La trama invisible de la realidad

Lattice, conciencia y el misterio de percibir

Hay realidades que vemos, otras que imaginamos y quizás haya una trama invisible entre ambas que todavía no sabemos nombrar.

¿Y si aquello que llamamos realidad no fuera exactamente lo que existe, sino lo que nuestra conciencia consigue percibir?

Esta pregunta, filosófica durante siglos, también ocupa a la ciencia: ¿cómo se transforma la actividad del cerebro en experiencia consciente?

Entre quienes exploraron ese territorio estuvo el mexicano Jacobo Grinberg-Zylberbaum, psicólogo y neurofisiólogo, investigador de la conciencia y fundador del Instituto Nacional para el Estudio de la Conciencia. Profesor de la UNAM (universidad nacional autónoma de México). Sus estudios abarcaron la neurofisiología, la meditación y las prácticas chamánicas. En 1991 publicó La teoría sintérgica, un modelo destinado a relacionar actividad cerebral, percepción y conciencia.

Una realidad que no simplemente observamos

Grinberg desapareció en 1994, en circunstancias nunca esclarecidas, esto rodeó su figura de un particular halo de misterio. Pero su desaparición no es el centro de esta historia, sino su manera de pensar la realidad.

En la vida cotidiana creemos que el mundo está allí afuera y que el cerebro se limita a registrarlo. Sin embargo, la psicología de la percepción muestra que no somos cámaras fotográficas: nuestro cerebro selecciona, organiza, interpreta y construye la experiencia.

Dos personas pueden atravesar una misma situación y vivirla de maneras profundamente distintas. El acontecimiento puede ser el mismo; la experiencia, no.

En ese intervalo entre la actividad cerebral y lo que finalmente experimentamos se sitúa la pregunta que fascinó a Grinberg. Su respuesta fue la teoría sintérgica.

La Lattice: el tejido invisible

Uno de sus conceptos centrales es la Lattice, palabra que puede traducirse como entramado o retícula. Para Grinberg, no era solo una metáfora, sino una estructura fundamental del espacio: una matriz que contendría información y sobre la cual se configuraría nuestras experiencias perceptivas.

Según su modelo, la actividad de las redes neuronales genera un campo neuronal. Este campo interactuaría con la Lattice y, de esa interacción, surgirían los colores, sonidos, formas, sabores y texturas que reconocemos como realidad perceptual.

La sintergia, neologismo que combina síntesis y energía, describiría el grado de coherencia, densidad informacional y frecuencia de esa interacción. Cuanto mayor fuera la sintergia, más unificada y menos fragmentada sería la experiencia.

En los estados ordinarios, el campo neuronal introduciría distorsiones que producen objetos, tiempo y separación. En estados de alta coherencia, como los asociados por Grinberg con la meditación profunda o ciertas prácticas chamánicas, esas distorsiones disminuirían y podría emerger una percepción de unidad, en la que sujeto y mundo dejarían de oponerse.

La propuesta se aparta del realismo ingenuo, según el cual existe un mundo completamente formado que solo debemos descubrir. Se acerca, en cambio, a una concepción en la que la conciencia participa en la configuración de la experiencia mediante su interacción con la estructura del espacio.

El cerebro no sería un receptor pasivo, sino parte de un proceso en el que se articulan percepción, memoria, cuerpo y entorno. Ver un árbol, recordar una infancia o sentir angustia no serían actos puramente receptivos, sino acontecimientos relacionales. La conciencia aparecería como una relación, no como una cosa encerrada dentro del cráneo.

En esa misma línea se encuentran los llamados potenciales transferidos: resultados experimentales que Grinberg interpretó como indicios de que dos cerebros, en estados de coherencia, podían sincronizarse a distancia sin mediación sensorial, como si compartieran un mismo campo.

La teoría también desafía la imagen del individuo como espectador de un mundo ya terminado. El sujeto no estaría simplemente frente a la realidad: participaría en su configuración.

Entre la provocación filosófica y el límite científico

La potencia de estas ideas no debe confundirse con su confirmación científica. La teoría sintérgica es un modelo especulativo, y varias de sus afirmaciones —en especial las que vinculan la conciencia con una matriz energética o con la física cuántica— no forman parte del consenso de la neurociencia contemporánea.

Su valor puede encontrarse menos en ofrecer una explicación definitiva que en mantener abierta una pregunta fundamental: ¿cuánto de aquello que llamamos realidad pertenece al mundo y cuánto a nuestra manera de percibirlo?

Una pregunta que sigue abierta

Tuve el privilegio de conocer, en un curso sobre medicina cuántica, a un alumno de Grinberg de la Facultad de Psicología mexicana, vinculado con chamanes de la montaña. Su incansable búsqueda, sin duda, había dejado huella en sus discípulos que seguían investigando.

Tal vez la trama invisible no sea algo que debamos encontrar afuera. Tal vez comience allí donde dejamos de mirar la realidad como algo terminado y nos atrevemos a preguntarnos cómo participamos, instante a instante, en la experiencia de habitarla.

Ojalá este artículo te haya contagiado ganas de ir más profundo en tu conciencia.

A brillar con cada experiencia, que a eso vinimos. ¡Siempre espero tus comentarios!

Anhelo para vos un octubre de bonitos encuentros con los misterios de la vida.

Me encanta llamarlos serendipias.

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