Queer As Teatro +. Vamos a tener que ir al psicólogo después de esto

Vamos a tener que ir al psicólogo después de esto

Joaquim Bundó en el Teatre Aquitània: la comedia como terapia colectiva.

La evolución de la creatividad guionista de Joaquim Bundó

Joaquim Bundó no llega al teatro comercial barcelonés desde la formación académica del dramaturgo clásico, sino desde un recorrido autodidacta y multidisciplinar: estudió ilustración y diseño gráfico, fundó en su localidad natal una asociación cultural dedicada a la difusión del arte y el cine, y debutó como guionista y director con un cortometraje de misterio rodado con medios artesanales. Ese origen; la curiosidad visual, la voluntad de contar historias con los recursos disponibles, la experimentación en formatos pequeños antes de dar el salto a producciones mayores. Explica el tipo de autor en el que se ha convertido: un narrador que prioriza la eficacia dramática y el oficio de entretener por encima de la grandilocuencia formal.

Esa trayectoria se ha consolidado en el Teatre Aquitània, donde Bundó se ha especializado en la comedia de situación con un componente de misterio o revelación que vertebra la trama. En El medio, su propuesta anterior en la misma sala, ya ensayaba esta fórmula: una reunión aparentemente cotidiana que esconde un secreto perturbador, resuelto mediante un giro final. Vamos a tener que ir al psicólogo después de esto profundiza y madura esa misma arquitectura dramática “el encuentro familiar o de pareja que deriva en revelación”, pero la traslada del misterio doméstico de pareja hacia un terreno de mayor calado emocional: la familia, el amor y la identidad. Es significativo, además, que la dirección de esta nueva obra recaiga en Gemma Iglesias, intérprete de su anterior montaje: la evolución de Bundó como guionista incluye también la construcción de un equipo de confianza recurrente, signo de un autor que crece consolidando un lenguaje compartido con sus colaboradores antes que buscando notoriedad individual.

La comedia como medio para liberar dramas

El subtítulo no oficial de la obra podría ser una comedia con trampa”: bajo el ritmo trepidante, los giros inesperados y el humor que promete el texto de Bundó, se esconde un entramado de conflictos serios: amorosos, familiares, identitarios, etc.  que el espectador no anticipa al sentarse en la sala. Esta estrategia no es casual ni meramente comercial. La comedia funciona aquí como anestesia narrativa: permite que el público baje la guardia, se ría, se relaje, y solo entonces el texto introduce la verdad incómoda que articula el drama de fondo.

Ese mecanismo, reír primero para poder doler después, es, en realidad, un recurso terapéutico tan antiguo como el teatro mismo: la risa como permiso social para abordar lo que de otro modo resultaría demasiado doloroso de mirar de frente. El propio título de la obra lo confiesa sin pudor: “vamos a tener que ir al psicólogo después de esto” no es solo una frase ingeniosa para vender entradas, sino una declaración de intenciones sobre el propio mecanismo dramatúrgico. La comedia no esconde el drama, lo hace soportable; no lo evita, lo libera. Y al hacerlo en colectivo, en una sala llena de risas compartidas, Bundó convierte el patio de butacas en una suerte de diván improvisado donde el público procesa, a través del personaje, sus propios secretos y miedos no resueltos.

Los prejuicios

Vamos a tener que ir al psicólogo después de esto se construye, como buena parte de la comedia de enredo, sobre la base de los prejuicios: las suposiciones que los personajes hacen unos de otros, las etiquetas con las que se juzgan antes de conocerse del todo, y los secretos que cada uno guarda precisamente por miedo a no encajar en lo que la familia o la pareja esperan de él. El prejuicio funciona en la obra como motor cómico, el malentendido, la sospecha, la incomodidad social,  pero también como diana crítica: la pieza no se limita a explotar el prejuicio para generar risa, sino que termina exponiéndolo como aquello que impide a los personajes ser honestos entre sí desde el principio.

En ese sentido, la comedia de Bundó dialoga con una tradición de teatro popular que utiliza el enredo no solo como mecanismo de entretenimiento, sino como espejo social: se ríe de los prejuicios para, en el mismo gesto, desnudarlos. Cuando finalmente la verdad sale a la luz, como anuncia la propia sinopsis de la obra, “hay secretos que no deberían salir a la luz”, lo que se desmorona no es solo la trama, sino el andamiaje de suposiciones con el que los personajes se habían estado relacionando entre ellos.

La necesidad de saber de dónde y quiénes venimos: el cuestionamiento del hijo adoptado

El núcleo emocional más profundo de la obra remite a una de las preguntas más universales y a la vez más íntimas del ser humano: ¿de dónde vengo y quién soy en relación con mi origen? A través del cuestionamiento de un personaje sobre su condición de hijo adoptado, Bundó introduce en clave de comedia un tema que rara vez se trata con la liviandad necesaria para hacerlo accesible a un público amplio: la búsqueda de identidad biológica como parte constitutiva de la identidad emocional.

Esta pregunta ¿quién soy realmente, más allá de quienes me criaron? no se plantea como un simple giro de guion para sorprender al espectador, sino como el verdadero corazón temático de la pieza: la familia que se elige y se construye día a día frente a la familia de sangre que, aun ausente, sigue determinando preguntas no resueltas sobre la propia identidad. Al situar este conflicto dentro de una comedia de enredo, Bundó logra algo poco frecuente: que el público se ría durante una hora y media y, al mismo tiempo, salga de la sala interpelado por una de las preguntas más serias que puede hacerse una persona sobre su propio origen. La risa, lejos de banalizar el tema, lo vuelve más cercano: permite que cualquier espectador, haya vivido o no una experiencia similar, conecte con la angustia de no saber de dónde se viene sin sentirse abrumado por el peso dramático que ese tema merecería en un registro más solemne.

“Vamos a tener que ir al psicólogo después de esto” confirma la madurez de Joaquim Bundó como guionista de comedia con vocación de fondo dramático: un autor que ha aprendido a usar la risa no como evasión, sino como puerta de entrada a preguntas incómodas sobre la familia, los prejuicios y la identidad. En el Teatre Aquitània, sala que se ha convertido en su laboratorio creativo habitual, Bundó demuestra que el entretenimiento popular y la introspección emocional no son incompatibles: pueden convivir en el mismo giro de guion, en la misma carcajada, en la misma noche de teatro que, como anuncia el propio título, deja al espectador con más preguntas —y quizá más necesidad de terapia— de las que tenía al entrar.

Dialoguemos, debatamos, compartamos.

QUEER AS CINEMA +: 

«Donde cada obra teatral, cuenta una revolución.»

Miquel Claudí-López

Comunicador Audiovisual 

Periodista 

@miquelclaudilopez 

@enlaaceradeenfrente 

@queerascinema

Facebook
Twitter
LinkedIn

Deja un comentario


El periodo de verificación de reCAPTCHA ha caducado. Por favor, recarga la página.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.