No hacía falta
Cuántas veces rechazamos un gesto antes de permitirnos simplemente recibirlo.
Hay personas que dan con una facilidad enorme.
Están pendientes, ayudan, se ofrecen.
«Yo me encargo.»
«No te preocupes.»
«Déjalo, ya lo hago yo.»
Pero cuando alguien intenta hacer algo por ellas, la respuesta cambia.
«No hacía falta.»
«De verdad, estoy bien.»
«Yo puedo.»
Y sí, pueden.
Pero poder no siempre significa que no necesitemos que alguien esté ahí.
Yo también he vivido esto.
Durante un tiempo me di cuenta de que me resultaba mucho más fácil dar que recibir.
Cuando alguien tenía un detalle conmigo, antes de disfrutarlo ya estaba pensando cómo devolverlo.

Una invitación.
Un regalo.
Una ayuda.
Mi cabeza se adelantaba:
«¿Cómo se lo devuelvo?»
Hasta que empecé a observarlo.
No todo lo que alguien me daba estaba esperando algo a cambio.
A veces alguien simplemente quería tener un gesto conmigo.
Y entonces entendí que, al pensar inmediatamente en cómo compensarlo, estaba convirtiendo algo bonito en una cuenta pendiente.
Empecé a probar algo muy sencillo.
Cuando alguien me ofrecía algo, intentaba no buscar inmediatamente cómo devolverlo.
Solo decir:
Gracias.
Y dejarlo ahí.
Porque descubrí algo que antes no veía:
Yo también podía permitir que alguien tuviera el placer de darme.

Una amiga te invita a un café y ya estás pensando en invitar tú la próxima vez.
Alguien te ayuda y quieres devolvérselo cuanto antes.
Alguien te hace un regalo y respondes:
«No tenías que hacerlo.»
El gesto apenas ha llegado y ya estamos intentando devolverlo.
Como si recibir no pudiera quedarse simplemente en recibir.
Cuando damos, ocupamos un lugar que conocemos.
Somos quienes ayudan, quienes resuelven, quienes están pendientes.
Recibir nos coloca en otro sitio.
Por un momento, alguien está ahí para nosotros.
Y eso puede resultar extraño.
Dar puede hacernos sentir necesarios.
Recibir puede hacernos sentir vulnerables.
No por el regalo.
No por la ayuda.
Sino por permitir que alguien haga algo por nosotros sin tener que demostrar nada a cambio.
Hay personas que dan porque quieren.
Porque les nace.
Porque también encuentran alegría en ofrecer.
Por querer no deber nada a nadie, podemos olvidar que recibir también puede ser una forma de permitir que el otro dé.
Por eso, hoy elijo quedarme un poco más en ese lugar.
Sin compensar.
Sin explicar.
Sin apresurarme a devolver.
Solo:
Gracias.
Y dejar que el gesto llegue.
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