A fuego: el musical de la generación Z
«Welcome to The Bunker». Al igual que Joel Grey en Cabaret, Andy (Omar Banana) nos invita a entrar en otro mundo, uno de esos lugares que la sociedad ha dejado al margen: una auténtica catedral del baile, como lo fue el 2001 Odyssey de Fiebre del sábado noche. Un espacio donde una nueva generación busca la Fama coreografiando sus propios sueños; donde pertenecer a una comunidad es casi un estilo de baile que termina convirtiéndose en una manera de vivir; donde antes asistíamos a una batalla de breakdance, ahora vivimos un duelo de danza urbana; y donde, si la protagonista de Flashdance se ganaban la vida trabajando en una fundición, ahora lo hacen sirviendo bubble tea.
A fuego no pretende reproducir aquellos referentes. Han estado ahí, generación tras generación, y la película busca precisamente los nuevos matices que permitan trasladarlos al presente. El guion de Estel Díaz y Núria Dunjó los encuentra en una historia que convierte de nuevo el baile en refugio, identidad, y comunidad, pero enfrentándolo a los problemas de hoy: la salud mental, la precariedad, la falta de espacios, la presión por alcanzar el éxito y la necesidad de sentirse parte de algo. El propio Búnker resume perfectamente esa idea: un espacio abandonado por la sociedad que los jóvenes ocupan, y terminan convirtiendo en suyo.

Si Fama retrató a una generación que soñaba con triunfar y hacerse un hueco en el mundo, A fuego habla de otra que, para poder alcanzar sus sueños, necesita primero encontrar un lugar donde ser ella misma. Es el musical de una generación Z que hasta ahora no había encontrado una película que hablara desde su propia voz: un grupo de jóvenes que busca su sitio en una sociedad en transformación y que ya no quiere limitarse a seguir las reglas heredadas. Ellos tienen ahora las herramientas, el talento y la capacidad para tomar el relevo de las generaciones anteriores, pero también la necesidad de construir sus propios espacios y decidir cómo quieren que sea el mundo que viene. En A fuego, bailar no es únicamente perseguir un sueño: es una manera de expresarse, de resistir, de encontrarse con los demás y, finalmente, de encontrar un lugar propio.
Y ese lugar son las Tres Chimeneas de Sant Adrià de Besòs. Les Tres Xemeneies constituyen uno de los espacios emblemáticos de la Barcelona industrial, aquella que quedó en segundo plano tras las transformaciones urbanísticas que acompañaron a los Juegos Olímpicos de 1992. En A fuego, este escenario industrial deja de ser un simple decorado para convertirse, a través del Búnker, en otro personaje de la película.
Estel Díaz transforma ese espacio gracias a la planificación de las imágenes, la fotografía de Beatriz Sastre, el sonido de Laia Casanovas, la música de Awwz y las hipnóticas coreografías del grupo de baile. El resultado es un espectáculo visual y sonoro en el que, por momentos, el espectador desearía levantarse de la butaca y ponerse a bailar junto a Zoé Bonafonte, Ruslana, Marc Soler, Omar Banana y ese increíble grupo de bailarines que convierte el Búnker en el verdadero corazón de A fuego.

Estel Díaz y Núria Dunjó: dos miradas que confluyen en A fuego
Estel Díaz llega a A fuego después de una trayectoria especialmente vinculada a la ficción televisiva, con trabajos en series como Red Flags y Desaparecido, entre otros proyectos. Una experiencia que encuentra continuidad en una película que pone el foco en los jóvenes y en la manera en que afrontan sus relaciones, sus miedos y la búsqueda de una identidad propia. En A fuego, Estel da un paso más al incorporar la danza como parte esencial de la narración: la cámara no se limita a observar cómo bailan sus protagonistas, sino que se mueve con ellos y convierte el cuerpo, la música y los espacios en elementos fundamentales para contar la historia. Una mirada que busca, además, alejarse de los códigos más convencionales de la ficción adolescente y acercarse a una generación desde su propia realidad.
Núria Dunjó, por su parte, llega al proyecto con una escritura en la que ya encontramos muchas de las inquietudes que recorren A fuego. Desde el cortometraje Harta hasta La buena hija o Jone, a veces, Dunjó se ha acercado a personajes jóvenes desde una perspectiva íntima y social, hablando de relaciones familiares, identidad, vulnerabilidad y de ese complicado tránsito hacia la edad adulta. En A fuego, esa sensibilidad encuentra un nuevo territorio en el musical. Junto a Estel Díaz, utiliza la danza para hablar de salud mental, presión, amistad, familia elegida y de la necesidad de encontrar un lugar al que pertenecer.
Pregunta: Ya sé más o menos cómo nació la película, pero me gustaría que me explicarais cómo llegó A fuego a vuestras manos y cómo empezasteis a trabajar juntas.
Estel Díaz: Fue una propuesta de 3Cat. Primero contactaron conmigo y me dijeron que querían hacer algo sobre jóvenes y baile. Y, a partir de ahí, nos dieron bastante libertad.
Incorporé a Núria, aunque en realidad no nos conocíamos de antes. Ha sido un match muy guay. Empezamos a trabajar mucho, hablando de qué temas podían afectar a la generación Z y pensando también en cómo habíamos vivido nosotras nuestra propia adolescencia, haciendo un poco ese doble acercamiento al tema.
Después de hablar muchísimo empezamos a escribir. También nos documentamos mucho: hablamos con personas de la edad de los protagonistas, con profesores de nuestro entorno y con el psiquiatra Francesc Casanovas, que nos ayudó muchísimo a construir el arco de los personajes, sobre todo con todo lo relacionado con la salud mental y otras cuestiones.

Así que el proceso fue un poco ese: primero documentarnos mucho, de una manera muy implicada y también desde un punto de vista bastante personal, y después ponernos a escribir.
P: Núria, cuando Estel te propone participar en una película de baile dirigida especialmente al público joven, ¿qué pensaste?
Núria Dunjó: Pues a mí me encantan los musicales, te lo tengo que decir. Cuando Estel me llamó, como no nos conocíamos, pensé: «Bueno, vale». Y me dice: «Una película de baile, para jóvenes…». Y yo dije: «Hombre, pues claro que sí, me parece divertidísimo».
Entonces empezamos a buscar qué cosas nuestras podíamos incorporar. Y, evidentemente, la denuncia social siempre está ahí. También hemos aprovechado para hablar de temas que nos preocupan, que nos interesan y que creemos que están de actualidad y que, a veces, continúan siendo un poco tabú, como la salud mental entre los jóvenes. Un poco de ahí viene todo esto.
Estel Díaz: En realidad es inevitable poner algo de lo que tú ves, de lo que piensas y de tu entorno. Queríamos alejarnos del contenido adolescente más típico, que a veces sigue un poco ese ABC de: «Esta serie ha funcionado, pues hacemos esta otra, pero en versión tal».
Como nos dieron mucha libertad dijimos: «Alejémonos de eso y hagamos un poco lo que nos hubiera gustado ver a nosotras».
Hablábamos mucho de eso: qué nos gustaba ver y qué nos gustaría que volviera a existir, pero adaptándolo al entorno actual. Y eso ha hecho que acabemos poniendo mucho de nuestros amigos, de la esencia de ahora y de las realidades que vemos. Te permite acercarte un poco más, tocar tierra; no intentar tanto fabricar un producto, sino acercarte más a la realidad.
Las Tres Chimeneas y el búnker
P: Y entonces encontráis un escenario que acaba convirtiéndose prácticamente en un personaje más de la historia. ¿Cómo llegáis a las Tres Chimeneas y a convertir el búnker en un elemento tan importante de A fuego?
Núria Dunjó: Era muy importante. Ya teníamos muy claro que sería un personaje más. Al principio, evidentemente, no teníamos las Tres Chimeneas. Era algo que nos planteábamos, pero siempre tuvimos muy claro que tenía que ser un espacio que, de alguna manera, hubiera quedado abandonado, que la sociedad ya no quisiera o que estuviera en proceso de convertirse en otra cosa.

También era una oportunidad para hablar de la especulación inmobiliaria. Por eso era muy importante para la película y para nosotras. Y cuando aparecieron las Tres Chimeneas quedó clarísimo que tenía que ser un espacio como ese.
Estel Díaz: Sí. La película está muy situada en Barcelona, al menos en el área metropolitana. Al final, creo que dos de las chimeneas están en Sant Adrià y una en Badalona. Yo soy de Badalona y reivindico mucho el extrarradio y otras estéticas del área metropolitana.
Y creo que situar tanto la película aquí, en un entorno tan cercano, hacía imposible no hablar de las problemáticas que realmente existen aquí.
También hay algo muy interesante: coger un espacio que ha sido descartado porque no ofrece un beneficio económico conecta mucho con esa necesidad de los jóvenes de decir: «Me quedo con lo que me dejan».
Si quiero hacer algo, no quiero hacerlo con un propósito especulativo ni pensando en el consumo, sino por ocio, por disfrute, por conexión, para tener una red, una comunidad y crear algo propio.
Creo que eso es muy bonito porque es un entorno que puede resultar muy hostil. Cuando entras tiene una estética muy dura, todo ese hormigón, ese gris… Pero al mismo tiempo tenía algo de catedral. Desde fuera ya es muy imponente y, cuando entras, también aparece esa luz.
Y creo que es muy bonito colocar a los personajes que tenemos, con colores tan brillantes, con tanta energía, bailando y aportando todo ese arte, dentro de un entorno que, en principio, debería expulsarlos, pero que ellos terminan haciendo suyo.
Núria Dunjó: Totalmente.
Estel Díaz: Al final nos ha quedado un poco como una metáfora de todo.
Núria Dunjó: Y lo interesante de esos espacios es que quizá vuelvan a perderlos. Pero la gracia está en que ellos son el búnker. Continuarán y encontrarán otro lugar donde seguir haciendo sus cosas y donde volver a encontrar ese espacio de comunidad.

La falta de espacios para los jóvenes
P: Esto que explicáis conecta mucho con una realidad que vive la gente joven que baila en la calle. Se están perdiendo espacios como Glòries u otros lugares de Barcelona donde antes se podía ensayar o bailar
Estel Díaz: Aquí, en el Mercat de Sant Antoni, también está prohibido. Hay carteles que lo prohíben.
Núria Dunjó: Pero la gente encontrará lugares nuevos.
Encontrar actores que también resultaran creíbles bailando
P: Una de las cosas más complicadas debía de ser encontrar bailarines y actores capaces de transmitir exactamente lo que queríais. ¿Cómo planteasteis el casting?
Estel Díaz: Había una doble faceta. Hicimos el casting y Núria también estuvo bastante presente en el proceso porque, desde el guion, cuando escribíamos, ya definíamos un poco el estilo de baile.
No se trataba únicamente de decir clásico, urbano y demás, sino de cómo bailan, por qué utilizan el baile y cómo se expresan a través de él.
En el caso de Lola, por ejemplo, definimos todas las piezas de baile dependiendo del momento de su arco emocional en el que se encuentra. Cuando está en el parking es algo así como: «No puedo bailar porque me recuerda a mi hermano, pero lo intento, a ver si entiendo qué me está pasando, a ver cómo puedo superarlo».
Y la última pieza, por ejemplo, ya significa: «Me abro completamente».
Después, cuando buscábamos a los actores principales, teníamos todo esto muy presente. Necesitábamos encontrar a alguien capaz de transmitirlo, más allá de tener un nivel alto de interpretación y un determinado nivel de baile.
En el caso de Zoé, por ejemplo, lo recuerdo muy claramente porque pedimos que cada uno preparara una pieza de baile para el casting, además de la secuencia que tenían que interpretar.
Y la propuesta de Zoé era muy diferente de las demás porque bailaba para ella misma, hacia ella. Bailaba muchísimo desde su personalidad. Hacía un paso, se escuchaba, se movía de una determinada manera y entonces surgía el siguiente paso.
Era muy guay y definía muchísimo al personaje. Se parecía mucho a lo que nosotras habíamos imaginado para Lola.

Un poco así elegimos a los actores principales.
Bailarines reales para dar autenticidad al búnker
Estel Díaz: Y para el casting de calle, desde el principio dije que quería que viniera una persona y nos hiciera el casting de bailarines y de toda la gente que debía estar en el búnker.
Aunque no bailaran, quería que fueran personas que acudieran a batallas de baile o que tuvieran el baile presente en su entorno. No importaba el nivel, porque tampoco tenían que ser necesariamente grandes bailarines. Tenían que tener personalidad y ganas de darlo todo.
Y de ahí salieron todos los extras, que son maravillosos. Nos gustaron tanto que acabamos dándoles frases y pequeñas cosas de vez en cuando porque eran muy guays.
Núria Dunjó: Era espectacular verlo. Tengo que decir que a mí no me gustan nada los rodajes, pero esta es una de las cosas más espectaculares que he visto: los momentos en los que se celebraban esas batallas en el búnker y veías a todos los bailarines dándolo todo.
Era realmente espectacular. Muy emocionante.
Estel Díaz: Hubo un momento en el que hicimos una especie de asalto. Dijimos: «Mira, tú más o menos saldrás de aquí y bailarás lo que te salga; tú saldrás de aquí…». Pusimos la música y aquello empezó a funcionar.
Y claro, uno bailando aquí, otro allí… Fue increíble.
Fue así porque eso no puedes inventártelo. Nosotras imaginábamos algo muy guay porque habíamos visto vídeos y demás, pero lo que aparece en la película es lo que surgió en aquel momento.
Porque ellos lo bailan. Zoé lo decía antes: hacían mucho freestyle. Yo no puedo decir: «Hazlo así, haz esto». No lo sé. Lo tienen que aportar ellos. Y creo que eso es muy bueno.
Una manera diferente de filmar la danza

P: Hay momentos en los que parece que estemos viendo un musical de toda la vida, pero al mismo tiempo la cámara tiene una libertad enorme. Sobre todo en esos movimientos circulares en los que va pasando de un bailarín a otro. ¿Cómo lo planteasteis?
Estel Díaz: El operador que hacía esos planos circulares, Peke, era increíble. Es un tío increíble y es muy fácil trabajar con él. Además, generaba una dinámica muy buena con los bailarines. Es superobservador y entiende muy bien el movimiento.
Y después están la montadora y la ayudante de montaje, que encuentran el tiempo perfecto. Tú ruedas muchísimo y dices: «A ver qué sale». Y ellas lo han montado con un ritmo que creo que te lleva muy bien.
Y lo que comentas del movimiento circular surgió porque yo los veía allí y, desde cualquier ángulo, era guay. Era un poco: «Grabadlo todo, enseñadlo todo».
P: Es una manera de filmar que recuerda mucho a los vídeos que hacen los propios bailarines en la calle y que después comparten en las redes sociales.
Estel Díaz: Es que eso también era una referencia. Más allá de mirar videoclips y todas esas películas que hablan sobre ello, también miramos muchísimo las redes sociales.
Es muy guay ver el vídeo de un chico que coloca la cámara y se graba bailando, porque es algo muy directo, muy fresco. Y el búnker tenía que ser eso.
No tenía que ser algo excesivamente montado. No era Un paso adelante, no iba por ahí. Era otra cosa. No tenía sentido hacerlo de esa manera.
Personajes que parecen personas reales
Pregunta: Precisamente esa es una de las cosas que más me han gustado. Los personajes parecen auténticos. Los ves y puedes pensar: «Este podría ser un amigo mío». Incluso Andy parece alguien con quien realmente podrías encontrarte cualquier día.
Estel Díaz: Es lo mejor que nos puedes decir.
Núria Dunjó: Al final la película habla mucho de la comunidad que se crea entre ellos y de esa familia elegida que consiguen generar.
Por eso creo que también es importante que la gente vaya a verla al cine y que la comparta.
Andy y la figura del maestro de ceremonias
P: Andy me parece un personaje muy particular. Tiene algo del maestro de ceremonias de Cabaret. Cuando dice «Welcome to the Bunker» es casi como entrar en otro mundo.
Estel Díaz: Es que está basado en dos personas, dos amigas.
Yo formo parte de un colectivo con el que hacemos fiestas que se llama Futuroa. Hacemos fiestas que son concursos drag. Yo no vengo del mundo del baile, pero eso sí que lo entendía: esa figura del presentador, la gente bailando…
Hay mucho de Andy que viene de esas dos personas, de Xavi y Albi. Y después, durante el rodaje, Omar empezó a aportar muchísimo más, evidentemente.

Hizo una broma que, cuando Albi vio después la película, dijo: «Ostras, eso lo digo yo». Y yo le dije: «Albi, eso no lo escribimos nosotras. Lo hizo el propio Omar».
Creo que eso es lo que le da veracidad. Yo no puedo inventármelo. Son muy reales. Albi y Xavi son presentadores de esos concursos, son MC. Así que es como adaptar el MC de Cabaret a la vida contemporánea.
Nosotras no nos lo hemos inventado. Lo hemos cogido de lo que realmente vemos a nuestro alrededor.
Nico, la exigencia y la cara más oscura de la danza
P: Y después tenemos a Nico. La película muestra que el mundo del baile también tiene una parte muy dura, incluso oscura: la exigencia, la necesidad de alcanzar la perfección y llevar el cuerpo hasta el límite.
Estel Díaz: Tiene mucho que ver con el deporte. Creo que es algo que hemos visto mucho en el deporte, esa necesidad de competir, de machacarte y demás.
Pero el baile tiene ese punto perverso, y todavía más en la danza clásica, de que no debe notarse. Tiene que quedar precioso, todo debe parecer perfecto. Y entonces, en realidad, se convierte en una especie de trampa.
Núria Dunjó: Sí, llevar los cuerpos muchísimo al límite para conseguir un resultado perfecto y precioso sin que se note.
Recuerdo que nos llegaban muchas historias de bailarines. Sobre todo cuando hablábamos de Nico. Veíamos documentales sobre gente que incluso tomaba analgésicos antes de salir al escenario.
Estel Díaz: Es que el propio Miquel nos lo explicaba. Cuando yo le transmití todo esto durante los primeros ensayos y después, durante el rodaje, Miquel, que es el actor que interpreta a Nico, me decía: «Sí, sí, es que yo tengo amigas que hacían esto. Yo lo he visto. Esto es así».
También vimos un documental sobre niños que querían entrar en una gran escuela de danza. Y era muy heavy, porque son niños. Es duro de ver.
La música como identidad de A fuego
P: Y una última cosa: la banda sonora. La música acaba quedándose en la cabeza durante toda la película y prácticamente se convierte en una parte más de la identidad de A fuego.
Estel Díaz: Sí, eso es muy bueno. Estoy muy contenta de que a la gente le esté gustando y de que realmente se esté convirtiendo en la identidad de la película.
Espero que sí, que de repente esto pueda ir más allá. Que se conozca mucho aquí, en Cataluña, pero que después pueda llegar mucho más lejos.