CUANDO LA ENERGÍA NOS HABLA
A lo largo de mis años practicando y enseñando Reiki, he aprendido algo maravilloso: nuestro cuerpo nos habla constantemente, y no siempre lo hace a través de palabras.
En Reiki hablamos de energía vital y de la posibilidad de armonizar nuestro campo energético. Desde esta mirada, algunas experiencias, emociones y situaciones pueden sentirse como una energía pesada o “densa”. Durante una sesión, la intención no es luchar contra esa energía, sino permitir que Reiki fluya y acompañe un proceso de equilibrio, relajación y liberación.
Lo interesante es que cada persona puede experimentar este proceso de una manera completamente diferente.
Algunas sienten calor o frío, otras experimentan hormigueo, presión, pulsaciones o vibraciones. También pueden aparecer colores, imágenes, recuerdos, emociones o sensaciones difíciles de describir. Incluso algunos practicantes hablan de percibir simbólicamente determinadas texturas, formas u olores.
Todo esto ES información.
No necesariamente significa que cada imagen, olor o sensación tenga una interpretación universal. Más bien, podemos observarla con curiosidad y preguntarnos: ¿Qué está despertando esto en mí? ¿Qué emoción aparece? ¿Qué necesita hoy mi cuerpo?
El Reiki no tiene que borrar nuestra historia para ayudarnos a relacionarnos de una manera diferente con lo que estamos viviendo. El gran cambio comienza simplemente sintiéndonos más livianos.

Cuando disminuye la tensión, cuando el cuerpo descansa, cuando una emoción encuentra espacio para expresarse y cuando nuestra mente deja por unos momentos de luchar con tantos pensamientos, podemos comenzar a escuchar algo que siempre estuvo allí: nuestra propia voz interior.
Para mí, ahí está una de las experiencias más hermosas del Reiki.
Llegar cargados y salir más livianos.
Llegar confundidos y sentir mayor claridad.
Llegar tensos y experimentar relajación.
Llegar emocionalmente saturados y sentir que finalmente algo pudo liberarse.
Porque sanar también puede comenzar así: haciendo espacio dentro de nosotros para volver a sentir paz.
Por eso me gusta hablar de lo que vivimos desde nuestra propia experiencia.
En mis sesiones he sentido muchas veces cómo una percepción cambia mientras trabajo una zona: algo que inicialmente siento pesado puede transformarse en calor, ligereza o tranquilidad. No necesito imponerle una explicación; observo, permito y confío en el proceso.
Es una de las enseñanzas más hermosas del Reiki, aprender a escuchar nuestro cuerpo con presencia, sin juicio y con amor.
Porque algunas veces, antes de poder explicar lo que sentimos, simplemente necesitamos darnos permiso para sentirlo.
Jomar Hernández
Maestra de Reiki y Meditación
Coach de Salud Holistica
Raleigh NC, Estados Unidos