdiciado) del film es la construcción de la dinámica entre sus protagonistas. Se trata de una pareja homosexual, pero el relato que los contiene es estructuralmente intercambiable con cualquier drama de pareja heterosexual de los últimos veinte años. Los roles están distribuidos de manera convencional, los conflictos responden a una gramática sentimental que no tiene en cuenta ninguna especificidad de la experiencia gay, y la monotonía que atraviesa el vínculo podría ser la de cualquier pareja burguesa sin importar su composición.

Y sin embargo, el film sí introduce elementos que podrían romper esa convención (y que precisamente por eso hacen más evidente su cobardía narrativa). El cuñado de uno de los protagonistas, su amigo, las referencias al uso de apps de encuentro, la existencia de otras parejas abiertas en su entorno, el intercambio entre ellas: todo eso aparece en el film como “una ventana indiscreta hacia un deseo que la película no se atreve a mirar de frente”. Son detalles que se asoman, que sugieren un universo de prácticas y negociaciones afectivas con sus propias reglas, sus propios códigos y sus propios conflictos, mucho más interesante que la monotonía conyugal que ocupa el primer plano, pero que quedan en una gama de pura observación. Se enuncian, se dejan ver brevemente, y se meten debajo de una alfombra de pulcritud irrealista.
Esto plantea una pregunta que la película no parece haberse hecho:
¿Para qué contar esta historia con estos protagonistas si la historia no cambia al contarla con ellos?
La representación homosexual en pantalla no tiene por qué ser militante ni reivindicativa, pero sí puede, y quizás debería, explorar aquello que las relaciones entre hombres tienen de diferente, de no codificado todavía, de liberado de ciertas convenciones que el modelo heteronormativo arrastra históricamente. Un altre home no aprovecha esa oportunidad. Reproduce el guion de la monotonía conyugal en un envoltorio que parece creer que la orientación sexual de los protagonistas es suficiente para hacer el relato contemporáneo.
Es un tipo de representación sin imaginación: inclusiva en su superficie, conservadora en su fondo.
El Problema de lo inacabado
Toda la película está atravesada por una sensación de inacabado que no parece una decisión estética deliberada, esa apertura calculada que caracteriza cierto cine de autor, sino una debilidad estructural del guion. Los conflictos se presentan, pero no se desarrollan. Los personajes rozan transformaciones que nunca llegan. Los temas se enuncian como si enunciarlos fuera suficiente.
El resultado es una obra que parece más un primer corte de montaje que una película terminada: hay material, hay intuiciones, hay momentos de genuina tensión emocional que podrían sostenerse. Pero el film no confía en ellos, o no sabe cómo explotarlos, y los abandona antes de que lleguen a su potencial.
«No es un cine que carezca de intención. Es un cine que tiene miedo de sus propias intenciones.»

Un altre home no es una película fallida en el sentido de ser técnicamente torpe o visualmente descuidada. Es fallida de una manera más sofisticada y, en cierto modo, más preocupante: es una película que sabe exactamente cómo parecer importante sin serlo. Ha aprendido el vocabulario del cine que importa sin aprender lo que ese vocabulario tiene que decir.
Moragas demuestra sensibilidad y conoce su oficio. Pero el cine que aspira a explorar la vida afectiva contemporánea, con sus complejidades, sus estigmas, sus negociaciones silenciosas, exige algo más que sensibilidad formal: exige el coraje de incomodar, de no resolver, de dejar que los personajes se expongan del todo. Un altre home los protege. Y al protegerlos, los borra.
Queda la sensación de haber asistido a un ensayo de película. Y eso, quizás, es lo más melancólico de todo.
Dialoguemos, debatamos, compartamos.
QUEER AS CINEMA +:
«Donde cada película cuenta una revolución.”
(O no…)
Miquel Claudí-López
Comunicador Audiovisual
Periodista
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