Carlos Barden: «Las películas de Guy Ritchie son como una montaña rusa: te subes al carrito y te preparas para disfrutar»
Hay actores que convierten cualquier personaje en una presencia magnética en pantalla. Carlos Bardem pertenece a esa categoría. A lo largo de su trayectoria ha dado vida a villanos memorables, personajes complejos y hombres marcados por sus contradicciones. Ahora regresa al cine internacional con En la Zona Gris, la nueva película de Guy Ritchie, compartiendo reparto con Jake Gyllenhaal, Henry Cavill y Eiza González.
Con motivo de su estreno, conversamos con él sobre el rodaje, la manera de trabajar del director británico, la construcción de Manny Salazar —un multimillonario tan carismático como despiadado— y sus próximos proyectos tanto en el cine como en la literatura. La conversación también nos lleva a recordar su paso por el Festival Pedra del Diable y a reflexionar sobre el placer de interpretar personajes moralmente ambiguos.
«Guy Ritchie convirtió el rodaje en un auténtico parque de atracciones»
P: He visto En la Zona Gris y la verdad es que me lo he pasado en grande. Es una película que no da un respiro y transmite la sensación de que vosotros también disfrutasteis muchísimo durante el rodaje. ¿Fue realmente así?
Carlos Bardem: Absolutamente. Es uno de los rodajes más divertidos que recuerdo.
Muchas veces se dice que el ambiente de una película depende del equipo, pero yo creo que quien realmente marca el tono es el director. Guy Ritchie tiene un sentido del humor extraordinario. Es un hombre muy divertido y con una enorme capacidad para generar un clima de trabajo relajado.
Ese humor tan británico que caracteriza sus películas no solo está presente en el resultado final, sino también durante el proceso de rodaje. Todo el mundo trabajaba con una sonrisa y eso termina trasladándose a la pantalla.
Cuando veo la película vuelvo a recordar aquella sensación de estar disfrutando constantemente. Es un rodaje que guardo con muchísimo cariño.

«No hice casting; me ofrecieron directamente el papel»
P: ¿Cómo llegó el proyecto a tus manos?
C. B. : Fue bastante inesperado.No tuve que hacer casting. La propuesta llegó directamente a través de mi representante en Los Ángeles. Recuerdo perfectamente la llamada.
Me dijeron:
—«¿Te gustaría interpretar al villano de la próxima película de Guy Ritchie junto a Jake Gyllenhaal y Henry Cavill?»
Imagínate.
Mi respuesta fue inmediata:
—«Suena muy bien. Envíame el guion.»
Lo leí y me gustó muchísimo. Pero ocurrió algo muy curioso. Pasé más de dos meses estudiando el personaje, analizando cada escena y preparando los diálogos… Y cuando llegué al rodaje descubrí que prácticamente nada seguía igual.
El método Guy Ritchie
P: ¿Cambió tanto?
C. B. : Muchísimo. Ese es uno de los rasgos más particulares de Guy Ritchie. Reescribe constantemente. Llega al set, observa lo que ocurre, escucha a los actores y vuelve a escribir las escenas sobre la marcha. Yo había memorizado un guión durante semanas y terminé rodando frases completamente distintas. El primer día me produjo cierto vértigo porque estás acostumbrado a llegar con todo perfectamente preparado. Pero enseguida comprendí que ese era precisamente su método de trabajo. No improvisa porque sí, reescribe para aprovechar lo que está ocurriendo delante de la cámara. Y cuando entiendes esa dinámica, el proceso se vuelve apasionante. Te obliga a permanecer completamente presente: A escuchar, a reaccionar, a estar vivo como actor.

«Los grandes directores saben escuchar»
P: Entonces también pudiste aportar matices al personaje.
C. B. : Guy tiene las ideas muy claras, pero escucha muchísimo. Creo que esa es una de las características que diferencian a los grandes directores. Saben perfectamente qué película quieren hacer, pero al mismo tiempo entienden que el trabajo interpretativo también es un proceso creativo. No se trata de imponer, se trata de construir entre todos, eso sí…, también exige muchísimo, quiere que estés disponible para cambiar cualquier cosa en cuestión de segundos. Si una escena cambia completamente cinco minutos antes de rodarla, espera que seas capaz de incorporarla inmediatamente. Esa exigencia hace que estés permanentemente alerta y , curiosamente, eso termina siendo muy estimulante.
Construyendo a Manny Salazar
P: Tu personaje es un villano, pero nunca resulta un villano convencional. Tiene ironía, sentido del humor y magnetismo.
C. B. : Yo siempre intenté huir del malo de caricatura. Aunque la película tiene un tono muy lúdico y muy irónico, detrás del personaje existe una reflexión bastante seria. Mientras preparaba a Manny había una frase de Balzac que no dejaba de dar vueltas en mi cabeza: «Detrás de toda gran fortuna hay un crimen.». Creo que define perfectamente al personaje. Manny es uno de esos grandes multimillonarios para quienes todo tiene un precio. Tiene la curiosa costumbre de pedir dinero prestado…. Y eliminar las deudas eliminando también a los acreedores, es una exageración, por supuesto, pero funciona como una sátira muy divertida sobre determinados poderes económicos.
Porque creo que los personajes interesantes nunca son completamente malos. A mí siempre me interesa encontrar qué justifica las acciones de un personaje, aunque luego haga cosas terribles.

Si un actor interpreta al malo pensando que es un villano, normalmente termina construyendo un personaje plano, en cambio, Manny Salazar jamás piensa que está haciendo nada incorrecto. Él considera que simplemente juega con unas reglas determinadas, Lo que ocurre es que esas reglas son profundamente perversas. Ahí está la gracia.
Lo divertido es que Guy Ritchie utiliza el humor para hablar de asuntos muy serios, nos está hablando del poder financiero, de cómo funcionan determinadas estructuras económicas, de personas para las que la vida humana acaba reducida a cifras.
Y consigue hacerlo mediante una película de acción tremendamente entretenida.
Nadie es completamente bueno

Una de las cosas que más me gustan de En la Zona Gris es precisamente eso, no existen héroes puros. Todos los personajes se mueven dentro de una enorme zona gris, los supuestos buenos tampoco son tan buenos, todos participan de un sistema donde las fronteras morales son muy difusas, y eso hace que la película tenga muchas más capas de lectura de las que parece.
Porque detrás de la acción y del humor hay una reflexión bastante dura sobre el funcionamiento del poder económico, las grandes finanzas y la violencia que muchas veces permanece oculta detrás de las decisiones aparentemente legales.
Guy consigue hablar de todo eso…, sin dejar de hacer una película tremendamente entretenida.
«Entre acción y ‘corten’ todo funciona exactamente igual»
P: Has trabajado con grandes nombres del cine internacional y En la Zona Gris vuelves a compartir reparto con actores como Henry Cavill, Jake Gyllenhaal o Eiza González. Desde dentro, ¿hay realmente tanta diferencia entre un rodaje de Hollywood y una producción independiente, o al final el oficio del actor sigue siendo el mismo?
C. B. : La verdad es que no. He tenido la fortuna de trabajar bastante fuera de España y de coincidir con actores extraordinarios como Luke Evans, Pierce Brosnan, Michael Fassbender o Marion Cotillard. Y si algo he aprendido es que los grandes profesionales suelen compartir una característica: la enorme normalidad con la que viven su trabajo.
Al final, entre el «acción» y el «corten», el cine funciona exactamente igual en una superproducción de cientos de millones de dólares que en un cortometraje rodado con muy pocos recursos. El mecanismo es idéntico: Un actor escucha, responde, se relaciona con el compañero, busca la verdad del personaje, todo lo demás desaparece.

Por eso los buenos actores se reconocen enseguida entre ellos. Da igual la nacionalidad o el presupuesto de la película. Cuando alguien domina el oficio, se nota inmediatamente.
«Guy Ritchie convierte una explicación económica en una escena apasionante»
P: Hay un aspecto que me llamó especialmente la atención mientras veía la película. En medio de toda esa acción frenética, Guy Ritchie introduce voces en off, gráficos y explicaciones que ayudan al espectador a entender toda esa compleja maquinaria financiera sin que la narración pierda ritmo. ¿Cómo consigue equilibrar entretenimiento y didactismo con tanta naturalidad?
C. B. : Ese es uno de los grandes talentos de Guy, tiene una enorme capacidad para explicar cosas complejas de una forma tremendamente entretenida, puede detener la acción para contarte cómo funciona una operación financiera…, y consigue que sigas pegado a la butaca. Eso es muy difícil. Las películas de Guy tienen algo de mecanismo de relojería, todo parece improvisado, pero en realidad está perfectamente calculado.
Su manera de utilizar la narración en off, los gráficos o esas pequeñas rupturas del ritmo es una de sus señas de identidad, y además siempre están al servicio del espectáculo, nunca son una lección, son parte del entretenimiento.
«Tenerife puede convertirse en cualquier lugar del mundo»
P: Otro de los grandes protagonistas de En la Zona Gris es el escenario. Hay momentos en los que cuesta creer que muchas de esas localizaciones pertenezcan a Tenerife. ¿Qué aporta una isla como esta a una producción internacional de estas dimensiones?
C. B. : Tenerife es una localización extraordinaria. España tiene una enorme ventaja para el cine, puedes encontrar prácticamente cualquier paisaje: Desierto, montaña, bosque, costa, selva, en muy pocos kilómetros y eso hace que producciones internacionales vengan continuamente a rodar aquí.
En el caso de Tenerife ocurre algo especial porque tiene una personalidad visual increíble y además puede transformarse en muchos lugares diferentes dependiendo de cómo la filmes por no hablar que cuenta con unos equipos técnicos magníficos.
«El ambiente que había detrás de la cámara terminó apareciendo en pantalla»
P: Hay algo que también se percibe como espectador: la complicidad entre todo el reparto. Más allá de la acción, da la sensación de que existía un ambiente de trabajo muy especial y que todos disfrutabais realmente del rodaje. ¿Era así también detrás de las cámaras?

C. B. : Porque realmente fue así. Henry Cavill es encantador, Jake Gyllenhaal también, Eiza González es maravillosa y Fisher Stevens, que interpreta a mi abogado, es un actor divertidísimo, nos reíamos muchísimo entre toma y toma y creo que eso termina notándose, hay películas donde percibes cierta tensión, aquí sucede justo lo contrario, se nota que todos estábamos disfrutando.
Pero vuelvo a insistir en algo, eso nace siempre del director y Guy crea un ambiente donde todo el mundo quiere aportar y donde trabajar resulta un placer. Y de verdad que cuando un director consigue eso y la película gana muchísimo.
Rodar acción: paciencia y precisión
Carlos Garries: Las escenas de acción tienen una espectacularidad enorme y, como espectadores, solemos fijarnos solo en el resultado final. Sin embargo, imagino que detrás de cada secuencia hay horas de preparación y un trabajo muy minucioso. ¿Cómo se vive ese proceso desde dentro?
C. B. : Rodar acción exige una preparación enorme y cada movimiento, explosión, caída, desplazamiento de cámara debe estar muy calculado.
Desde fuera parece espontáneo pero detrás hay un trabajo técnico gigantesco y eso requiere paciencia porque hay jornadas donde puedes pasar horas preparando una única secuencia y después, cuando la ves montada, entiendes perfectamente por qué ha merecido la pena porque el resultado es espectacular.
Siempre digo que rodar una película de acción consiste en construir y destruir un parque de atracciones delante de tus ojos. Y eso también tiene algo fascinante.
«Interpretar personajes oscuros sigue siendo lo más divertido»
P: Llevas casi tres décadas delante de las cámaras y has dado vida a algunos de los personajes más complejos del cine español e internacional. Mirando atrás, desde aquellos primeros papeles hasta Manny Salazar en In the Grey, ¿cómo ha evolucionado tu manera de construir un personaje?

C. B. : Han cambiado muchas cosas… Han pasado casi tres décadas, más de ochenta trabajos entre cine y televisión y eso significa mucha experiencia, mucho aprendizaje, creo que ahora tengo un mayor dominio de la técnica y puedo construir personajes con más capas, más matices.
Pero hay algo que permanece exactamente igual: la diversión. Sigo disfrutando enormemente interpretando personajes que no tienen nada que ver conmigo.
En la vida real intento ser una persona amable por eso resulta muy divertido explorar esos lados oscuros que todos tenemos y que afortunadamente mantenemos bajo control. Eso es precisamente lo apasionante de este oficio, poder vivir otras vidas, comprender otras mentalidades, explorar emociones que jamás experimentarías en tu vida cotidiana.
Porque actuar consiste precisamente en eso: ponerse en la piel del otro. Y cuanto más distinto sea ese otro de ti… más interesante resulta el viaje.
Yo intento ser una persona tranquila en mi vida cotidiana. Precisamente por eso me resulta tan apasionante ponerme en la piel de personajes violentos, ambiguos o moralmente cuestionables. El cine te permite explorar lugares a los que nunca irías en la realidad.
Y continúa fascinándome.
«Escribir es completamente distinto a actuar»
P: Hasta ahora hemos hablado del actor, pero me gustaría detenerme en otra de tus grandes pasiones: la escritura. Acabas de anunciar Triángulo, una novela que llega después de títulos como Mongo Blanco o Badaq. ¿Qué va a descubrir el lector en esta nueva historia y qué inquietudes querías explorar con ella?
C. B. : Triángulo es una novela muy distinta. Siempre digo que, cuando trabajo como actor, soy plenamente consciente de que estoy al servicio de la historia de otro. Mi responsabilidad consiste en aportar todo lo posible a una narración que pertenece a un director y a un guionista.
En cambio, cuando escribo sucede exactamente lo contrario. La historia nace de mí. Los personajes, las decisiones, la estructura… todo responde a una mirada absolutamente personal.
Por eso disfruto tanto escribiendo. Son dos formas completamente diferentes de contar historias.
P: ¿Y cómo definirías Triángulo?
C. B. : Espero que sea una novela compleja, en el mejor sentido de la palabra.
Creo que los escritores somos, antes que nada, lectores. Escribimos los libros que nos gustaría encontrar en una librería. A mí me interesan las novelas que ofrecen distintos niveles de lectura, que permiten al lector descubrir cosas nuevas cada vez que vuelve a ellas.
Triángulo habla de muchas cuestiones al mismo tiempo. Es una novela sobre los escritores y el propio acto de escribir, pero también reflexiona sobre las nuevas masculinidades, las heridas históricas que siguen condicionando nuestra sociedad y, especialmente, sobre la violencia contra las mujeres.
Mi intención era que todos esos temas conviven dentro de una historia que atrapará al lector y lo acompañará hasta la última página.
«Durango perdido fue el diario de una auténtica locura»
P: Antes hablábamos de Triángulo, pero hay un libro que ocupa un lugar muy especial dentro de tu trayectoria literaria: Durango perdido. En él conviertes un rodaje tan complejo como caótico en un relato lleno de humor y humanidad. Mirándolo con perspectiva, ¿qué representa hoy ese libro para ti?
C. B. : Sí, fue una experiencia absolutamente delirante. Aquel libro nació porque el propio rodaje era tan extraordinario que parecía una novela en sí mismo.
Hay películas cuyo proceso de producción termina siendo casi tan apasionante como la historia que cuentan. Durango perdido es precisamente el relato de esa aventura.
Fue un rodaje lleno de situaciones inesperadas, dificultades y momentos muy divertidos. Creo que por eso conectó tan bien con los lectores.

«Conversación pendiente demuestra que no hacen falta grandes artificios para emocionar»
P: Después de una producción como In the Grey, sorprende encontrarte en un cortometraje tan íntimo como Conversación pendiente. Cecilia Gesa apuesta por una puesta en escena muy contenida, donde la emoción nace casi exclusivamente de los actores. ¿Qué fue lo que más te atrajo de este proyecto?
C. B. : Exactamente. Es un cortometraje que aparentemente parece muy sencillo, pero encierra una enorme complejidad interpretativa, no necesita grandes movimientos de cámara ni espectaculares recursos visuales. Todo sucede entre dos personas y precisamente ahí reside su dificultad.
Cecilia Gesa confía muchísimo en los actores. Le interesa especialmente la verdad de las emociones, cómo se desarrolla una conversación y todo aquello que queda sin decir. Eso obliga a trabajar desde un lugar muy íntimo y para un actor es un regalo. Y trabajar con Salva Reina es siempre un placer. Es un amigo al que quiero muchísimo y uno de esos actores capaces de pasar de la comedia al drama con una naturalidad extraordinaria. Hemos coincidido varias veces y siempre disfruto trabajando con él.
En Conversación pendiente creo que conseguimos construir una relación muy sincera entre dos hombres que arrastran muchas cosas sin resolver. Me gusta especialmente porque habla de esas conversaciones que muchas veces nunca llegamos a tener con las personas que más queremos, una buena historia siempre funciona, da igual el presupuesto, da igual el tamaño de la producción, lo importante es que exista una verdad emocional.
Conversación pendiente demuestra que puedes emocionar al espectador únicamente con dos actores sentados frente a frente.Y eso, para mí, tiene muchísimo valor.
El Atlàntida Mallorca Film Fest
P: Mientras hablamos te encuentras en Mallorca, participando en el Atlàntida Mallorca Film Fest. Vienes de presentar En la Zona Gris ante el público del festival. ¿Cómo está siendo la experiencia y qué significa para ti volver a encontrarte con los espectadores en un certamen como este?
C. B. : Sí, y está siendo una experiencia preciosa.
Ya había estado aquí hace unos años presentando Santuario, el documental que realizamos Javier Bardem y yo junto a Greenpeace y tenía un recuerdo magnífico del festival.
Ahora hemos regresado con In the Grey y la acogida ha sido fantástica.
Ayer proyectamos la película al aire libre, en un patio espectacular, con unas setecientas personas viendo la película.
Escuchar las risas, sentir las reacciones del público y comprobar cómo disfrutan de la historia es una de las mejores recompensas que puede recibir un actor.
Es en momentos así cuando recuerdas por qué merece la pena dedicar la vida al cine.
«El cine sigue siendo un trabajo colectivo»
Antes de despedirse, Carlos Bardem vuelve a insistir en una idea que ha aparecido varias veces durante toda la conversación: el cine es un trabajo profundamente colectivo.
Habla con admiración de Guy Ritchie, de Henry Cavill, Jake Gyllenhaal, Eiza González o Salva Reina, pero nunca desde el deslumbramiento, sino desde el respeto entre compañeros de profesión.
Quizá esa sea una de las claves de una carrera que supera ya las tres décadas: entender que, detrás de cualquier gran película, siempre existe un equipo dispuesto a construir una historia entre todos.
Y mientras espera el estreno de Triángulo y continúa alternando grandes producciones internacionales con proyectos mucho más íntimos, Carlos Bardem mantiene intacta la curiosidad y las ganas de seguir explorando personajes. Porque, como él mismo reconoce durante la entrevista, «lo más divertido para un actor es interpretar a alguien que no se parece en nada a ti».
Con En la Zona Gris, Guy Ritchie vuelve a demostrar su habilidad para combinar acción, humor y crítica social. Y Carlos Bardem añade un nuevo villano a una filmografía repleta de personajes memorables, confirmando una vez más que detrás de su imponente presencia en pantalla hay un actor que entiende la interpretación como un oficio en constante aprendizaje y una forma privilegiada de contar historias.