Cuando la química silencia el hambre

El cuerpo intervenido

Vivimos en una era que ha hecho del autocontrol una virtud y del cuerpo un proyecto.

La aparición de las ya famosas inyecciones quita hambre introducen una pregunta incómoda: ¿Qué nos ocurre cuando el deseo deja de ser una batalla y pasa a ser una variable farmacológica?

Desde hace siglos el hambre no fue solo una necesidad biológica. Fue también una metáfora, un motor, un lenguaje.

Hambre de alimento sí, pero también hambre de amor, de reconocimiento, de sentido.

El hambre organizaba el tiempo – el anhelo, la espera, la saciedad- y en esa oscilación construía subjetividad.

Hoy por primera vez de manera masiva una molécula puede atenuar este impulso. No lo disciplina, lo apaga suavemente.

Y entonces la pregunta deja de ser médica para volverse existencial.

Como persona obesa sé que el apetito nunca es sólo fisiológico sino que oficia también de compensación simbólica, refugio ante el vacío, regulador emocional.

El mayor temor entonces es qué aparecerá en su lugar cuando el comer deje de calmar.

Silenciar el hambre trae alivio. También podría dejar al descubierto aquello que antes estaba velado.

Ante esto la explicación recibida es que la molécula no solo interviene en el metabolismo sino –indirectamente- en la economía psíquica del deseo.

Consultantes en tratamiento reportan una sensación extraña: no solo comen menos sino que desean menos en general. Como si el circuito del querer se volviera más tenue.

Quienes padecemos esta enfermedad convivimos con la premisa que el valor estaba en dominar el impulso.

Dietas, disciplina, fuerza de voluntad. El cuerpo como campo de una batalla moral.

Ahora, sentados frente a un profesional se nos anuncia la posibilidad de una ruptura silenciosa. Ya no hace falta luchar.

Y nos lo planteamos dubitativos y desconfiados…Pero…Si no hay lucha…¿Dónde queda el mérito?. ¿ Y dónde la identidad construida en torno a esa lucha?.

Atestiguo dos reacciones.

Para algunos esto es libertad y ¡HURRA!. Para otros es una forma sutil de extrañamiento.

Algo se tensiona en todos ante esta posibilidad de tratamiento.

¿Estamos aliviando el sufrimiento, apostando a la salud?…¿O corrigiendo lo humano?

Nuestros cuerpos imperfectos, fluctuantes, deseantes, eran  belleza incompleta. Y hoy se propone regular un cuerpo optimizándolo con medicación.

Y este auge no ocurre en el vacío. Nos habla de una época de desbordes donde al mismo tiempo se teme al desborde. Que valora la eficiencia. Que medicaliza aquello que antes era conflicto.

Por tanto esto no solo modifica cuerpos sino que revela el tipo de sociedad que estamos construyendo.

En mi experiencia personal, con la decisión tomada de iniciar el tratamiento, luego de consultar, reflexionar y evaluar con profesionales de varias disciplinas ( cardiólogo , gastroenterólogo, diabetólogo, endocrinólogo y nutricionista) pros y contras,  ahondar en diversas opciones, llegué a la conclusión que el desafío era cómo habitar sus efectos sin perder la escucha interna.

El mayor temor que aparece es volver el propio cuerpo uno sin preguntas, perfectamente regulado, químicamente en calma. Un cuerpo sin historia definida.

Porque el hambre es para los obesos un lenguaje no saludable y donde no hay deseo que incomode, la fantasía es que tampoco habrá preguntas que transformen.

Si el cuerpo ya no pide. ¿qué narra?

¿Ya sólo será como editado, sin habitarlo por desconocerlo?

Creo que la visión es diferente. La apuesta es a la salud, la estética acompaña y verse más armónico, más aceptado socialmente, es también sanar el amor propio, algo extremadamente saludable para quien está excedido.

Volver el cuerpo más dócil, más eficiente, estando muy atento a no borrar su impronta se logra con atención plena.

La paz del alma es un trabajo que no es delegable a ningún químico, nos pertenece con exclusividad. Y consciente que de la conjunción de dosis correcta más comida saludable más movimiento responsable depende el éxito de este desafío. La disciplina personal en esta ecuación sigue ganando 2-1.

Lo orgánico atravesado por lo químico que aplaca a la loca de la casa –mente y protege al corazón y al metabolismo, tan exigidos por el sobrepeso, para que facilite el trabajo personal que es inexorable cumplimentar.

Nadie en su sano juicio duda que aquello que pueda mejorarse necesita ser corregido.

Muchos obesos han migrado por millones de intentos fallidos y quizás la frase que resume el momento de decisión es el pensamiento que no todo aquello que se apaga temporalmente deja de existir.

Siempre recuerdo una conferencia del creador de un método para tratar enfermedades llamado biodescodificación que consultado si había protocolo para obesidad dijo “es tan pero tan complejo el tema que desistí, tiene más de 54 traumas asociados. Y como verán tengo un interés especial en el tema jeje”.

Y quizás la ciencia con sus avances nos den el mismo mensaje que la expedición Barragán en su travesía por los mares: Que el hombre sepa que el hombre puede.

Tomarse unas vacaciones mentales de lo irrefrenable, para aprender nuevos hábitos no destructivos y que ubique los deseos, las elecciones y el proyecto de vida en un lugar que no oculte las emociones bajo grasa, no solo será más estético y celebrado por nuestra sociedad sino más saludable psíquica y físicamente.

Es importantísimo para este proceso tomarse fuertemente de la mano de un equipo experto interdisciplinario que explique con paciencia, acompañe y sostenga ante debilidades. Sumar la ayuda de un buen terapeuta con quien trabajar lo emocional que aflore y de luz al gran proceso de cambio que significa modificar la figura.

El cuerpo como sistema en busca de equilibrio y reconstrucción. Bienvenida la esperanza de mejorar la calidad de vida. Cuánta alegría trae consigo la esperanza.

A brillar que decidir es ya volvernos más luminosos.

Los abrazo con Paz. Que esa Paz  les envuelva el cuerpo y el alma y los anime a dar los pasos necesarios para mejorar en sus aspectos más carenciados. La ciencia cada vez más aceleradamente nos provee de valiosos aportes.

¡Nos reencontramos en junio!

Espero con alegría tus comentarios.

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