Mis senos, mi territorio
Los senos… esa parte de nuestro cuerpo de mujer sobre la que todo el mundo opina, pero nosotras, ¿cuánto nos detenemos realmente a conocerlos?
Se han convertido en símbolo, en reclamo, en medida estética, en zona erótica; pero pocas veces en territorio propio. Esto, aunque no lo parezca, influye bastante en cómo nos vivimos después en la intimidad.
Desde la antigüedad han tenido un peso enorme. En muchas culturas eran representación de vida, de alimento, de protección. Piensa en las figuras prehistóricas donde el pecho era prominente, casi descomunal, como señal de fertilidad y abundancia. Por supuesto, no había juicio estético ahí, sino algo más cercano a la reverencia.
Con el paso del tiempo, esa mirada fue cambiando y desplazándose hacia otra cosa: la comparación, la corrección, la exposición constante, la sexualización. Muchas de nosotras hemos crecido con una relación algo incómoda con esta parte del cuerpo, ya sea por su forma, su tamaño, su sensibilidad, experiencias vividas o por todo lo que se ha ido quedando ahí a lo largo de los años.
Ahora bien, más allá de todo eso, me gustaría mencionar la capacidad de los senos para generar placer. Se estima que alrededor del 1% de las mujeres podemos llegar al orgasmo únicamente a través de la estimulación del pecho, según investigaciones publicadas en “The Journal of Sexual Medicine”. Puede parecer un dato pequeño, pero lo interesante no es la cifra, sino lo que revela: hay conexiones neurológicas directas entre los senos y las zonas de placer del cerebro. Es decir, no es solo “preliminar”, como tantas veces se ha simplificado.

Nuestros pechos no son solo una parte estética ni un “extra” dentro del encuentro íntimo. Están profundamente conectados con el sistema nervioso y con la respuesta sexual. De hecho, en estudios de neuroimagen se ha visto que la estimulación del pezón activa zonas del cerebro muy similares a las que se activan con la estimulación genital. Lo que significa que el cuerpo no los vive como algo secundario.
Además, tienen una relación directa con la oxitocina, esa hormona que influye en el vínculo, en la sensación de cercanía y en cómo se abre el cuerpo al contacto. Por eso, cuando el pecho entra en juego de una manera más cuidada, muchas mujeres notamos que todo el cuerpo responde de otra forma, como si se fuera preparando desde dentro. El tema es que esto no suele tenerse en cuenta.
Claro que para que todo eso ocurra, tiene que haber una relación previa con esa zona que no esté atravesada por tensión, prisa o desconexión. Esta es la cuestión ¡el pecho ha sido tocado muchas veces, pero sentido de verdad, no tantas! No hablo solo del toque que pueden darles nuestras parejas, compañerxs en la intimidad, sino nosotras mismas.
Un dato significativo en relación a esto es que no todas las formas de tocar sirven, ni siempre nos gusta lo mismo. Nuestro cuerpo no es igual todos los días, pues a lo largo del ciclo, la sensibilidad cambia. Hay momentos en los que el pecho está más receptivo, más vivo y otros en los que puede resultar incluso incómodo o necesitar otro tipo de contacto, más suave, más lento o simplemente ninguno.
Por eso no funciona aprender “una forma” y repetirla siempre. Lo que hoy nos resulta agradable, mañana puede no sentirse igual. Si esto no se tiene en cuenta, es fácil desconectarse sin entender muy bien por qué. A lo largo de la vida, además, los senos cambian. Cambian con la maternidad, con el paso del tiempo, con el peso, con las hormonas y esos cambios no siempre se integran bien. Hay etapas en las que se sienten ajenos, otras en las que pierden protagonismo, otras en las que directamente se evitan o pasan desapercibidos.

También influye cómo se nos toca, como ya he mencionado. Hay pechos que responden mejor a un contacto muy sutil, otros necesitan más tiempo, otros agradecen que se empiece lejos antes de llegar ahí. Lo que está claro es que no es una zona rápida. Sin embargo, muchas veces se entra directamente, sin preparación, como si fuera un botón que se activa sin más o algo para “amasar”.
Aquí entra también la parte relacional, pues muchos hombres han aprendido a relacionarse con el pecho desde lo visual o desde la excitación inmediata, pero no desde la escucha. Claro que si nosotras tampoco sabemos bien qué necesitamos ahí, es difícil que el encuentro vaya afinado. Por eso, más que esperar a que el otro acierte, ¿ por qué no empezar por conocernos nosotras mismas en esa zona?.
Esto significa saber cómo se siente, qué nos apetece, qué no, en qué momento… y poder expresarlo con naturalidad. Sin tener que dar demasiadas explicaciones, simplemente desde el reconocimiento de lo que hay. Comprobarás que cuando una empieza a habitar su pecho de verdad, también cambia la forma en que es tocada.
Con todo, siguen siendo una puerta importante en la experiencia corporal. Muchas mujeres descubrimos que cuando el pecho entra en la experiencia de forma más consciente, el resto del cuerpo responde de otra manera como si la apertura empezara antes de que ocurra nada más y fácilmente la apertura comienza desde ahí.
“No se nace mujer, se llega a serlo” — Simone de Beauvoir
Ese llegar a serlo, conlleva a un recorrido en el que partes de nuestro cuerpo necesitan ser revisitadas desde otro lugar, más propio, más honesto.
Mayo simboliza el mes de la maternidad, no solo desde lo que se da, sino también desde lo que se puede sentir. Por esto te dejo una pregunta sencilla: ¿qué relación tienes hoy con tus senos, más allá de lo que has aprendido sobre ellos?
Cuídate bien y vuelve a habitarte
“No se nace mujer, se llega a serlo” Simone de Beauvoir
En ese “llegar a ser”, hay muchas partes del cuerpo que necesitan ser revisitadas con otra mirada, más propia.
Ya sabes que mayo, es el mes dedicado a la maternidad, ¿ por qué no aprovecharlo para reconciliarnos con esta zona desde un lugar más amplio. No solo como símbolo de dar, sino también de sentir?.
Y si te apetece, míralo así: ¿qué relación tienes hoy con tus senos, más allá de lo que aprendiste sobre ellos?
Cuídate bien y vuelve a habitar lo que es tuyo.
Abhaya Fdez. de Castro
@laviadeltantra.abhaya