Ser sensible se considera una desventaja, pues el concepto de sensibilidad generalmente se asocia a debilidad. Tras esta creencia tan arraigada en nuestra cultura, hay varios mitos que conviene cuestionar para devolver la sensibilidad al lugar que merece.
Antes de entrar en materia, quisiera invitar al lector a hacer una reflexión sobre lo que se considera que es una fortaleza y una debilidad.
Las fortalezas son palancas que nos ayudan a lograr aquello que queremos. Algunas vienen de serie, son los dones y talentos. Otras son habilidades adquiridas. Ambas necesitan ser entrenadas con esfuerzo y dedicación.
Por ejemplo, alguien que tiene el don de la palabra, escrita o hablada, puede convertirse en escritor u orador profesional si se ejercita correctamente. Igualmente, una persona torpe a la hora de comunicar bien podría aprender el arte de la comunicación con disciplina, perseverancia y con actitud de superación.
Por otro lado, una debilidad es un defecto que se quiere mejorar, incluso ocultar. Pues es algo que juega en nuestra contra. Como le pasó a Aquiles con su talón.
Pero hay debilidades que pueden llegar a transformarse en fortalezas si nos lo proponemos. Es el caso de la sensibilidad.
En contra de ser una debilidad, la Doctora en Psicología Elaine N. Aron clasificó la alta sensibilidad como un don. En sus estudios realizados en la década de los 90, detectó que un 20% de la población percibe el mundo y siente las emociones de forma más intensa. Son las Personas Altamente Sensibles (PAS).
Aron identificó cuatro características que tienen en común las personas altamente sensibles y que son un rasgo genético que influye enormemente en la personalidad de las PAS. Una es la profundidad de pensamiento y la búsqueda de sentido; dos es la sobre activación del sistema nervioso debido a la gran cantidad de estímulos que su cerebro percibe; tres es la alta empatía; y cuatro es la elevada sensibilidad de los sentidos.
Esta intensidad emocional y perceptiva puede ser una debilidad cuando no es gestionada adecuadamente, o una fortaleza cuando se sabe potenciar y usar a favor.
El desafío de ser altamente sensible en un mundo donde la sensibilidad se considera una debilidad lleva a las PAS a considerarse en condiciones de inferioridad, así como a sentir que no encajan en su entorno.

Una persona altamente sensible tiene las emociones a flor de piel, siente de forma muy intensa, y es de llanto fácil. También puede sentir como propia la tristeza ajena y sentirse molesta por luces, ruidos, olores… además, le da muchas vueltas a las cosas para entenderlas y sentir que lo que hace tiene un propósito.
Todo esto puede verse como fragilidad. Pero la realidad es que la alta sensibilidad bien gestionada puede convertirse en un súper poder para algunas profesiones.
Los poetas, escritores y artistas en general nos transmiten su sensibilidad en sus obras. La creatividad y la vertiente artística es una de las facetas de las PAS. Pero hay otras muchas profesiones que también requieren de ese don sensible. Son todas aquellas que necesitan de un trato cálido, de un mimo en los detalles, de una intuición agudizada, o de una comprensión profunda del ser humano.
Pero todas esas virtudes se apagan en entornos con ritmos acelerados, donde lo que mandan son los números y la presión de los objetivos. Es cuando la creatividad se bloquea, las ideas colapsan y las decisiones se atascan.
La alta sensibilidad necesita de espacio para brillar y de ciertos cuidados para florecer. De lo contrario, aparece el estrés y el burnout. Es por eso que, la PAS necesita de autocuidado y autogestión para que su don sensible sirva al mundo y a sí misma. De lo contrario, acabará por desperdiciarse o peor, por traducirse en enfermedad mental o física.
Aunque cada vez son más las empresas que valoran cualidades como la creatividad, la intuición y la empatía, el mundo empresarial sigue marcado por la competitividad y la insensibilidad.
Por ello, muchas PAS tienen el deseo de emprender para decidir sus propios ritmos y crear su propia visión. Aunque emprender supone un gran desafío y requiere de mucho auto conocimiento, y también de desarrollar ciertas habilidades.
De cómo emprender convirtiendo la sensibilidad en un súper poder trata mi libro Sensibilidad en Acción. Claves para emprender en modo PAS, recientemente publicado por la editorial Tu voz en mi pluma.
Puedes adquirirlo aquí: https://www.tuvozenmipluma.com/obras/sensibilidad-en-accion/
Emma García