“El Septimo Pecado”, MINIONS & MONSTERS

MINIONS & MONSTERS

Dir. Pierre Coffin  |  Illumination / Universal Pictures

La historia del cine vista por los ojos amarillos más traviesos del mundo

Evolución de la Saga: De Secuaces a Protagonistas del Meta-Cine

Desde su aparición en “Despicable Me”(2010), los Minions han recorrido un arco que pocas franquicias de animación han completado con igual coherencia: comenzaron siendo el ornamento cómico de un villano, se convirtieron en fenómeno cultural autónomo y han terminado siendo, con Minions & Monsters, los vehículos de una reflexión sobre el propio cine que los contiene. Pierre Coffin ha gestionado esa evolución con la paciencia de quien sabe que un personaje bien construido puede crecer sin perder su esencia.

Las entregas anteriores “Minions” (2015) y “Minions: The Rise of Gru” (2022),  establecieron el universo cronológico y emocional de los pequeños seres amarillos: su necesidad congénita de servir a un líder, su caos como forma de afecto, su relación con la Historia con mayúscula siempre a través del ojo de la cerradura. “Minions & Monsters” da el paso definitivo: los saca del ojo de la cerradura y los coloca directamente frente a la cámara, literal y metafóricamente.

En esta entrega, los Minions no solo protagonizan una aventura: protagonizan una carta de amor al cine que los creó. Coffin convierte la franquicia en un espejo en el que la historia de la animación y de la imagen en movimiento en general, puede reconocerse y, con suerte, sonreír.

El Homenaje a la Historia del Cine: De los Lumière a George Lucas

“Minions & Monsters” funciona como un palimpsesto cinematográfico: sobre la superficie de una comedia de animación familiar se superponen capas de referencias que van desde el kinetoscopio de Edison hasta el universo expandido de Star Wars. Pierre Coffin diseña cada secuencia como una cita visual que puede leerse en dos niveles simultáneos, el del niño que ríe con los gags y el del cinéfilo que reconoce la fuente,  sin que ninguno de los dos sacrifique su experiencia.

AñoReferenteHito y eco en Minions & Monsters
1895LumièreLa sortie de l’usine Lumière — la imagen en movimiento nace.
1902MélièsLe Voyage dans la Lune — el cine como magia y fantasía.
1922MurnauNosferatu — el horror expresionista que todo lo sombrea.
1927LangMetropolis — Maria/robot, la figura omnipresente en la película.
1927Jazz SingerEl cine habla: primera película sonora comercial.
1937DisneySnow White — el largometraje de animación se consagra.
1968Kubrick2001: A Space Odyssey — el cine como experiencia filosófica.
1977LucasStar Wars — el blockbuster como nueva gramática del espectáculo.
1993–hoyCG AnimationJurassic Park / Toy Story — el píxel reemplaza al celuloide.

La inclusión de George Lucas en este arco histórico no es casual. La saga Star Wars redefinió el concepto de franquicia, de merchandising y de fidelidad fan de una manera que Illumination ha estudiado y replicado con los Minions. Coffin rinde homenaje a Lucas precisamente porque entiende que está haciendo lo mismo que él hizo: convertir personajes en iconos culturales que trascienden la pantalla y se instalan en el imaginario colectivo de varias generaciones simultáneamente.

Hitos de Igualdad de Género Ocultos en el Celuloide

“Las mujeres como montajistas: el poder invisible”

Una de las capas más sutiles y más ricas de Minions & Monsters es su homenaje a las pioneras del cine que la historia oficial tendió a invisibilizar. Las mujeres dominaron el montaje en la industria de Hollywood durante décadas (Margaret Booth, Anne Bauchens, Verna Fields) porque la edición fue considerada inicialmente un trabajo «menor», artesanal, hasta que la teoría del montaje demostró que era, de hecho, el lugar donde el cine se construía de verdad.

La película recoge ese legado de forma visual: varias secuencias están construidas con una lógica de montaje rítmico que cita directamente el corte soviético de Eisenstein y Kuleshov , técnicas que, en su implementación práctica en Hollywood, pasaron por manos femeninas. El caos aparente del ritmo de edición de los Minions esconde, para quien sabe leerlo, una precisión que rinde tributo a esas mujeres que definieron el lenguaje sin recibir el crédito.

“Las marchas por el voto femenino”

Coffin sitúa a sus Minions en el contexto histórico del sufragismo con la misma ligereza traviesa con que los había colocado junto a Napoleón o a los faraones: como testigos involuntarios que, sin comprenderlo, son arrastrados por la corriente de la Historia. Pero la elección no es inocente. Al hacer coincidir a sus protagonistas con las marchas por el voto femenino. Referenciadas en escenografías que evocan el Londres de las suffragettes o el Washington de 1913. La película coloca esos hitos en el mismo rango de importancia histórica que cualquier guerra o coronación.

El gag Minion opera aquí como el caballo de Troya perfecto: el público infantil absorbe la imagen de mujeres marchando y exigiendo derechos como parte natural del paisaje histórico, sin el filtro del debate ideológico. Es, en su forma más eficaz, pedagogía por inmersión.

“Maria de Metropolis: el ícono omnipresente”

La figura de Maria, tanto en su versión humana como en la del robot que la suplanta, en Metropolis (Lang, 1927) es quizás la cita más persistente de toda la película. Coffin la convierte en un leitmotiv visual que reaparece en distintos momentos: en la arquitectura de algunas locaciones, en la silueta de ciertos personajes secundarios, en la iluminación expresionista de determinadas escenas.

Maria de Metropolis condensa en una sola figura toda la ambivalencia que el cine ha tenido históricamente con la mujer: la idealiza, la teme, la replica, la deshumaniza y la venera. Coffin recupera esa figura para señalar que ese conflicto no ha terminado. Solo ha cambiado de pantalla.

La elección de Metropolis como referente central no es solo cinéfila: es política. Maria/robot anticipa el debate sobre representación, sobre quién cuenta la historia y sobre qué cuerpos se consideran dignos de protagonizarla. En una película de animación de 2025, esa pregunta sigue siendo tan urgente como en 1927.

Las Diversas Etapas del Género de Animación

“Minions & Monsters” es, entre otras cosas, un tratado informal sobre la historia de la animación. Pierre Coffin, que lleva más de una década moldeando las criaturas más reconocibles del cine familiar contemporáneo,  diseña la película como un viaje a través de los grandes períodos del género, cada uno con su estética, sus reglas y su ideología visual.

La animación recortada y plana de los primeros cartoons de los años veinte aparece en secuencias de sueño o flashback que citan directamente a Felix the Cat o a los primeros Silly Symphonies de Disney. El expresionismo de sombras y ángulos imposibles del género de terror , que la animación adoptó con entusiasmo en los años treinta y cuarenta,  resurge en las escenas protagonizadas por los monstruos del título. El Technicolor saturado y casi irreal del musical animado clásico irrumpe en los números de baile que la película intercala con desparpajo.

Después viene el gran salto: la transición al 3D digital, representada en la película con una secuencia de metacine en la que los propios Minions parecen sorprendidos de ver cómo sus cuerpos adquieren volumen y sombra. Es un guiño a Toy Story (1995) la primera gran demostración de que el CGI podía sostener un largometraje completo,  que funciona como reconocimiento de deuda generacional: sin Pixar, Illumination no existiría tal como la conocemos.

El recorrido culmina en el presente con una reflexión sobre la sobreabundancia visual del cine de animación actual: tanta calidad técnica disponible que el riesgo es la uniformidad. Coffin lo sabe, y “Minions & Monsters” responde a ese riesgo con heterodoxia deliberada: mezcla estilos, rompe la cuarta pared, cita sin vergüenza. La variedad estética es en sí misma la posición estética.

La Ironía del Oscar: El Premio que Separa lo que Debería Unir

Pocos episodios de la historia reciente de la industria cinematográfica resultan tan reveladores como la relación entre el Oscar a la Mejor Película Animada y el resto de categorías de la Academia. Desde la creación de esa categoría en 2002, la animación quedó simultáneamente reconocida y confinada: tiene su propio espacio, sí, pero ese espacio funciona también como una sala de espera de la que raramente se le permite salir.

La ironía que señala (y celebra con amargura) “Minions & Monsters” es múltiple. Primero: películas como Up, Toy Story 3 o Wall-E recibieron nominaciones a Mejor Película precisamente cuando la Academia amplió el número de candidatos, lo que sugiere que el reconocimiento pleno siempre requiere de una reforma de las reglas antes que de un cambio de mentalidad. Segundo: la categoría de Animación premia con frecuencia la sofisticación técnica sobre la ambición narrativa, lo que genera el absurdo de que algunas de las películas conceptualmente más ricas del año compitan en una categoría que el público general considera “para niños”.

Que una película como “Minions & Monsters” construida sobre cien años de historia del cine, llena de citas a Eisenstein, Lang y Lucas, atravesada por debates sobre género y representación compita en la categoría de Animación y no en la de Mejor Película es, en sí mismo, el argumento más elocuente sobre los prejuicios que la Academia todavía no ha podido superar.

Coffin parece ser perfectamente consciente de esta paradoja, y la respuesta de Minions & Monsters es la más elegante posible: hacer una película que demuestre, fotograma a fotograma, que la animación no necesita el permiso de la Academia para ser cine de primer orden. El homenaje a la historia del séptimo arte que propone la película no es una petición de ingreso al club de los adultos: es la demostración de que el club siempre estuvo más lleno de lo que sus porteros quisieron admitir.

En última instancia, la ironía del Oscar revela algo sobre cómo la cultura jerarquiza sus propios productos: asigna categorías para poder otorgar premios y, al hacerlo, establece fronteras que con frecuencia dicen más sobre los prejuicios del tiempo que sobre el valor real de las obras. “Minions & Monsters” existe, con toda su densidad cinéfila y su alegría amarilla, exactamente en la grieta de esa frontera. Y desde ahí sonríe, con esa sonrisa imprecisa y total que solo los Minions saben poner.

“Porque el mejor cine siempre es una conversación tras los créditos, una copa de vino o un café…

En esta película mas te vale tomarte unas cuantas copas…

¿Con qué pecado sigues el diálogo?”

Miquel Claudì-Lopez

Comunicador Audiovisual

Periodista

@miquelclaudilopez

@enlaaceradeenfrete

@queerascinema

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