¿Qué hacemos con las cosas de quien ha fallecido?

¿Qué hacemos con las cosas de quien ha fallecido?

La ropa sigue en el armario. Los zapatos están en el mismo lugar de siempre. En la mesita de noche todavía está aquel libro que estaba leyendo, sus gafas… Cuando muere alguien a quien queremos, sus cosas siguen formando parte de los espacios que compartíamos. Y llega una pregunta que muchas personas se hacen durante el duelo: ¿qué hacemos con todas sus cosas?

La verdad es que no hay una respuesta correcta. Hay quien necesita guardarlo todo durante mucho tiempo, quien siente que necesita retirar algunas cosas pronto y quien prefiere ir tomando pequeñas decisiones a medida que pasa el tiempo. Lo más importante es entender que cada persona tiene su propio ritmo y que no hay ningún plazo que establezca cuándo estamos preparados para hacerlo.

Mucho más que objetos

Las pertenencias de una persona querida pueden adquirir un enorme valor emocional después de su muerte. Una prenda de ropa deja de ser solo una prenda de ropa. Puede conservar su olor, recordarnos un momento concreto o transportarnos, por unos instantes, a su presencia. Lo mismo puede ocurrir con unas gafas, una taza, un reloj, una fotografía o cualquier objeto aparentemente insignificante. Por eso, decidir qué hacemos con estas cosas puede remover tantas emociones.

A veces, el entorno puede pensar que mantener una habitación intacta o no querer tocar un armario significa no avanzar en el duelo. Otras veces ocurre justo lo contrario y sorprende que alguien decida donar la ropa o retirar objetos poco después de la muerte. Pero el duelo no puede valorarse a partir de estas decisiones. Guardar no significa necesariamente quedarse atrapado en el dolor, del mismo modo que desprenderse de algunas cosas no significa olvidar.

No hay prisa por decidir

Durante las primeras semanas o meses después de una muerte, tomar decisiones puede resultar especialmente difícil. Por eso, siempre que las circunstancias lo permitan, no es necesario precipitarse.

Quizás hoy no podamos abrir aquel armario y dentro de unos meses sí. Quizás necesitemos empezar por una sola cosa. O quizás queramos pedir a alguien de confianza que nos acompañe cuando llegue el momento. También podemos decidir conservar algunos objetos especialmente significativos y donar otros, repartirlos entre la familia o darles un nuevo uso. No es necesario tomar todas las decisiones a la vez. Lo importante es poder escucharnos y preguntarnos qué necesitamos, sin presiones.

También está bien. Hay personas que necesitan convivir durante mucho tiempo con los objetos de quien ha fallecido. En determinados momentos, ver aquella chaqueta colgada o aquella fotografía sobre un mueble puede aportar consuelo.

Con el tiempo, nuestra relación con aquellas pertenencias también puede cambiar. Aquello que durante los primeros meses resultaba imposible tocar puede llegar un día en que sintamos que ya podemos mirarlo de otra manera.

Conservar también puede ser una forma de recordar

Algunos objetos pueden convertirse en una bonita manera de mantener vivo el recuerdo. Podemos conservar una prenda especial, crear un pequeño espacio con fotografías o guardar en una caja aquellas cosas que tienen un significado particular.

Otras personas prefieren repartir objetos entre familiares o amistades, donar la ropa o conservar solo unas pocas cosas. Ninguna opción es mejor que otra. El vínculo con una persona no depende de la cantidad de cosas que conservemos de ella. Los objetos pueden ayudarnos a recordar, pero la historia compartida va mucho más allá de todo lo material.

Respetar el proceso de cada persona

Quizás esta sea la idea más importante. No deberíamos decidir por los demás cuándo es el momento de recoger, guardar o donar las cosas de una persona que ha fallecido.

Frases como «deberías empezar a retirar sus cosas» o «tenerlo todo igual no te hace bien» pueden añadir presión a un proceso que ya es suficientemente difícil. Podemos ofrecer ayuda, preguntar si la persona quiere compañía o ponernos a su disposición cuando lo necesite, pero respetando siempre sus decisiones y sus tiempos. Acompañar también es saber esperar.

En Agraïments acompañamos a personas y familias durante el proceso de duelo desde el respeto por cada historia y cada ritmo. Porque detrás de un objeto cotidiano puede haber mucho más de lo que vemos desde fuera.

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