Florecer
Quien pensó en un futuro compartido
fue lo bastante valiente para creer en él.
Pero los corazones compartidos no siempre echan raíces,
y arrancar una flor para plantar otra
nunca es tan fácil como parece.
A menudo resulta más sencillo conservar lo conocido
que atreverse a cultivar un nuevo jardín.
El miedo a salir de la zona de confort
termina pesando más que la ilusión.
Es en los momentos más difíciles
cuando las máscaras caen
y las personas se revelan tal como son.
Increíble cómo algunos vínculos se desvanecen
cuando llega el momento de demostrar su fortaleza.
Y, aun así, resulta inevitable darse cuenta
de cómo se evita un encuentro,
de cómo unos pasos cambian de dirección
para no tener que enfrentarse a una mirada.
Quizás haya miedo.
Miedo a descubrir lo que se perdió.
Miedo a recordar lo que pudo haber sido.
Porque algunas oportunidades solo pasan una vez,
y dejarlas escapar también es una elección.
Mientras tanto, la flor sigue viva,
más fuerte, más consciente, más libre.
Y cuando alguien mira atrás preguntándose qué habría pasado,
la vida sigue abriendo nuevos caminos
para quien ha aprendido que su valor
nunca ha dependido de nadie, sinó de uno mismo